Los dos Papas: el día que Fernando Meirelles absolvió a Jorge Bergoglio

Los dos Papas: el día que Fernando Meirelles absolvió a Jorge Bergoglio

La película, “basada en hechos reales” según su director, carga sobre el papa Francisco una culpa imaginaria, fruto de las versiones difamatorias que buscaron infructuosamente obturar su llegada al papado

La “historia me absolverá”, dijo Fidel Castro ante sus jueces en octubre de 1953. Setenta años después, en la era audiovisual en que vivimos, bien podría parafrasearse como: “Netflix me absolverá”.

Una producción de gran calidad artística

(Alerta spoiler) Confieso que la primera vez que vi Los dos Papas, me resultó una película muy agradable. Imposible negarse a la atracción de una producción artística de semejante calidad. El duelo de actuación de Anthony Hopkins (Benedicto XVI) y Jonathan Pryce (cardenal Jorge Bergoglio y Francisco) seguramente hará historia en el cine.

Sin duda su director, el brasileño Fernando Meirelles, simpatiza mucho con las ideas y la personalidad de nuestro Papa Francisco y lo hace saber. La imagen de un cardenal Bergoglio canchero, tanguero y futbolero, que dialoga sin perder la sonrisa con respuestas rápidas al borde de la ironía, nos gana el corazón argentino desde el primer instante.

Para quienes no la vieron, la película reproduce un diálogo imaginario (en un encuentro que no existió en la circunstancia y momento que palntea el guión) entre el Papa Benedicto, que se quiere retirar, y Jorge Bergoglio que le lleva su renuncia como cardenal.

Entre los hechos reales y la ficción

La historia novelada es muy atractiva y fácil de digerir. A diferencia de los libros de historia plagados de citas, referencias y extensas explicaciones, la novela cinematográfica presenta historias simples que no requieren gran esfuerzo de comprensión del espectador. Historias de buenos y malos; o de malos que se vuelven buenos y viceversa, todo simplificado para la teleaudiencia. Pero cuando al inicio de Los dos Papas se aclara “inspirada en hechos reales”, a quienes nos dedicamos a la investigación histórica nos asiste el derecho de confrontar el guión con la realidad. Sólo voy a referirme al rol de Jorge Bergoglio durante la dictadura militar, tema que investigué y plasmé en mi libro Salvados por Francisco.

La supuesta culpa que le impedía ser Papa

El guionista neozelandés Anthony MacCarten seguramente buscó información en los medios argentinos sobre el pasado de Jorge Bergoglio y recogió la versión repetida hasta el cansancio por un periódico local. Entonces compuso a un Bergoglio con pensamientos de derecha, que hace “desaparecer” los libros marxistas de las bibliotecas jesuitas, amigo del almirante Emilio Massera, al que le gusta “tomar el té en el palacio de los dictadores”, que desprotege a sus amigos Orlando Yorio y Francisco Jalics y los deja a merced de la represión. Pero que a la vez trata de proteger a los demás jesuitas, esconde sindicalistas en el Colegio Máximo e incluso ayuda a algún prófugo a cruzar la frontera.

Jorge Bergoglio, en una imagen de archivo "AFP PHOTO/HO/Bergoglio Family"

Esta culpa por su pasado es lo que según el guión impide al cardenal Bergoglio aceptar la propuesta que le hace Benedicto de ser el nuevo Papa. En el minuto 69, el Bergoglio que hasta allí era “el bueno”, caracterizado por nuestro connacional Juan Minujin, se transforma en no tan bueno. Pero la mirada misericordiosa de MacCarten le permite a Bergoglio redimirse y cambiar. Entonces comienza a recorrer las villas para hacer “la tarea que le negó a Yorio y Jalics, y cada avance que lograba era como una pequeña penitencia”. Con ojos llenos de lágrimas, Bergoglio le dice a Benedicto: “¿Se da cuenta?, por todo esto yo no puedo ser Papa...”. Entonces Benedicto -que hasta allí no se mostraba muy bueno- se pone de pie y dice: “Si me permite hijo mío, Vd debe creer en la misericordia que predica” y realizando la señal de la cruz sobre Bergoglio pronuncia la fórmula: “Ego de absolvo…”

Por suerte, Meirelles y su guionista nos devuelven la tranquilidad de espectador, y Bergoglio deja atrás ese pasado de “medio malo” y vuelve a ser “el bueno” que hace falta a toda película para que termine bien. Luego Bergoglio absuelve a Benedicto de algunos pecados relativos a la protección del pederasta Marcial Maciel y hasta intenta enseñarle algunos pasos de tango. Bergoglio es elegido Papa, rechaza usar los zapatos rojos y la capa del mismo tono y todos aplaudimos este final feliz.

