El Corán menciona cinco productos conocidos por sus propiedades curativas y saludables. Ellos son el pepino, la cebolla, el jengibre, la calabaza y el ajo.
Respuesta breve: el Corán menciona explícitamente varias plantas comestibles. Entre las hortalizas y condimentos figuran la calabaza o cucurbitácea (yaqtin, en 37:146), el jengibre (zanyabil, en 76:17) y el grupo que aparece en la aleya 2:61: hierbas, pepinos, ajo, lentejas y cebollas. A ellas se suman frutos citados con frecuencia, como la aceituna, el dátil, el higo, la uva y la granada. 🌿
Conviene aclarar algo desde el principio, porque marca el enfoque de todo este artículo: el Corán no es un tratado de botánica ni un recetario médico. Cuando menciona estas plantas lo hace, casi siempre, con un propósito narrativo o espiritual: como signos (ayat) del poder creador de Allah, como elementos de un relato profético o como descripción de las delicias del Paraíso. No las presenta como remedios ni prescribe su consumo con fines terapéuticos.
Dicho esto, resulta fascinante repasar cuáles son, en qué contexto aparecen y qué sabemos hoy sobre ellas desde el punto de vista nutricional. Eso es exactamente lo que vamos a hacer en las siguientes secciones, procurando distinguir con claridad lo que dice el texto revelado, lo que aportan los exégetas clásicos y lo que la ciencia moderna puede afirmar con rigor.
La calabaza o yaqtin: el árbol que dio sombra a Yunus
La primera planta que analizamos aparece en uno de los pasajes más evocadores del Corán, dentro de la historia del profeta Yunus (Jonás), la paz sea con él.
«Lo arrojamos a una playa desierta, y estaba enfermo. E hicimos crecer sobre él una planta de yaqtin».
Corán, As-Saffat 37:145-146
Según el relato tradicional, cuando Yunus fue liberado del vientre del gran pez por voluntad del Altísimo, quedó en un estado de extrema debilidad, con la piel dañada y sin resistencia alguna. Allah hizo entonces crecer sobre él esta planta, cuyas grandes hojas le proporcionaron sombra y protección mientras se recuperaba.
¿Qué es exactamente el yaqtin?
Aquí conviene ser precisos, porque las traducciones varían. El término árabe yaqtin (يَقْطِين) designa, en sentido amplio, a las plantas de tallo rastrero y hojas anchas de la familia de las cucurbitáceas. Los exégetas clásicos lo identificaron mayoritariamente con la calabacera o calabaza vinatera (Lagenaria siceraria), aunque algunos lo interpretaron de forma más genérica.
Esta ambigüedad explica por qué unas traducciones al español dicen «calabaza», otras «calabacera» y otras simplemente «una planta rastrera». En cualquier caso, lo relevante del pasaje no es la identificación botánica exacta, sino el gesto de misericordia divina: una planta que crece justo donde hacía falta, para dar sombra a un profeta exhausto en una costa desierta.
Valor nutricional de la calabaza
Desde el punto de vista alimentario, la calabaza es una hortaliza de excelente perfil: baja en calorías, rica en agua y fibra, y con un contenido notable de betacaroteno (precursor de la vitamina A), responsable de su característico color anaranjado. Aporta además vitamina C, potasio y diversas vitaminas del grupo B.
Por su alto contenido en agua y potasio, es un alimento que suele recomendarse en dietas de bajo contenido en sodio, y su textura suave y digestibilidad la hacen habitual en purés y cremas para todas las edades. Como cualquier verdura, forma parte de una alimentación equilibrada, pero conviene no atribuirle propiedades curativas que no están demostradas.
El jengibre: la bebida perfumada del Paraíso
El jengibre ocupa un lugar singular en el Corán, porque no aparece como alimento terrenal, sino como parte de la descripción de las recompensas del Paraíso:
«Y allí se les servirá una copa cuya mezcla será de zanyabil [jengibre]».
