"Justicia fallida", dice el diario del Vaticano sobre la causa AMIA

L´Osservatore Romano publicó una entrevista a Segio Burstein, dirigente de la Asociación 18J Sobrevivientes, Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado a la AMIA.

Con el título "Justicia fallida", L´Osservatore Romano publicó una entrevista a Segio Burstein, dirigente de la Asociación 18J Sobrevivientes, Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado a la AMIA, en la que reafirma el pedido de justicia por el atentado a la mutual judía y por la muerte del fiscal Nisman.

"Veintiún años sin luz y una verdad que día tras día parece alejarse cada día más. Veintiún años de polémicas, cambios imprevistos, acusaciones de desvíos de investigaciones." Así comienza la nota del diario oficial del Vaticano a Burstein, responsable de la organización que reúne a los familiares de las 85 víctimas y los 300 heridos del brutal atentado a la sede de la AMIA el 18 de julio de 1994.

En el reportaje, Burstein reconoce que es difícil hablar, y no es solo por la conmoción del recuerdo, sino que es el peso de veinte años buscando la verdad del atentado que se llevó la vida de su mujer y madre de sus dos hijos. "Tengo que entender, es mi deber", sentencia Burstein, quien cuenta con el apoyo del papa Francisco.

Al recibir el 5 de julio del 2013 a un grupo de familiares de AMIA acompañados de Alicia Oliveira y el ahora embajador ante la Santa Sede Eduardo Valdés, Francisco les pidió que cuenten con él en el camino de buscar la verdad porque solo así llegarían a la justicia y a encontrar la paz que buscaban. 

"El Santo Padre ha tocado en lo profundo nuestro corazón cansado", afirma Burstein, y agrega: "Francisco ha llevado alivio y consuelo a nuestras almas heridas. Para nosotros, judíos argentinos, ha sido una experiencia espiritual realmente única". Y concluye la entrevista haciendo suyas las palabras que en estos días le repitió el Santo Padre: "Dejen que se haga justicia".

FALTA DE JUSTICIA

Después de veintiún años el atentado de Buenos Aires  todavía sigue impune

Por Silvina Pérez

Veintiún años sin luz y una verdad que parece alejarse cada día más. Veintiún años de polémicas, vueltas, acusaciones de despistaje.  Cual fue el móvil? Quienes son los asesinos? Hay pocos puntos  firmes, ningún condenado, muchas dudas y muchas  lagunas.  Esta historia empieza en 1994. A las 10 horas del 18 de julio una camioneta llena de explosivo destruye la sede de la Asociación Mutual  Israelita Argentina  (Amia) en Buenos Aires. La explosión se lleva 85 vidas. Entre ellas la de Rita Worona , esposa de Sergio Burstein y mamá  de Romina y Mariano.

Burstein, el responsable de la organización que reúne los familiares de las 85 víctimas y los 300 heridos, es la memoria histórica de un acontecimiento gravísimo, todavía irresuelto, que afecta de manera profunda al País. Se trata del mayor acto terrorista de la historia en territorio argentino.  Un entero edificio que ocupaba una cuadra en el centro de la capital fue tirado abajo por un potentísimo explosivo de uso militar. Imágenes a las que los argentinos no estaban acostumbrados. Pesa hablar de este argumento y no sólo para la conmoción que provoca su recuerdo. Es la carga de veinte años transcurridos en búsqueda la verdad. «Tengo que entender lo que ha pasado, es mi deber”  Es esto que realmente lo agota.   El pasado 18 de enero, la sensación de que la justicia se haya faltado una vez más se hizo aun más fuerte cuando Alberto Nisman, el fiscal que llevaba la investigación sobre el ataque, fue encontrado muerto en su departamento. Justamente aquel día el fiscal tenía que presentar al Parlamento argentino su informe en el que denunciaba un plan delictuoso y deliberado para dejar impunes a los acusados del ataque terrorista. En su denuncia el fiscal sostenía que el mencionado plan había sido organizado por altos cargos del Estado en colaboración con terceros. Una historia de tintes oscuros a la que la muerte del fiscal añade un nuevo inquietante elemento y cuyos detalles parecen postergar ulteriormente su solución.

 Como podemos reconciliarnos con la vida después del horror? El perdón y la búsqueda de justicia pueden proceder al mismo paso?

En la religión judía existe el concepto de perdón y constituye un valor. Sin embargo, según este concepto los que pueden perdonar no son los familiares, sino la víctima. De allí el valor de la vida humana. Matar a un hombre significa perder a quien te puede perdonar.

