La primera vez que el joven keniano Victor Karol Maingi cruzó el umbral de la Basílica de San Pedro sintió un escalofrío recorrerle la espalda. “Fue algo mágico, por decirlo de algún modo. No puedo describirlo con palabras”, confiesa en una entrevista concedida tras participar en la Misa celebrada por el Papa el Domingo de Ramos en Roma.
Por Victoria Cardiel.
“El tamaño, el suelo de mosaico, las pinturas… Todo era solemne y algo se movió dentro de mí. Es una experiencia que me llevaré a casa y con la que viviré el resto de mi vida”, añade este estudiante de Derecho en la Universidad de Strathmore (Kenia).
Victor Karol Maingi estudia Derecho en la Universidad de Strathmore (Kenia). Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News
Maingi es uno de los 2.500 jóvenes que participan este año en el Congreso UNIV: un crisol espiritual que reúne cada año en Roma a universitarios de todo el mundo para vivir la Semana Santa cerca del Papa. León XIV les dedicó a todos ellos un cariñoso saludo tras la Audiencia General de este miércoles.
Como Maingi, también Nathan Ithöndeka —compatriota suyo— vive estos días una experiencia inédita: es la primera vez que sale de su país. “Pude rezar por mi familia, por mis intenciones y por todos los que me habían enviado ante la tumba de San Pedro. Fue una experiencia preciosa y algo que me llevaré conmigo”.
Para Nathan, que estudia Economía financiera en la Universidad de Strathmore, en Kenia, el UNIV ha supuesto además el descubrimiento de la riqueza que da la universalidad de la Iglesia: “He conocido gente de Brasil, de Bélgica, de Finlandia… Me encanta que haya tantas culturas aquí. Me siento muy bendecido de formar parte de esto”.
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Muy distinta es la experiencia de Piotr Michalowski, polaco residente en Finlandia, donde estudió Biología, cuya presencia en Roma con el UNIV está marcada por el recuerdo del sufrimiento. Hace apenas un año vivió la Semana Santa postrado en una cama de hospital. “Tuve problemas muy serios con una enfermedad que me hizo perder mucho peso. Parecía un prisionero de Auschwitz”, relata con crudeza.
Sin embargo, aquel tiempo no estuvo exento de sentido espiritual: “Fue un momento muy especial para mí. Intentaba vivir mi propio vía crucis allí”. La imposibilidad de participar en las celebraciones acentuó la dureza de la experiencia: “Solo pude asistir a la Misa de Pascua, porque el sacerdote vino a darme la comunión. Por lo demás, fue una Pascua muy seca”.
Piotr Michalowski es polaco pero reside en Finlandia donde estudió Biología. Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News
Hoy, ya recuperado, su regreso a Roma adquiere un significado renovado: “Cuando salí del hospital, tenía un gran deseo de participar en las celebraciones. Por eso estoy aquí”. Y añade: “Este año es como volver a la vida… volver a la Semana Santa”, relata al constatar que su vivencia de la enfermedad también estuvo atravesada por la muerte del Papa Francisco.
Maingi, Ithöndeka y Michalowski vivirán un UNIV donde la necesidad de tender puentes en sociedades cada vez más polarizadas será una de las prioridades.
Esta edición se celebra bajo el lema “Construir puentes: el arte del diálogo”, con sesiones académicas, celebradas en la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, que reunirán a expertos de diversas disciplinas, como la neurocientífica cognitiva Hope Kean, el director de Inter-Cultur Santiago Martínez, el cofundador de Catholic Voices Jack Valero, la creadora del pódcast Crash Course Catholicism Caitlin West y la profesora Juana Acosta, especialista en litigio estratégico en derechos humanos.
El UNIV es, ante todo, una experiencia de fe compartida. Así lo explica el joven mexicano, Santiago González, estudiante de intercambio en Helsinki: “Ver miles de católicos, ver al Papa, emocionarnos juntos… sientes una unión de la Iglesia arrolladora. Es muy impresionante”.
En su paso por Roma, en el contexto del UNIV, resuena también una llamada clara: la invitación a poner a Cristo en el centro de la vida y a rezar por la paz. “Es muy claro: hay que rezar mucho por la paz. A veces no podemos hacer mucho más, pero rezar siempre es lo mejor que podemos hacer”, afirma.
Esa convicción se traduce en una decisión concreta: “No rezo cuando tengo tiempo: hago tiempo para rezar. Salgo antes de casa, rezo de camino… mi prioridad es la oración”.
Su México natal, describe, es un país muy católico. Sin embargo, ha sido en Finlandia, donde ha encontrado un verdadero asidero espiritual: “El catolicismo está creciendo y la gente es católica no solo por identidad. Vivir en Finlandia me ha permitido ver cosas que nunca habría visto en mi país”, explica.
Santiago González está estudiando Administración y Dirección de Empresas en Helsinki. Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News
Allí —relata— ha sido testigo de conversiones adultas: “Gente de 25 o 30 años que te dice con emoción: ‘me bauticé la semana pasada, soy católico’. Lo dicen con un orgullo que impresiona”.
El UNIV es también terreno fértil para chicos que han conocido la fe de forma tardía. Como Aleksander Hellén, estudiante de Economía y Negocios Internacionales, que vive su primera Semana Santa como católico.
Fue confirmado hace apenas unos meses y es la prueba de que Dios no para de trabajar noche y día buscando y ofreciendo a cada persona el camino que lleva a la vida eterna.
“Es mi primera Semana Santa como católico. Fui confirmado el pasado septiembre, así que soy prácticamente un niño en la fe”.
Aleksander Hellén estudia Economía y Negocios Internacionales en Finlandia. Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News
El contraste de Roma con Finlandia, su país de origen, es evidente: “Nunca había visto tantos católicos en un mismo lugar. Todo es nuevo para mí”. En Finlandia —explica— la comunidad católica es muy reducida: “Somos sólo 17.000 católicos en todo el país. Mi parroquia tiene apenas 700 personas”. Una comunidad pequeña, pero que llena de esperanza.
Todos estos jóvenes están acompañados por Santiago Martínez, uno de los responsables de Inter-Cultur, una asociación fundada en Finlandia en 1987 que respalda programas educativos y proyectos de cooperación al desarrollo.
Los encuentros UNIV nacieron en 1968 bajo la inspiración de san Josemaría, fundador del Opus Dei, como una experiencia de la universalidad de la Iglesia y la unión con el Papa.


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