En la misa crismal, el arzobispo de Mendoza destacó la misión de los ungidos en un mundo herido y pidió compromiso con los más vulnerables y el cuidado de la casa común.
Monseñor Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza, presidió la misa crismal en la parroquia Nuestra Señora de los Dolores. La Eucaristía fue concelebrada por el vicario diocesano, presbítero Mauricio Haddad, y los decanos de los siete decanatos de esta jurisdicción eclesiástica.
En su homilía, titulada "Ungidos para servir", el prelado subrayó el sentido profundo de esta celebración, en la que la Iglesia bendice los santos óleos -de los catecúmenos, de los enfermos y el Santo Crisma- como signo de la acción del Espíritu Santo en el pueblo de Dios.

"El aceite es símbolo del Espíritu Santo y nos recuerda a Cristo, el Ungido", expresó, citando a Benedicto XVI, y añadió que todos los cristianos participan de esa unción, llamados a ser portadores de esperanza en medio de un mundo "fragmentado y herido".
El arzobispo mendocino recordó que Cristo, el Ungido, es el Crucificado que resucita y que, en Él, los fieles están llamados a reflejar signos de alegría y vida nueva. Y retomó enseñanzas del Concilio Vaticano II para destacar que la Iglesia es "signo e instrumento de la unión con Dios y de la unidad de todo el género humano", animada por el Espíritu Santo.
Renovación de promesas sacerdotales
Durante la celebración, los sacerdotes renovaron sus promesas de fidelidad, en un gesto que, afirmó monseñor Colombo, reafirma su compromiso de servicio al pueblo de Dios. También invitó a rezar por los presbíteros, llamados a anunciar la Buena Noticia en parroquias, comunidades, colegios y diversos ámbitos pastorales.

Asimismo, pidió por la fecundidad del diaconado, destacando el testimonio de los diáconos en la sociedad, sus familias y las comunidades, donde ofrecen un servicio enriquecido por su experiencia y vocación.
En otro tramo de su mensaje, el arzobispo puso de relieve la dimensión misionera de la Iglesia mendocina, al compartir testimonios de evangelización en Angola y en la Amazonía. Allí, destacó la entrega de religiosas y laicos que anuncian el Evangelio en contextos de primera evangelización, muchas veces en situaciones de gran precariedad, en las que la Iglesia es una presencia clave en educación, salud y acompañamiento espiritual.
Problemáticas que requieren atención
Al acercarse el triduo pascual, monseñor Colombo afirmó que la Iglesia está llamada a vivir una fe comprometida con la realidad, heredera del amor crucificado de Cristo y abierta a la profecía y la entrega que generan vida.
Finalmente, se refirió a diversas problemáticas actuales que requieren atención, como la situación de las personas con discapacidad y el debate sobre la reforma de la Ley de Glaciares, subrayando la necesidad de cuidar el agua como bien esencial. También valoró el camino pastoral de la arquidiócesis, que busca promover la dignidad humana y una mayor inclusión social.
El arzobispo concluyó deseando a los fieles un santo triduo pascual, alentándolos a renovar la esperanza en el amor de Cristo que "no defrauda".


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