El arzobispo de Buenos Aires llamó a vivir una fe coherente, superar el legalismo y desterrar la violencia verbal, a la luz del Evangelio que invita a una justicia superior a la de escribas y fariseos
En la homilía del VI Domingo del Tiempo Ordinario, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, reflexionó sobre el llamado de Jesús a vivir una justicia que supere la de los escribas y fariseos.
A partir de la frase "La justicia de ustedes debe ser superior a la de los escribas y fariseos", el arzobispo invitó a preguntarse cómo era la justicia de aquellos grupos a los que Jesús cuestiona con dureza en otros pasajes, cuando los llama "sepulcros blanqueados" y "raza de víboras". Señaló que se trataba de una justicia exterior, marcada por el legalismo y la incoherencia, que imponía cargas a los demás sin asumirlas en la propia vida.
Explicó que cuando Jesús pide una justicia superior, propone vivir el Evangelio desde el corazón, con coherencia y fidelidad al sentido profundo de la Palabra. Recordó también la enseñanza final del pasaje: "Cuando digan sí, que sea sí, y cuando digan no, que sea no".
El arzobispo advirtió sobre el riesgo de utilizar la ley como un instrumento para herir, como "un hacha" o "una navaja", con la que se cargan culpas sobre los demás. Sostuvo que el pedido de Jesús es más exigente que el mero cumplimiento literal de la ley y destacó que el Señor ofrece ejemplos concretos, como el mandamiento de no matar, la prohibición del adulterio y el juramento.
Al profundizar en el primero de ellos, citó las palabras de Jesús: "Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: 'No matarás, y el que mata debe ser llevado a un tribunal'. Pero yo les digo: 'Que todo aquel que se irrita contra su hermano merece ser condenado por un tribunal'". Afirmó que se puede matar con actitudes, con palabras o con indiferencia, y llamó a revisar el modo en que se habla y se trata a los demás.
En ese contexto, recordó la convocatoria del papa León XIV a "Poder vivir todos una paz desarmada y desarmante" y propuso pensar en palabras "desarmadas" y "desarmantes", que no hieran ni agraven conflictos, sino que construyan fraternidad y reconciliación.
También aludió a expresiones de Francisco, quien habló del "terrorismo de las redes" para describir la violencia verbal que circula en los comentarios y publicaciones. Señaló que, aunque alguien afirme "yo no maté a nadie", puede dañar el honor y el prestigio de una persona a través de lo que escribe o dice.
La homilía retomó una frase fuerte del Evangelio: "Todo lo que se dice de más viene del maligno", y la presentó como un criterio para examinar la propia conducta.
Asimismo, citó la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, donde Francisco advierte: "No a la guerra entre nosotros" y "No nos dejemos robar el ideal del amor fraterno". En otro pasaje del mismo documento, el Papa afirma: "Si ven el testimonio de comunidades auténticamente fraternas y reconciliadas, eso es siempre una luz que atrae", y lamenta las divisiones, calumnias y venganzas dentro de las comunidades cristianas.
La homilía concluyó con una invitación a vivir el Evangelio con coherencia, de modo que la fe se refleje en la vida cotidiana. El arzobispo llamó a pedir la gracia de una justicia que no sea de apariencia, sino expresión auténtica de lo que se cree y se vive, para que pueda cumplirse la palabra del salmo: "Felices los que siguen la ley del Señor".


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