Bergoglio protegió a mucho más gente que quienes lo critican

En Salvados por Francisco documenté veinticinco casos de personas a las que Bergoglio protegió, escondió y/o ayudó a salir del país, poniendo en riesgo su propia vida. Si de algo se lo puede acusar es de haber sido poco prudente y haber actuado con exceso de temeridad poniéndose en riesgo él y a las personas que lo rodeaban. Uno de esos casos es el del joven con el cual tenía cierto parecido físico, a quien viste de sacerdote y le da su DNI para cruzar a Brasil.

Alfredo Somoza -residente en Milan- recuerda: “Bergoglio me ayudó en 1978 a llegar a Brasil, donde me esperaban los jesuitas que me protegieron hasta que pude embarcarme hacia Europa y no fui el único pasajero que huyó en aquel viaje. Por muchos años, los que vivimos esa experiencia decidimos mantenernos en silencio. Fue un pacto que no hubo necesidad de firmar. Nos fue imposible seguir callando ese secreto cuando, apenas elegido Papa, algunos medios deslizaron la hipótesis de que Francisco había sido un colaborador de la dictadura.”

Acompaño esta nota con el video-testimonio de Gonzalo Mosca, miembro del Grupo de Acción Unificadora (GAU), una organización de izquierda uruguaya. A fines de 1977, un vínculo casual con Montoneros convirtió al GAU en objetivo de la represión en ambas orillas. Gonzalo estaba en Buenos Aires donde fueron a buscarlo y quien le salvó la vida fue Jorge Bergoglio. De su relato se desprende el conocimiento y experiencia que Bergoglio había acumulado en materia de organizar fugas; el joven sacerdote actuaba con todas las normas de seguridad que utilizaban los militantes de las organizaciones revolucionarias, lo que indica que no era la primera vez que organizaba estos escapes.

Nunca sabremos a cuántos ayudó. “Si aquellos a quienes ayudé no lo dicen, yo no voy a revelar nada”, dijo Bergoglio al respecto. Eso dificulta la búsqueda de testimonios, porque muchos están dispersos por el mundo, otros han fallecido y otros prefieren olvidar.

Otras inexactitudes del guión

La película tiene algunas inexactitudes ex-profeso para darle forma al relato y otras que pueden deberse a falta de información y/o desconocimiento del contexto histórico.

La primera es que muestran a Bergoglio como provincial de los jesuitas de 1976 a 1983, inicio y fin de la dictadura. Lo real es que lo fue de julio de 1973 hasta diciembre de 1979. Luego cumplirá otras funciones y recién en 1990 es trasladado a Córdoba, en una suerte de exilio interno.

Respecto a la escena de un Bergoglio (Minujin) con cara de “pollito mojado” presentado a Massera por un oficial que sugiere “este es de los nuestros”, no existe ninguna evidencia de semejante reunión y trato. Bergoglio fue a ver a Massera para reclamarle por la libertad de Yorio y Jalics, dos jesuitas secuestrados.

Tampoco hay constancia de que Bergoglio haya hecho “desaparecer los libros marxistas de las bibliotecas jesuitas”, frase que lo pone en el lugar de un censor. Claro que no compartía el pensamiento marxista, pero las bibliotecas jesuitas tenían y tienen literatura de todos los orígenes.

Sí fue muy común en aquellos años que militantes y/o intelectuales hicieran desaparecer libros y otros papeles “sospechosos” ante la posibilidad de un allanamiento por fuerzas militares.

Ese fue el caso de Esther Ballestrino de Careaga que llamó a Jorge Bergoglio con una excusa “y al llegar a la casa me enteré del verdadero motivo –diría él más tarde-: su hija Ana María había sido secuestrada y quería que me llevase unos libros y otros materiales y los escondiera". Ana María fue liberada y puesta a salvo en Suecia por Esther, quien regresó al país. El 8 de diciembre de 1977 fue secuestrada a su vez, junto a otras madres, a la salida de la Iglesia de Santa Cruz.

Esther Ballestrino de Careaga, una mujer que influyó mucho en la vida de Bergoglio y que fue secuestrada por la dictadura

La escena en la cual Bergoglio está sacando los libros de la casa de Esther lo muestra casi como un cómplice de los marinos, al decirle “te están vigilando”, señalarle la foto de Alfredo Astiz e indicarle que es un marino infiltrado. Es más que inverosímil que Bergoglio supiera quien era Astiz cuya identidad fue revelada mucho después, en 1980.