Nunca tuvo miedo?

«Soy fatalista, todo pasa porque tiene que pasar. Quizás, tal vez soy también inconsciente.  Sin embargo sigo adelante. Cierto, el clima que se ha respirado en los días posteriores a la muerte del fiscal general Alberto Nisman ha sido realmente muy pesado. Seguramente muchas personas que manifestaron espontáneamente están preocupadas por la justicia y tampoco les interesa conocer la verdad sobre la AMIA o sobre quienes hayan matado al fiscal Nisman. Se vive una atmosfera  de enfrentamiento social que pasa a través de los medios y que es realmente preocupante. Por otro lado, no cabe duda de que la falta de verdad suscita una profunda desconfianza y termina por dañar el tejido social argentino. Lo único que es cierto es que se necesita una investigación cristalina y eficaz sobre los hechos de 1994 y sobre la muerte de Nisman. Hace unos días leí un llamado lanzado por varias personalidades israelí, publicado por el diario Haaretz,  en el que se alienta a la comunidad judía argentina a exigir la verdad  sobre AMIA y sobre Nisman, sin dejarse desviar por otras finalidades. Esta es nuestra línea.

Por qué no se quiere la verdad?

Vinculaciones. Probablemente están implicados personajes importantes que también hoy logran precipitar la sociedad en la angustia como en los años más oscuros de nuestro País. En estas horas reconstrucciones muy confiables pintan un cuadro de servicios de inteligencia paralelos. Nosotros los familiares de las víctimas tenemos el deber de buscar verdad y justicia. No podemos improvisarnos analistas o construir teorías al respecto.

Después de veinte años mantiene todavía esperanza? 

Mire, por toda una década (de 1994 en adelante)  las investigaciones fueron llevadas a cabo de manera vergonzosa con despistajes escandalosos que no llevaron a ningún lado. Aquellas investigaciones no terminaron en una sentencia, ni con la captura de culpables. Fueron años perdidos. Hoy el desafío es lo de superar la sombra de impunidad que daña la salud de nuestro sistema democrático. Por ello pedimos a la Procuradora General Alejandra Gils Carbó de “garantizar la continuidad en el pool de fiscales de la AMIA creado en 2004 y dejado entonces a cargo de Nisman. La falta de verdad suscita una profunda desconfianza. La muerte de un fiscal es un golpe a uno de los poderes del Estado y por lo tanto hace falta aclarar la circunstancia de su muerte. Por ello pedimos al nuevo equipo de fiscales que retomen esta historia y de volver a emprender los caminos que no han sido contaminados para hacer luz después de dos décadas tanto sobre los acontecimientos que se verificaron en la sede de la AMIA como en la investigación sobre la muerte de Nisman con el cual colaboramos  por años, aunque no estamos de acuerdo con las acusaciones contenidas en su último informe. Cuesta mucho emprender el camino de la justicia, pero tenemos que pensar en nuestro país, en nuestros hijos. La verdad es el pilar más sólido de la democracia.

El años pasados se encontraron con el papa Francisco, qué les ha quedado de aquel encuentro?

El Santo Padre ha tocado en el profundo nuestro corazón cansado. En estos días difíciles he pensado mucho en nuestro encuentro. El es Buenos Aires. Conoce la psicología de los habitantes de esta ciudad mejor de cualquier otra persona. Y dijo “Buenos Aires es una ciudad que necesita llorar porque todavía no había llorado bastante”. Es la verdad, tenemos la memoria breve y olvidamos las cosas con demasiada prisa. Nuestro encuentro ha sido un momento maravilloso, sencillo y denso de contenido. Francisco ha llevado alivio y consuelo a nuestras almas heridas. Para nosotros judíos argentinos ha sido una experiencia espiritual realmente única. Nos pasa a menudo de sentirnos pequeños, aislados con las nuestras heridas y nuestros problemas que son más grandes que nosotros mismos. Él con su cercanía y con su oración por todas las víctimas, nos ha donado la serenidad que tanto nos hace falta. Egoísticamente diría que necesitamos volver a verlo para compartir con él el malestar de estos días y para encontrar en sus palabras la tranquilidad que necesitamos para seguir adelante con nuestra lucha. En dicha ocasión el Papa nos expresó su deseo de justicia e yo hago mías las palabras expresadas entonces por el Santo Padre: “Dejen que se haga justicia”.

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