El Santuario de Nuestra Señora de Lourdes (Francia) celebra este mes de mayo los 150 años de la coronación de la Virgen con claveles amarillos, en recuerdo de las rosas doradas que aparecían a los pies de María en sus encuentros con Santa Bernardette Soubirous.
Por Nicolás de Cárdenas.
La estatua de la Virgen Coronada, situada en 1876 frente a la Basílica del Rosario, es obra del escultor Joseph-Hugues Fabisch y simboliza la glorificación de María, elevada al rango de Reina del Cielo después de su muerte.
Realizada en bronce y de 2,5 metros de altura, la imagen se alza sobre un pedestal de mármol blanco en uno de los vértices de la gran explanada, donde cada noche miles de peregrinos participan de la tradicional procesión de antorchas en la que se reza el Santo Rosario en distintos idiomas.
“A diferencia de la estatua de la gruta, que representa la aparición tal y como la vio Bernadette (humilde y silenciosa), la estatua de la explanada celebra la gloria de María”, tal y como refieren desde el santuario en su newsletter.
A lo largo del mes de mayo, mes de María, el santuario invita a “participar en la confección de una corona muy especial”, no de oro, sino de flores. “Depositar una flor es depositar una oración. Es confiar una intención, dar las gracias o, simplemente, estar presente”, añaden.
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En el año 2007, con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo que se celebra coincidiendo con la fiesta de la Virgen de Lourdes, el Papa Benedicto XVI colocó una corona de oro en una imagen de la Virgen de Lourdes.
La pieza, obra de la casa de orfebrería Mellerio y realizada mediante suscripción nacional en 1876, estaba destinada a la imagen de la Virgen esculpida por Cabuchet en la Basílica de la Inmaculada Concepción, sobre la gruta.
En la actualidad, la corona de oro se conserva en los archivos del santuario, que tiene su origen en las 18 apariciones de la Virgen María sucedidas en el lugar entre el 11 de febrero y el 16 de junio de 1858 y en las que se presentó como la Inmaculada Concepción.
Las autoridades eclesiásticas realizaron una investigación que concluyó en 1862 con un reconocimiento de los hechos.
Tres años después de las apariciones, la Iglesia Católica compró los terrenos y comenzó a facilitar el acceso a los peregrinos y construyó la primera iglesia del conjunto, hoy conocida como la cripta dentro de la basílica superior del conjunto dedicada a la Inmaculada. En 1864 se colocó la imagen de la Virgen en la gruta.
En la actualidad el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes comprende una extensión de 52 hectáreas, con 22 lugares de culto, incluidas otras dos basílicas además de la de la Inmaculada, una de ellas subterránea, y numerosas capillas.
Al sur de la gruta, sobre la colina de los Espelugues, se puede recorrer un monumental vía crucis inaugurado en 1912 que hoy está amenazado por un grave deterioro. Al oeste del santuario se sitúan las piscinas, donde los peregrinos reciben las aguas.
De los más de 7.000 casos de curación examinados, sólo 72 han sido reconocidos como milagros concedidos por intercesión de la Virgen María, la mayoría de los cuales han beneficiado a mujeres.


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