El Papa León XIV llama a “no resignarse a la cultura del abuso y de la injusticia”

El Papa León XIV llama a “no resignarse a la cultura del abuso y de la injusticia”

El Papa León XIV exhortó este domingo a los fieles de Ostia a “no resignarse a la cultura del abuso y de la injusticia” y a oponer a la violencia “la fuerza desarmante de la mansedumbre”, durante su visita pastoral a la Parroquia de Santa María Reina de la Paz, en la ciudad porturia de Ostia Lido.

Por Diego López Marina.

En el VI domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre presidió la Santa Misa en el templo parroquial, luego de encontrarse con niños del catecismo, jóvenes, ancianos, enfermos, pobres y voluntarios de Cáritas. En su homilía, centrada en el Evangelio del día (cf. Mt 5,17-37), afirmó que Jesús anuncia una “ley nueva” que no es “solo una enseñanza, sino la fuerza para llevarla a la práctica”.

“Es la gracia del Espíritu Santo la que la escribe de manera indeleble en nuestro corazón y lleva a plenitud los mandamientos de la antigua alianza”, explicó.

La ley de Dios, condición para la verdadera libertad

El Pontífice recordó que, tras la salida de Egipto, Dios selló su alianza con el pueblo mediante el Decálogo, ofreciendo “un proyecto de vida y un camino de salvación”. Las “Diez palabras”, señaló, deben comprenderse dentro de un proceso de liberación: “Esos mandamientos aparecen, en el largo camino por el desierto, como la luz que muestra la ruta”.

Por eso, subrayó, su cumplimiento no es “el cumplimiento formal de preceptos”, sino “un acto de amor, de respuesta agradecida y confiada al Señor de la alianza”.

“La ley dada por Dios a su pueblo no está en contradicción con su libertad; al contrario, es la condición para que esta florezca”, afirmó, invitando a ver en los mandamientos “no una ley opresiva, sino su pedagogía para la humanidad que busca la plenitud de la vida y de la libertad”.

En este contexto, citó la Constitución pastoral Gaudium et spes del Concilio Vaticano II: “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de hoy, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son también los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los discípulos de Cristo”.

“Todo el que odia a su hermano es homicida”

Al profundizar en las palabras de Jesús —“Han oído que se dijo a los antiguos: No matarás (…) Pero yo les digo: todo el que se enoje contra su hermano será sometido a juicio”— el Papa explicó que la fidelidad a Dios se funda en “el respeto y el cuidado del otro en su sacralidad inviolable”, algo que debe cultivarse “antes aún que en los gestos y las palabras, en el corazón”.

“Es allí donde nacen los sentimientos más nobles, pero también las profanaciones más dolorosas: los cierres, las envidias, los celos”, advirtió.

Citando la Primera Carta de San Juan, recordó: “Todo el que odia a su hermano es homicida” (1 Jn 3,15), y añadió: “El mal que vemos en el mundo tiene sus raíces precisamente allí donde el corazón se vuelve frío, duro y pobre de misericordia”.

Un llamado concreto a la comunidad de Ostia

El Santo Padre aplicó estas reflexiones a la realidad local. “Se experimenta también aquí, en Ostia, donde lamentablemente la violencia existe y hiere”, dijo, aludiendo a situaciones que afectan a jóvenes y adolescentes, así como a la acción de organizaciones delictivas.

Ante ello, animó a la comunidad parroquial a “continuar entregándose con generosidad y valentía para esparcir en sus calles y en sus casas la buena semilla del Evangelio”.

“No se resignen a la cultura del abuso y de la injusticia. Al contrario, difundan respeto y armonía, comenzando por desarmar los lenguajes”, exhortó, pidiendo invertir “energías y recursos en la educación, especialmente de los niños y jóvenes”.

Asimismo, invitó a aprender en la parroquia “la honestidad, la acogida, el amor que supera las fronteras”, y a vivir la coherencia entre fe y vida: “Si al presentar tu ofrenda en el altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda (…) ve primero a reconciliarte con tu hermano”.

“Oponemos a esta deriva la fuerza desarmante de la mansedumbre”

El Papa recordó que hace 110 años Papa Benedicto XV quiso esta parroquia dedicada a Santa María Reina de la Paz, en el contexto de la Primera Guerra Mundial, como “un rayo de luz en el cielo plomizo de la guerra”.

Hoy, lamentó, “muchas nubes siguen oscureciendo el mundo”, con lógicas que “exaltan la supremacía del más fuerte” y “alimentan la seducción de la victoria a cualquier costo”.

Frente a ello, afirmó con firmeza: “Oponemos a esta deriva la fuerza desarmante de la mansedumbre, continuando a pedir la paz, y a acoger y cultivar su don con tenacidad y humildad”.

Citando a San Agustín de Hipona, recordó que “no es difícil poseer la paz (…) Si queremos tenerla, ella está ahí, al alcance de la mano”. Y concluyó que “nuestra paz es Cristo”, que se conquista “dejándose conquistar y transformar por Él”.

“Háganlo día tras día. Háganlo juntos, como comunidad, con la ayuda de María, Reina de la Paz”, invitó finalmente. “Que Ella, Madre de Dios y Madre nuestra, nos custodie y proteja siempre”.

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