Corán, Al-Insán 76:17
La palabra árabe zanyabil (زَنجَبِيل) es precisamente el origen de nuestro «jengibre», a través del latín zingiber y, más atrás, del sánscrito. La mención en un contexto paradisíaco resulta reveladora: para los primeros destinatarios del mensaje coránico, en la Arabia del siglo VII, el jengibre era una especia exótica y muy apreciada, importada de Oriente y asociada al lujo. Su presencia en la descripción del Paraíso comunicaba, por tanto, una idea de deleite refinado.
Origen e historia del jengibre
El jengibre (Zingiber officinale) se cultivó por primera vez en el sur y sureste asiático, con la India y China como grandes centros de origen. Su uso culinario y medicinal se remonta a más de tres milenios, y fue una de las mercancías estrella de las rutas comerciales que unían Asia con el Mediterráneo. De hecho, su llegada a Arabia a través de esas rutas explica que fuera un producto conocido pero costoso.
Qué sabemos hoy sobre el jengibre
El jengibre es una de las especias más estudiadas por la investigación científica contemporánea. Sus compuestos activos, principalmente los gingeroles y shogaoles, son objeto de numerosos ensayos.
La evidencia más consistente hasta la fecha se refiere a su utilidad frente a las náuseas, especialmente las asociadas al embarazo, al mareo por movimiento y a los postoperatorios, donde diversas revisiones sistemáticas han encontrado resultados favorables. También se investigan sus propiedades antiinflamatorias y su posible efecto sobre la digestión.
Ahora bien, seamos honestos: muchas de las propiedades que circulan por internet atribuidas al jengibre proceden de estudios preliminares, realizados in vitro o en animales, y no pueden trasladarse sin más al consumo humano habitual. Además, el jengibre puede interactuar con anticoagulantes y otros medicamentos, por lo que quien siga un tratamiento médico debería consultarlo con su profesional sanitario antes de tomarlo en cantidades elevadas o en forma de suplemento. ⚕️
Pepinos, ajo, lentejas y cebollas: la aleya 2:61
El grupo más numeroso de hortalizas aparece en un mismo pasaje, dentro del relato de los hijos de Israel en el desierto tras el éxodo de Egipto:
«Y cuando dijisteis: «¡Oh Musa! No podremos soportar un solo tipo de alimento. Ruega por nosotros a tu Señor para que haga brotar para nosotros de lo que produce la tierra: sus hierbas, sus pepinos, su fum, sus lentejas y sus cebollas«. Dijo [Musa]: «¿Vais a cambiar lo que es mejor por lo que es peor? Descended a una ciudad y allí encontraréis lo que pedís»».
Corán, Al-Baqara 2:61
El contexto: un reproche, no una recomendación
Este matiz nos parece esencial y rara vez se explica bien. En el pasaje, los hijos de Israel rechazan el maná y las codornices, el alimento que Allah les proporcionaba directamente, para reclamar las hortalizas a las que estaban acostumbrados en Egipto. La respuesta de Musa es un reproche: están cambiando lo superior por lo inferior.
Es decir, la aleya no presenta estas verduras como alimentos recomendados, sino como el objeto de un deseo que revela ingratitud. Conviene saberlo para no malinterpretar el texto. Que aparezcan mencionadas no las convierte en «alimentos bendecidos por el Corán», como a veces se lee.
El debate sobre «fum»: ¿ajo o trigo?
Aquí encontramos una cuestión filológica interesante que suele omitirse. La palabra fum (فُوم) admite dos interpretaciones principales entre los exégetas clásicos:
Ajo: Ibn Abbas y una lectura atribuida a Ibn Masud entendieron fum como zum (ajo). Ibn Yarir at-Tabari señaló que podría tratarse de una alteración fonética, con sustitución de la letra fa por za, dada la similitud del sonido.Trigo o grano: otros exégetas sostuvieron que fum designa el trigo, el cereal empleado para hacer pan.