La Comunidad Barrio Rivadavia de Yorio y Jalics

En el clima contestatario de los años setenta, algunos jesuitas salieron de los monasterios y crearon pequeñas comunidades como un experimento de vida no jerárquica .El resultado fue que muchos de ellos retornaron al estado laical. En 1974, llegó la orden del general de los jesuitas, Pedro Arrupe, de cesar todas las comunidades. De las ocho existentes, la más reacia al cierre fue la de Yorio y Jalics, quienes elevaron una apelación a Roma. La ratificación del cierre llegó recién en febrero de 1976, un mes antes del golpe de Estado. Los sacerdotes optaron por irse de la Compañía. El cardenal Aramburu les quitó la facultad de oficiar misa. Pero Jorge Bergoglio intercedió y se la repuso.

Orlando Yorio, uno de los jesuitas secuestrados en 1976

Lo que no muestra la película es que las desinteligencias de Yorio y Jalics con el provincial Bergoglio venían desde mucho antes del golpe de Estado. Desinteligencias, quizás agudizadas por la circunstancia de que Bergoglio era un joven de 36 años, de quien ellos habían sido profesores, y que les imponía una orden con la que no estaban de acuerdo.

Pero, como veremos a continuación, las verdaderas causas de su secuestro fueron otras.

La represión al grupo Cristianos para la Liberación

La represión clandestina de la dictadura militar, estuvo dirigida principalmente contra las organizaciones armadas ERP y Montoneros, siguiendo el método de captura-tortura-información-nueva captura. Comenzaban secuestrando a los militantes de los llamados frentes de superficie -UES, JUP, JP, JTP, etc.- la sección política de las organizaciones, la mayoría de ellos sin militancia armada, pero con un jefe cuya captura permitía llegar a cuadros de mayor nivel.

En 1975, Montoneros creó un nuevo frente de trabajo para los sectores de iglesia, llamado Cristianos para la Liberación.

Francisco Jalics

En la Parroquia Santa María Madre del Pueblo del Bajo Flores, Yorio y Jalics trabajaban con un grupo de catequistas que pertenecían a Cristianos para la Liberación. El 14 de mayo de 1976 fueron secuestrados siete jóvenes catequistas, entre ellos la ex-monja Mónica Quinteiro, la responsable de mayor nivel dentro del grupo. Diez días después son secuestrados los padres Yorio y Jalics. Primero fueron llevados a la ESMA y luego a una quinta de la marina. Tras mantenerlos en una suerte de limbo, fueron liberados el 23 de octubre. Los siete catequistas de la parroquia Santa María fueron torturados y luego asesinados. Entre marzo y octubre fueron secuestrados aproximadamente cuarenta militantes de Cristianos para la Liberación; sólo sobrevivieron los jesuitas Yorio y Jalics.

El 20 de marzo de 2013, el padre Francisco Jalics declaró: “Orlando Yorio y yo fuimos detenidos debido a una catequista, quien primero trabajó con nosotros y más tarde se unió a la guerrilla. Nada tuvo que ver el padre Bergoglio.”

Durante el cautiverio de los jesuitas, Jorge Bergoglio, vía las autoridades de la Iglesia, llegó a hablar dos veces con Massera -la segunda en términos muy fuertes- y dos veces con Videla. En el caso de Videla, se enteró de que el dictador estaba en Campo de Mayo y entonces “hizo enfermar” al sacerdote que iba a dar misa, para sustituirlo y poner reclamarle por Yorio y Jalics. Finalmente ambos jesuitas fueron liberados.

 PlayLas hijas de Esther Ballestrino de Careaga hablan con la prensa luego de reunirse con el papa Francisco en Paraguay

 

Queda claro que en el secuestro nada tuvieron que ver los conflictos y las diferencias de opinión que estos sacerdotes mantenían con su provincial. Lamentablemente cayeron dentro de un engranaje represivo que no reparaba en costos para obtener información. No les interesaba si podían dar misa o no. La ESMA quería capturar y asesinar al núcleo de Montoneros. Y si para llegar a un jefe tenían que matar a treinta, lo hacían. En el caso del grupo Cristianos para la Liberación, la mayoría eran jóvenes que nunca habían tocado un arma, sin embargo fueron torturados, asesinados y sus cuerpos desaparecidos.

Esto la película no lo deja en claro. Y carga sobre Jorge Bergoglio una suerte de pecado que nunca cometió y cuya absolución era y es absolutamente innecesaria.

Aldo Duzdevich es autor de “Salvados por Francisco” y “La Lealtad-Los montoneros que se quedaron con Perón”

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