León XIV exhortó este domingo a los fieles a vivir una “fe despierta” capaz de llevar la luz del Evangelio a las “oscuridades del mundo”, especialmente ante las situaciones de injusticia, violencia y sufrimiento que marcan la actualidad.
Por Victoria Cardiel.
Durante el rezo del Ángelus desde la ventana del Palacio Apostólico ante los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Pontífice reflexionó sobre el episodio evangélico de la curación del ciego de nacimiento narrado en el Evangelio de Juan (9,1-41), que —según explicó— encierra una profunda simbología sobre el “misterio de la salvación”.
“Mientras estábamos en la oscuridad, mientras la humanidad caminaba en las tinieblas, Dios envió a su Hijo como luz del mundo para abrir los ojos de los ciegos e iluminar nuestra vida”, afirmó.
La fe no es una renuncia a la razón
El Papa subrayó que la fe cristiana “no es un acto ciego”, una renuncia “a la razón” o una “disposición de cierta convicción religiosa que nos lleva a alejar la mirada del mundo”. Por el contrario, sostuvo, “la fe nos ayuda a mirar desde el punto de vista de Jesús, con sus ojos”.
“Es una participación en su modo de ver”, explicó, citando la primera encíclica del Papa Francisco, Lumen fidei.
“Por eso nos pide que abramos los ojos, como hacía Él, sobre todo a los sufrimientos de los demás y a las heridas del mundo”, insistió.
Así, exclamó que “llama la atención que durante siglos se haya difundido la opinión —presente todavía hoy— de que la fe sería una especie de ‘salto en la oscuridad’, una renuncia a pensar”. “El Evangelio, en cambio, nos dice que en contacto con Cristo los ojos se abren”, aseguró
En este sentido, recordó que los profetas del Antiguo Testamento habían anunciado que el Mesías abriría los ojos de los ciegos, una promesa que —dijo— se cumple plenamente en Jesús.
El Pontífice afirmó que el relato evangélico invita a los cristianos a mirar el mundo con los ojos de Cristo y a no permanecer indiferentes ante el sufrimiento de los demás.
“Hoy, en particular, frente a las numerosas preguntas del corazón humano y a las dramáticas situaciones de injusticia, violencia y sufrimiento que marcan nuestro tiempo, es necesaria una fe despierta, atenta y profética, que abra los ojos ante las oscuridades del mundo y lleve allí la luz del Evangelio por medio de un compromiso de paz, de justicia y de solidaridad”, afirmó.
“Un cristianismo de ojos abiertos”
El Papa también recordó que, de algún modo, todos los seres humanos son “ciegos de nacimiento”, porque por sí solos no pueden comprender plenamente el misterio de la vida.
“Dios se hizo carne en Jesús para que el barro de nuestra humanidad, amasado con el aliento de su gracia, reciba una luz nueva, que nos hace capaces de ver finalmente a Dios, a los demás y a nosotros mismos en la verdad”, afirmó.
Al concluir su reflexión, el Pontífice invitó a los fieles a vivir un cristianismo que no cierre los ojos ante la realidad "con sencillez y valentía".
“Hermanos y hermanas, también nosotros, sanados por el amor de Cristo, estamos llamados a vivir un cristianismo de ojos abiertos”, dijo.


Comentá la nota