Ibn Kathir recoge ambas opiniones en su tafsir y concluye con la fórmula habitual entre los sabios: «Y Allah sabe más». Por tanto, cuando leas que «el ajo se menciona en el Corán», lo riguroso es matizar que depende de qué interpretación de fum se adopte. Las traducciones al español varían: algunas dicen «ajos», otras «trigo» y otras incluyen ambas entre paréntesis.
El pepino (qiththa)
El pepino (qiththa, قِثَّاء) es un cultivo antiquísimo, originario del subcontinente indio, con miles de años de historia agrícola. Fue extraordinariamente popular en el antiguo Egipto, lo que encaja perfectamente con el contexto del pasaje coránico: era, en efecto, uno de los alimentos cotidianos que los hijos de Israel echaban de menos.
Nutricionalmente, el pepino es un alimento de muy baja densidad calórica: está compuesto por más de un 95% de agua, aporta pequeñas cantidades de vitamina K y potasio, y su fibra procede principalmente de la piel. Resulta útil como alimento hidratante y saciante dentro de una dieta variada, pero su aporte de nutrientes es modesto precisamente por su altísimo contenido en agua.
El ajo
El ajo (Allium sativum) es uno de los alimentos más estudiados de la historia de la nutrición. Su compuesto más característico es la alicina, que se forma cuando el diente de ajo se corta o machaca y que le confiere su olor penetrante.
La investigación disponible sugiere efectos modestos sobre la presión arterial y el perfil lipídico, aunque las revisiones sistemáticas señalan que los resultados son heterogéneos y que la magnitud del efecto suele ser pequeña. Sus propiedades antimicrobianas están bien documentadas en laboratorio, pero eso no significa que comer ajo sustituya a un tratamiento antibiótico.
Es importante advertir algo que aparece con frecuencia en artículos poco rigurosos: no existe evidencia sólida de que el ajo prevenga el cáncer. Algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones estadísticas con menor incidencia de ciertos tumores digestivos, pero correlación no es causalidad, y los ensayos clínicos no han confirmado un efecto protector. Presentarlo como un alimento anticancerígeno sería, sencillamente, desinformar.
La cebolla
La cebolla (Allium cepa), pariente cercana del ajo, comparte con este su riqueza en compuestos organoazufrados y aporta además una cantidad notable de quercetina, un flavonoide con capacidad antioxidante demostrada in vitro.
Contiene vitamina C, vitaminas del grupo B, potasio y fibra, incluida la inulina, un tipo de fibra fermentable que sirve de sustrato a la microbiota intestinal. Este último punto, su papel prebiótico, es uno de los aspectos con mejor respaldo científico actual.
Como en el caso del ajo, conviene evitar las afirmaciones grandilocuentes. La cebolla es un alimento saludable y muy versátil en la cocina, pero atribuirle capacidad para curar enfermedades concretas carece de fundamento científico.
Las lentejas
Curiosamente, las lentejas (adas, عَدَس) suelen quedar fuera de estas listas pese a estar mencionadas en la misma aleya. Son, sin embargo, una de las legumbres más antiguas cultivadas por el ser humano, con restos arqueológicos que se remontan a más de 8.000 años en Oriente Próximo.
Desde el punto de vista nutricional, son quizá el alimento más completo de todo el grupo: aportan proteína vegetal, hierro, folatos, magnesio, potasio y una cantidad muy destacable de fibra. Su índice glucémico bajo las convierte en un alimento especialmente interesante dentro de una alimentación equilibrada.
