Sánchez Sorondo: "En el Gobierno ahora son todos amigos del Papa"

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Más que de renovación o revolución, el arzobispo argentino Marcelo Sánchez Sorondo, que desde hace 43 años está en el Vaticano, prefiere hablar de restauración para definir los cambios que impulsa el pontificado de Francisco.

No le teme a la concepción conservadora del término, porque dice que "eso es lo que el crucifijo le dijo a San Francisco de Asís: ve y restaura mi Iglesia". Y agrega que "significa volver al origen de la Iglesia, a las raíces del Evangelio, para aplicarlo de modo literal, sin interpretaciones".

Sánchez Sorondo afirma que el Papa se "sorprendió" con el comportamiento de la bulliciosa delegación de La Cámpora que acompañó a Cristina Kirchner en su última visita al Vaticano, y que llama también la atención el cambio de actitud del kirchnerismo respecto de Francisco. "Lo más curioso es que en el Gobierno ahora son todos amigos de él", sostuvo en una entrevista con LA NACION.

Nombrado en 1998 por Juan Pablo II canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias, creada en 1603 y de la que formaron parte Galileo Galilei y 35 premios Nobel, Sánchez Sorondo llegó el viernes a la Argentina, el mismo día en que el Papa reveló que en sus primeros dos años de pontificado se sintió usado por los políticos argentinos. "La relación con los gobiernos siempre es muy complicada. El pueblo polaco fue muy solidario con Juan Pablo II, incluso el gobierno comunista de entonces. Los alemanes fueron muy fríos con Benedicto XVI. Los argentinos, con Francisco, somos muy desordenados e individualistas, y hasta un poco aprovechadores", precisó.

Basó esa reflexión, entre otros ejemplos, en el comportamiento que mostró la bulliciosa delegación que acompañó a Cristina Kirchner en su última visita a Francisco, dominada por La Cámpora, lo que sorprendió al Papa. "Tanto lo sorprendió que después le confió a uno de sus colaboradores: En la Curia romana dicen que soy un poco desordenado; pero fíjense cómo es mi pueblo", reveló Sánchez Sorondo a la nacion.

"Francisco no quiere interferir en el país, sabiendo especialmente que hay un proceso electoral. A él lo tironearon bastante. Lo más curioso es que en el Gobierno ahora son todos amigos de él. Tiene que preservarse, aunque es imposible que no tenga influencia", comentó el arzobispo, al señalar la necesidad de marcar distancias con el poder político.

A pesar de que ese viernes, invitado por el embajador argentino ante la Santa Sede, Eduardo Valdés, participó de un debate en la Biblioteca Nacional, junto con el sociólogo kirchnerista Horacio González, el teólogo brasileño Leonardo Boff y el pensador italiano Gianni Vattimo. Sánchez Sorondo habló del Papa, en un ámbito en el que, en buena parte de los últimos años, predominó una mirada crítica a la Iglesia. Se dio tiempo, también, para visitar la basílica de la Piedad, donde descansan los restos de su antepasada María Antonia Paz y Figueroa, en proceso de beatificación.

La otra razón de su viaje a la Argentina fue afianzar la marcha del programa Scholas Occurientes, que Francisco le encomendó acompañar como uno de los planes prioritarios de la academia pontificia, en el área de las ciencias sociales.

¿Por qué una academia pontificia tiene que ocuparse de un programa educativo?

-Francisco nos pidió que nos dedicáramos a los temas de la sociedad que nadie quiere tratar, como la educación y también las nuevas formas de esclavitud. Si una academia de ciencias sociales no puede ocuparse de eso, ¿quién lo hará? Cuando se habla de la trata de personas, la venta de órganos, el trabajo forzado, la prostitución y tantos dramas sociales, todos miran para otro lado. Incluso, a veces en Europa tratan de encasillarlo como un problema latinoamericano. Como si allá no existiera esa realidad. El problema es que no se quiere ver.

¿Cuál es la finalidad de Scholas?

-El pacto educativo en Occidente está roto y hay que recomponerlo, restaurarlo, es un vaso que se rompió. A los chicos hay que darles educación y esa renovación tiene que salir de las profundidades del pueblo.

¿Cómo evalúa los dos años de pontificado de Francisco?

-Esperamos muchísimas cosas de Francisco, pero con lo que hizo hasta ahora su pontificado ya se justifica. Está volviendo al centro del Evangelio, al mensaje literal. Y su programa de gobierno, plasmado en su exhortación Evangelii Gaudium, es el mismo que Jesús desarrolló en sólo tres años de acción pública: las bienaventuranzas: Felices los pobres, los que sufren, los que lloran, los que tienen corazón puro, los que operan la paz, en un mundo que hoy nos dice lo contrario: felices los que tienen plata, los que la pasan bien, los que se olvidan de la Justicia.

¿No le preocupa que se pueda hacer otra interpretación cuando habla de restauración?

-De ninguna manera. A San Francisco de Asís le encomiendan restaurar la Iglesia, reedificarla no sólo físicamente sino también de modo espiritual. No se trata de restaurar formalidades, sino de volver al origen, a las raíces del Evangelio, ocuparnos de la pobreza y de volver a poner a la Iglesia en contacto con el pueblo. Es lo que quiere ahora Francisco. Por eso habla de pastores con olor a oveja. Hoy al Papa se lo encuentra en el ascensor, en los pasillos. Le dijo no a los Mercedes-Benz y eligió el auto más sencillo, un Focus. Como buen jesuita, manda signos. La pobreza, el bien común, la justicia, no son valores exclusivamente cristianos, son para el mundo. Francisco se ha ganado al pueblo de Dios y al pueblo que no es de Dios..

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