El Papa León XIV recibió este 16 de febrero a la Pontificia Academia para la Vida, cuyo propósito es la defensa y la promoción de la vida humana y la dignidad de la persona.
Por Almudena Martínez-Bordiú.
Al dirigirse a los miembros de esta institución —en el marco de su asamblea plenaria—, el Santo Padre subrayó la urgencia de “dedicar tiempo, fuerzas y competencia a proteger la vida y la salud”.
Una salud basada en la interdependencia
A partir de lo vivido durante la pandemia del COVID-19, el Pontífice destacó la reciprocidad e interdependencia como base de la salud, lo que requiere, según precisó, un “diálogo entre distintos saberes”, como la medicina, la política o la ética.
León XIV propuso además “identificar acciones políticas, sociales y tecnológicas que conciernen a la familia, al trabajo, al medio ambiente y a toda la sociedad”, reiterando la importancia de reconocer cómo la salud es promovida por un conjunto de factores.
Al recordar su discurso a los participantes en el Seminario de ética de las empresas del sector sanitario el pasado mes de noviembre, enfatizó que no se debe buscar el beneficio inmediato, “sino lo que será mejor para todos”.
“No todas las vidas son igualmente respetadas”
El Santo Padre resaltó la importancia de la prevención, marcada por “grandes desigualdades” que dependen de las políticas sociales y ambientales que se desarrollan en cada comunidad.
También citó las guerras, que afectan las estructuras civiles, incluidos los hospitales, y que “constituyen el más absurdo atentado que la propia mano del hombre dirige contra la vida y la salud pública”.
En este contexto denunció que, afirmar que la vida y la salud pública son valores igualmente fundamentales para todos, “resulta hipócrita si, al mismo tiempo, se ignoran las causas estructurales y las decisiones operativas que generan y perpetúan las desigualdades”.
Y lamentó: “Más allá de declaraciones y proclamas, la realidad demuestra que no todas las vidas son igualmente respetadas ni la salud es protegida y promovida del mismo modo para todos”.
Una condición existencial de vulnerabilidad que une a todos los humanos
A continuación, hizo alusión a One Health (Una sola salud), estrategia multidisciplinaria que reconoce la interconexión ineludible entre la salud humana, animal y ambiental, subrayando la importancia de “crecer en la conciencia de que la vida humana es incomprensible e insostenible sin las demás criaturas”.
Por ello, exhortó a fortalecer “nuestra comprensión y nuestra práctica del bien común, para que no sea descuidado bajo la presión de intereses particulares, individuales y nacionales”, agregó.
Advirtió que el principio del bien común “corre el riesgo de permanecer como una noción abstracta e irrelevante si no reconocemos que hunde sus raíces en la práctica concreta de las relaciones de proximidad entre las personas y de los vínculos vividos entre los ciudadanos”.
Para evitarlo, propuso “recuperar el vínculo con la actitud fundamental del cuidado como apoyo y cercanía al otro”, no sólo porque se encuentra en situación de necesidad o de enfermedad, “sino porque comparte una condición existencial de vulnerabilidad, que une a todos los seres humanos”.
“Solo así seremos capaces —continuó— de desarrollar sistemas sanitarios más eficaces y más sostenibles, capaces de satisfacer las necesidades de salud en un mundo de recursos limitados y de restablecer la confianza en la medicina y en los operadores sanitarios, pese a la desinformación y al escepticismo frente a la ciencia”.
Al finalizar su discurso, el Papa León XIV pidió a los miembros de la Academia para la Vida que “su compromiso dé testimonio eficaz de esa actitud de cuidado recíproco en la que se expresa el estilo de Dios hacia nosotros, porque Él cuida de todos sus hijos”.

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