Otros frutos mencionados en el Corán
Aunque este artículo se centra en hortalizas y condimentos, sería incompleto sin mencionar los frutos que el Corán cita con mayor frecuencia y solemnidad. A diferencia de las verduras de la aleya 2:61, estos sí aparecen en contextos de bendición y elogio:
La aceituna y el olivo (zaytun): mencionados en varias suras. Allah jura por la higuera y el olivo al comienzo de la sura At-Tin (95:1), y en la célebre aleya de la Luz (An-Nur 24:35) se describe un «olivo bendito».El dátil y la palmera (tamr, najl): una de las plantas más citadas del Corán. Aparece de forma memorable en el relato del parto de Mariam (19:25), cuando se le indica que sacuda el tronco de la palmera para que caigan dátiles frescos.El higo (tin): objeto de juramento divino en At-Tin 95:1.La uva y la vid (a’nab): mencionada como signo de la creación en pasajes como Al-An’am 6:99.La granada (rumman): citada junto a los olivos y las palmeras entre los frutos que Allah hace brotar (6:99, 6:141) y también entre los frutos del Paraíso (55:68).
La aleya 6:99 resume bien este enfoque: tras enumerar palmeras, viñedos, olivos y granados, concluye invitando a observar cómo maduran sus frutos, «ciertamente, en ello hay signos para gente que cree». La función de la mención, insistimos, es teológica antes que dietética.
Cómo interpretar correctamente las plantas del Corán
Desde nuestra experiencia divulgando estos contenidos, hemos observado que circula mucha información exagerada sobre este tema. Conviene, por tanto, fijar tres criterios de lectura sensata:
1. El Corán no es un manual de fitoterapia. Menciona plantas por razones narrativas, simbólicas o como signos de la creación. Leerlo como un recetario de remedios naturales distorsiona su propósito y, además, suele conducir a afirmaciones médicas insostenibles.
2. Que algo aparezca en el Corán no lo convierte automáticamente en superalimento. Como hemos visto con la aleya 2:61, las hortalizas se mencionan precisamente en un contexto de reproche. Y en cualquier caso, la mención no implica una recomendación nutricional.
3. La ciencia y la revelación responden preguntas distintas. Que el jengibre tenga propiedades documentadas frente a las náuseas es un hallazgo científico valioso, pero no «demuestra» nada sobre el Corán, del mismo modo que su ausencia tampoco lo refutaría. Forzar esa conexión no beneficia ni a la fe ni al conocimiento.
Con estos criterios, el estudio de las plantas coránicas se convierte en lo que verdaderamente es: un recorrido apasionante por la botánica, la historia agrícola y la lengua árabe, que nos ayuda a comprender mejor el mundo en el que se reveló el mensaje. 🌱
Preguntas frecuentes sobre las plantas del Corán¿Cuál es la planta más mencionada en el Corán?
La palmera datilera (najl) es, con diferencia, la planta más citada del Corán, con más de veinte apariciones entre referencias al árbol y a su fruto. No resulta extraño: era el cultivo fundamental de la península arábiga, base de la alimentación, fuente de sombra y de materiales para construir y tejer. Le siguen en frecuencia la vid y el olivo. Este último aparece en varias suras y protagoniza uno de los pasajes más célebres del texto, la llamada «aleya de la Luz» (An-Nur 24:35), donde se describe un «olivo bendito, ni de oriente ni de occidente». Resulta interesante comparar estas frecuencias con la Biblia: según datos recopilados por investigadores de la Universidad Purdue, el olivo aparece en unos sesenta capítulos bíblicos y en seis capítulos coránicos, mientras que la vid es la planta cultivada más citada del conjunto de los textos sagrados abrahámicos.
¿Es cierto que el Profeta Muhammad desaconsejó comer ajo y cebolla crudos?
Sí, existen hadices auténticos al respecto, pero el motivo no es que estos alimentos sean ilícitos. El Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) indicó que quien hubiera comido ajo o cebolla crudos no acudiera a la mezquita, para no molestar con el olor a los demás orantes ni a los ángeles. La razón es, por tanto, de cortesía y convivencia, no de licitud: el ajo y la cebolla son plenamente halal. De hecho, los sabios señalan que si se cocinan y pierden el olor fuerte, la indicación deja de aplicarse. Este detalle ilustra bien un principio islámico más amplio: el respeto por el bienestar de la comunidad en los espacios compartidos. Algunos juristas han extendido el razonamiento a otras situaciones, como acudir a la mezquita con ropa muy sucia o con olores intensos de cualquier origen.
