Reclamó la Iglesia atacar la inflación y la corrupción

Reclamó la Iglesia atacar la inflación y la corrupción

En el primer pronunciamiento institucional del año electoral, la Iglesia pidió a los candidatospresidenciales que "ofrezcan sus propuestas sin incurrir en agresiones". Y reclamó a lospartidos políticos y sectores sociales que se pongan de acuerdo en "políticas de Estado que se desarrollen más allá de los cambios de gobierno".

Al concluir una reunión de tres días, la comisión permanente del Episcopado, que preside José María Arancedo e integran unos 20 obispos, habló de los "objetivos que deberían ser compartidos por todos". Mencionó expresamente "la superación de la marginación y la pobreza extrema; la disminución de la inflación, que impide el crecimiento y erosiona gravemente los ingresos de los más pobres; el combate contra el narcotráfico y la trata de personas; la transparencia en la administración pública, y la lucha contra toda forma de corrupción".

Los obispos citan en varios tramos del documento -de cuatro carillas y titulado "Las elecciones, exigencia de compromiso ciudadano"- al papa Francisco y, como lo hizo Arancedo en su reciente mensaje de cuaresma, luego de la marcha del 18-F, en homenaje al fiscal Alberto Nisman, señalan que "resulta imprescindible asegurar la independencia del Poder Judicial y la plena vigencia de la división de los poderes republicanos en el seno de la democracia".

Frente al pedido para que los partidos y sectores sociales acuerden políticas de Estado, los obispos transmiten su deseo de que "las legítimas iniciativas que cada nuevo candidato proponga implementar no signifiquen hacer tierra arrasada y abandonar todo lo hecho hasta ese momento".

El documento señala la necesidad de "pensar en el largo plazo y no solamente en el rédito político inmediato" y, como ejemplo de ello, dice que "lo referido al endeudamiento externo necesita de acuerdos para una gestión exitosa y eficaz". Alude, así, a la incertidumbre generada por los reclamos de los acreedores externos de bonos argentinos (de lo que se informa en la página 13).

Junto con Arancedo, presentaron el documento el titular de la Comisión de Pastoral Social y obispo de Gualeguaychú, Jorge Lozano; el secretario general del Episcopado y obispo de Chascomús, Carlos Malfa, y monseñor Enrique Eguía Seguí, obispo auxiliar de Buenos Aires. Los dos primeros participaron especialmente en su redacción.

Es frecuente que, en años electorales, el Episcopado difunda orientaciones destinadas a fortalecer la cultura cívica y reflexionar sobre la trascendencia del acto eleccionario. En 2007, por ejemplo, advirtió sobre la necesidad de evitar prácticas demagógicas, como el clientelismo y la dádiva. Pero esta vez la novedad es que incluye observaciones muy precisas para que los candidatos avancen en acuerdos sobre políticas concretas.

Tras señalar a los candidatos que "se traten con respeto y cordialidad por cuanto no son enemigos", los obispos llamaron a priorizar las políticas para erradicar la desnutrición infantil, la generación de fuentes de trabajo, el respeto de los derechos humanos y la defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural, y el fortalecimiento de una educación inclusiva y de calidad.

Entre los objetivos concretos, consideran esencial que "el acceso al Gobierno no implique la designación o contratación adicional de personal perteneciente a un partido o sector". Al respecto, consideraron "indispensable dotar a la administración pública de un cuerpo profesional y permanente de funcionarios que ingresen y asciendan en atención al mérito y no a las afinidades ideológicas".

"Es importante afirmar y reconocer que hay una diferencia sustantiva entre el Estado y el Gobierno", declararon los obispos. Y señalaron: "El proceso electoral es una preciosa oportunidad para un debate cívico acerca del presente y del futuro que deseamos para la Argentina".

El documento reafirma que "la elección no debe ser el resultado del marketing". Y llama a los ciudadanos a un "ejercicio de elección responsable, donde se evalúe a los candidatos no por su imagen mediática, sino por la honestidad e integridad de las personas, por la capacidad y la idoneidad para la función, por las propuestas y las ideas, y por la voluntad y capacidad de diálogo". Propone, en ese sentido, que la sociedad se fije "metas exigentes, que nos estimulen a crecer en la cultura del diálogo y el encuentro".

El obispo Malfa se refirió a la preocupación de la Iglesia por la inseguridad, y advirtió: "Cuando se habla de este tema, pedimos que nunca se criminalice la pobreza y, mucho menos, la pobreza juvenil".

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