En dos años, la Iglesia ya es otra

En dos años, la Iglesia ya es otra

Por Abraham Skorka 

Aunque hay tareas pendientes, el Papa logró renovar múltiples ámbitos de la vida vaticana, impulsó una gran apertura ideológica dentro de la grey y dio pruebas de su compromiso con la paz en el mundo

Los aniversarios son propicios para analizar lo realizado en el pasado y proyectar el futuro. Es cerrar un ciclo para dar comienzo a uno nuevo concatenando ambos mediante una profunda mirada retrospectiva y proyectando acciones para el futuro.

Francisco fue elegido en un momento dramático en la historia de la Iglesia. Los escándalos, tanto los referentes a temas de moral sexual como monetaria, la acuciaban. Uno de los asistentes más cercanos a Benedicto XVI lo traicionaba, revelando el contenido de sus escritos más íntimos. Las medidas a tomar eran de tal envergadura que el anciano teólogo dejó de lado las terrenales contiendas y dio un histórico paso al costado. Tenía bien claros los conflictos a enfrentar, al tiempo que se veía a sí mismo sin las necesarias fuerzas para encarar las duras luchas que aquéllos reclamaban para su resolución. Fueron las razones que él mismo explicitó en la alocución en la que anunciaba su retiro.

Si bien le quedan muchas aristas por limar, resulta muy clara la senda labrada por Francisco en estos dos primeros años de papado. No deben verse solamente los cambios estructurales que introdujo en los múltiples ámbitos vaticanos, con proyección a toda la Iglesia, sino que también debe prestarse una atención especial a la renovación ideológica que propicia para su grey.

Uno de los factores que nos unieron en amistad con el papa Francisco fue la experiencia religiosa que vivimos en algún momento de nuestras vidas al estudiar comprometida y profundamente los textos de los profetas en el seno de nuestros respectivos ámbitos religiosos. Especialmente aquellos profetas que, a partir de la generación de Isaías, Oseas, Miqueas y Amós, enseñaron que el inicio de la manifestación de la fe en Dios es mediante el respeto al prójimo. Toda sociedad en la que existe quien explota a sus semejantes y explotados sufrientes blasfema y menosprecia al Creador. Toda sociedad en la que la justicia no es una dimensión vital de su realidad erradica la presencia de Dios de su seno. No es posible orar, buscar una sincera presencia de Dios, mientras las manos se hallan manchadas de sangre, es lo que acentuaron en sus enseñanzas los referidos maestros de Israel.

Mis comentarios a sus homilías en los solemnes tedeums en la celebración de las fechas patrias en la Catedral Metropolitana fueron el tema de nuestros primeros diálogos. Su coraje de explicitar las miserias de nuestra sociedad en toda su crudeza en el ámbito en que se honra a Dios, delante de las más altas autoridades gubernamentales, demandando, exigiendo, clamando, al igual que los profetas, que Jesús, nos unió en una sincera amistad. Es que, más allá de toda divergencia teológica, nos acercaba el mismo compromiso hacia el hombre y, a través de él, hacia el Dios que se reveló a los hombres.

Ésta es la quintaesencia de su plan papal, que desarrolló en Evangelii Gaudium. Una Iglesia austera, en la que sus sacerdotes, de todas las jerarquías, son llamados a servir a todos los componentes de la grey -tanto a los justos como a los pecadores-, abierta para todos, no más autorreferencial y sin caer en relativismos superficiales.

La paz en el mundo fue otro de los temas clave en estos primeros dos años de su papado. Es que este punto también es central en la agenda de los nombrados profetas, en los que se halla la clave, junto a los Evangelios, de su predicar y obrar.

La oración interreligiosa por el cese de la violencia en Siria fue una de las primeras manifestaciones de su profundo compromiso con la paz. Supo unir a creyentes de todos los credos en plegaria y mostrar que el manifiesto y decidido compromiso espiritual puede más que las armas.

La primera vez que nos encontramos en el Vaticano, habíamos acordado que un equipo de la televisión israelí me acompañara para grabar un mensaje de paz para Medio Oriente. Es que el mandato del salmista: "Procurad la paz de Jerusalem", es un mandato para ambos. La preocupación por acercar una paz justa entre israelíes y palestinos fue el tema de nuestro primer almuerzo y el comienzo de la peregrinación a Tierra Santa en la agenda de sus proyectos.

Encaró con el coraje de siempre esta visita tan sensible. Se detuvo en oración delante del muro que separa a Israel de Palestina, al igual que delante del monumento que recuerda a las víctimas del terrorismo en Yad VaShem. Rezó en ambos lados por la paz. Para que la confianza reine entre ambos pueblos y no sean necesarios más muros protectores de la ciega e irracional violencia asesina. Fue el primer pontífice en visitar un campamento de refugiados palestinos, del mismo modo que fue el primero en colocar una ofrenda floral y honrar la memoria de Teodoro Herzl, el fundador del sionismo como movimiento político organizado. La comprensión de las partes en conflicto, su acercamiento y la formación de puentes de entendimiento entre ellas fueron las constantes de su labor en los conflictos que abordó.

Varios temas candentes aguardan sus respuestas. Por una parte, el fanatismo religioso. La presencia de ISIS, junto a la de otros regímenes que sustentan ideas fundamentalistas que diseminan destrucción, muerte y locura, demanda una contundente respuesta por parte de Francisco. Las comunidades cristianas de Oriente y de África están siendo diezmadas. Sus mártires se multiplican día tras día, junto a los de otros pueblos y comunidades, en medio de una realidad asiduamente indiferente. La voz de Francisco ya se alzó con palabras condenatorias en varias oportunidades, pero la cruel persistencia de este maligno fenómeno reclama acciones de repudio capaces de despertar a los fanáticos de sus desquiciadas pesadillas.

Francisco le ha dado un impulso superlativo al diálogo con el Islam, elemento sustancial para la solución de conflictos que, teniendo como epicentro el medio y lejano oriente, se proyectan sobre el resto del mundo.

Otro gran tema que ha de hallarse en su agenda es América latina, uno de los bastiones del catolicismo, con múltiples y complejos problemas sociales. La drogadicción, la inequidad social, la carencia de liderazgos fieles a sus liderados, con ansia de servir y no de servirse del poder, son algunos de los aspectos que caracterizan a nuestra región. El rol social de la Iglesia y su mensaje al liderazgo político es parte fundamental de Evangelii Gaudium, antecedido por el documento de Aparecida y otros en los que Bergoglio proyectó su visión.

Un análisis especial merece su relación con la Argentina. Es lógico esperar que la influencia espiritual de Bergoglio marque una impronta en sus compatriotas, ya que su figura engalana a nuestro pueblo, en cuyo seno se educó y formó quien hoy es el primer papa americano de la Historia.

Se escucha frecuentemente acerca de todo aquello que se espera que el Papa realice por sus compatriotas. Cabe formular la pregunta: ¿qué está haciendo su pueblo para enaltecer su gestión?

El saludo de despedida de Francisco es, desde hace muchos años: "Recen por mí". Esta expresión suele generar en quienes la reciben o saben acerca de ella un sentimiento dual. Por un lado, se sienten halagados de que alguien tan importante los considere dignos de hacer una acción espiritual por él. Por otra parte, aprecian su humildad. Bergoglio fue y sigue siendo un buen docente, en última instancia sólo pretende con esta frase incentivar en su prójimo una sincera búsqueda de Dios. Pero aquellos que lo aprecian con afecto lo tienen siempre bien presente en sus rezos.

El autor es rector del Seminario Rabínico Latinoamericano M. T. Meyer y Rabino de la Comunidad Benei Tikva.

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