En sus palabras previas al rezo del Ángelus de este 29 de junio, solemnidad de San Pedro y San Pablo, el Papa León XIV explicó que el testimonio de los patrones de Roma permitió “una nueva experiencia de la fuerza, no como dominio, sino como servicio a la vida”.
Por Almudena Martínez-Bordiú
Desde la ventana del Palacio Apostólico del Vaticano, el Santo Padre recordó que la solemnidad de los santos Pedro y Pablo subraya el “vínculo originario” que une a la Iglesia en Roma con todas las demás Iglesias en el mundo.
En esta línea, indicó que el testimonio de los patrones de Roma es casi “un sello del Nuevo Testamento” y que la sangre que derramaron “revela hasta dónde llega el amor de Dios que el Señor Jesús nos ha dado”.
Este testimonio, según remarcó el Pontífice, permitió “un nuevo conocimiento de Dios y de la infinita dignidad de todo ser humano, una nueva experiencia de la fuerza, no como dominio, sino como servicio a la vida”.
El Papa señaló que el llamado de Cristo a seguirle continúa haciéndose presente hoy en día y que esta fiesta nos involucra también en la misión de Pedro y Pablo.
“Dios confía en nosotros, que somos pecadores perdonados por Él, en nosotros, que no somos perfectos, para que brille en nuestras historias su gracia y se revele su fuerza, que transforma el mal en bien”, comentó.
Tras subrayar que ambos apóstoles “no podrían haber sido más distintos el uno del otro”, precisó que esta diversidad permitió que el Evangelio fuera comprendido y anunciado por cada uno de ellos “con un acento específico”.
En este contexto, destacó que los patrones de la Iglesia en Roma anunciaron la comunión “como sacramento” de la vida divina. “Su testimonio —agregó— contribuyó de manera determinante a que la presencia cristiana en la historia esté orientada no al dominio, sino al servicio, a la unidad y a la reconciliación”.
A modo de conclusión, pidió que el Señor conceda, por intercesión de San Pedro y San Pablo, “apreciar cada vez más la catolicidad de la Iglesia, reconocer su valor al servicio del encuentro fraterno entre las personas y los pueblos, evitar todo lo que desgasta o hiere la comunión, perseverar en el camino ecuménico y en el diálogo atento y franco con todos”.

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