¿Qué es la «medicina profética» y qué validez tiene hoy?
La medicina profética (at-tibb an-nabawi) es un género de la literatura islámica que recopila los consejos sobre salud atribuidos al Profeta Muhammad en los hadices. Autores clásicos como Ibn Qayyim al-Yawziyya escribieron obras completas sobre el tema. Incluye recomendaciones sobre alimentos como la miel, el comino negro (habba sawda) o los dátiles, así como prácticas como la hiyama (ventosas). Ahora bien, conviene ser prudente en su valoración: buena parte de estos consejos reflejan el conocimiento médico disponible en la Arabia del siglo VII, y los propios sabios musulmanes han debatido si constituyen revelación vinculante o simplemente la práctica cultural de la época. La postura mayoritaria entre los estudiosos contemporáneos es que se trata de orientaciones valiosas espiritual y culturalmente, pero que no sustituyen a la medicina basada en la evidencia. Ningún consejo tradicional debería reemplazar el tratamiento prescrito por un profesional sanitario.
¿Por qué el Corán menciona plantas del Paraíso que existen en la Tierra?
Es una pregunta teológicamente interesante. El Corán describe el Paraíso con elementos reconocibles (jengibre, alcanfor, dátiles, granadas, ríos, jardines) porque el lenguaje humano solo puede aproximarse a lo trascendente mediante analogías con lo conocido. Los exégetas clásicos subrayaron este punto: se cita una tradición atribuida a Ibn Abbas según la cual, del Paraíso, «no hay nada en este mundo salvo los nombres». Es decir, las palabras coinciden, pero la realidad designada es de otra naturaleza. Esta lectura conecta con un principio recurrente en el pensamiento islámico: la revelación se dirige a seres humanos concretos, en una lengua y un contexto determinados, y por eso emplea imágenes que sus primeros destinatarios pudieran comprender y desear. Que el jengibre, una especia exótica y cara en la Arabia del siglo VII, aparezca entre las delicias paradisíacas es un ejemplo perfecto de esa adaptación comunicativa.
¿Existe alguna planta prohibida o desaconsejada en el islam?
La norma general es amplia y generosa: todos los alimentos de origen vegetal son halal (lícitos) en el islam. No existe ninguna verdura, fruta, cereal o legumbre prohibida como tal. Las únicas excepciones se refieren a dos categorías: (1) las plantas tóxicas o dañinas para la salud, ya que el islam prohíbe causarse perjuicio a uno mismo; y (2) las plantas que producen sustancias embriagantes o alteran el juicio, como la uva cuando se fermenta para producir vino, o las plantas de las que se extraen drogas. En estos casos, lo prohibido no es la planta en sí (la uva es plenamente halal), sino el producto embriagante que se obtiene de ella. Este principio se resume en una regla jurídica ampliamente aceptada: aquello que embriaga en gran cantidad es ilícito también en pequeña cantidad. Al margen de estos supuestos, el reino vegetal es enteramente lícito.
¿Dónde puedo consultar las aleyas coránicas sobre plantas en español?
Existen varias traducciones al español del Corán con distinto enfoque. Entre las más utilizadas figuran la de Julio Cortés (de corte académico y filológico, muy empleada en el ámbito universitario), la de Abdel Ghani Melara Navío (realizada desde una perspectiva musulmana y con notas explicativas) y la de Bahiyyih Nakhjavani. Para el estudio de pasajes concretos resulta muy útil comparar varias traducciones, ya que términos como yaqtin o fum se vierten de forma distinta según el traductor, como hemos visto en este artículo. Si quieres profundizar, lo ideal es acompañar la lectura con un tafsir (comentario exegético): el de Ibn Kathir está parcialmente traducido al español y es una referencia clásica. Existen además portales digitales que permiten consultar el texto árabe con transliteración y varias traducciones en paralelo, muy prácticos para localizar aleyas concretas.
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