En la misa por los 50 años del martirio del beato riojano, el arzobispo Jorge Lozano destacó su testimonio de fraternidad y justicia, y alentó a renovar la esperanza cristiana.
En el marco de las celebraciones por el 50° aniversario del martirio del beato Enrique Angelelli, la catedral San Nicolás de Bari, de La Rioja, fue escenario este 2 de agosto de una misa de acción de gracias presidida por el obispo diocesano, monseñor Dante Braida, cuya homilía estuvo a cargo del arzobispo de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano.
La celebración reunió a obispos, sacerdotes, religiosos y fieles que habían participado el día anterior de la conmemoración en Punta de los Llanos. También estuvieron presentes familiares de Angelelli, entre ellos dos de sus sobrinas, representantes de comunidades eclesiales y peregrinos llegados desde distintos puntos del país.
Al finalizar la Eucaristía, los presentes rezaron por la canonización de los cuatro mártires riojanos ante la tumba del beato.
"Dense ustedes mismos como alimento"
Al iniciar su predicación, monseñor Lozano invitó a contemplar el testimonio de los mártires riojanos desde el mismo lugar donde compartieron la fe y la misión.
"Estamos pisando el mismo suelo y respirando el mismo aire que nuestros cuatro mártires. Aquí ellos han compartido alguna misa crismal, han rezado juntos en el Tinkunaco y han escuchado la misma Palabra de Dios acogiendo en el corazón los gemidos de su tiempo", expresó.
Reflexionando sobre el Evangelio de la multiplicación de los panes, sostuvo que el mandato de Jesús, "Denles de comer ustedes mismos", no solo llama a compartir los bienes, sino también a entregarse personalmente.
"También podemos entenderlo como llamado a ser ellos mismos el alimento a entregar. Dense ustedes mismos como alimento de la multitud hambrienta", afirmó.
En esa clave presentó la figura de Angelelli como un pastor identificado plenamente con Cristo.
"Nuestro querido obispo beato también acogió este llamado a ser entregado como alimento de la multitud hambrienta. Él fue llamado a ser pan partido y entregado para la vida de los demás", destacó.
El arzobispo sanjuanino agregó que "alimentarnos de la mesa del Señor nos obliga a trabajar por un mundo más justo y fraterno. La comunión eucarística no queda relegada a un momento de piedad individual; es alimento de la comunidad para ser germen de un mundo nuevo".
Un mártir de la fraternidad y la justicia
Durante la homilía, monseñor Lozano recordó que el papa León XIV incluyó al beato Enrique Angelelli en la encíclica Magnifica humanitas entre los "mártires de la fraternidad y de la justicia", junto con san Maximiliano Kolbe y san Óscar Romero.
"Nos debe llenar de alegría esta deferencia del Papa", afirmó, al considerar que ese reconocimiento pone de relieve la dimensión universal del testimonio del obispo riojano.
Asimismo, evocó los escritos y poemas de Angelelli, en los que el pan aparece como signo de comunión y de pueblo, y recordó una de sus predicaciones de 1975: "Nos cuesta arrancar del corazón el egoísmo para hacernos plenamente hermanos; nos cuesta mucho poder sumar todas las manos, como pueblo, para construir juntos esta tierra de bendición".
Renovar la esperanza
Hacia el final de su mensaje, el arzobispo de San Juan recordó que el martirio de Angelelli y de sus compañeros se produjo en "tiempos oscuros y dolorosos" para la Argentina, pero subrayó que esas vidas fueron una luz para la Iglesia.
"Hacemos memoria agradecida de la Pascua riojana. Hace cincuenta años vivimos en la Argentina tiempos oscuros y dolorosos, que pudimos atravesar con vidas luminosas", expresó.
Finalmente, invitó a la comunidad a renovar la esperanza en Cristo, recordando la promesa de "un cielo nuevo y una tierra nueva donde habitará la justicia", y concluyó con las palabras de san Pablo: "Nada ni nadie podrá separarnos jamás del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús".



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