En el taller del escultor José María Ruiz Montes, situado en la localidad de Almogía en Málaga (España), el ambiente está impregnado del olor a barro húmedo y yeso fresco; en el suelo hay esparcidos virutas de madera, polvo de lijado y fragmentos de modelado como huellas del proceso creativo.
Por Victoria Cardiel.
Es Jueves Santo y el imaginero trabaja intensamente en las peanas destinadas a la Archicofradía del Dulce Nombre de Jesús Nazareno del Paso y María Santísima de la Esperanza Coronada.
El escultor trabaja en los ángeles para las peanas para la Archicofradía de la Esperanza de Malaga. Crédito: Cortesía José María Ruiz Montes.
Sobre ellas se alza un ambicioso conjunto escultórico de imaginería angelical, compuesto por ocho arcángeles, concebidos para acompañar a las imágenes titulares del Nazareno del Paso y de la Virgen de la Esperanza, una de las grandes devociones marianas de Andalucía.
Virgen de la Esperanza, protagonista en la Gran Procesión del Jubileo de las Cofradías
La Virgen de la Esperanza fue, además, protagonista en la Gran Procesión del Jubileo de las Cofradías, celebrada en Roma el 17 de mayo de 2025, donde recorrió enclaves emblemáticos como el Coliseo o el Circo Máximo, proyectando la religiosidad popular andaluza en el corazón mismo de la Ciudad Eterna.
El proyecto de las peanas responde a un diseño integral realizado por Javier Sánchez de los Reyes, que conjuga orfebrería, escultura e iconografía cristiana tradicional. Sobre esa estructura, Ruiz Montes desarrolla el diseño de los ángeles, un ejercicio de gran exigencia técnica y conceptual.
“Se trata de esculturas de gran formato, ya que, si se dispusieran en posición erguida, superarían el metro de altura, lo que da cuenta de la envergadura, ambición y potencia visual del conjunto dentro del discurso artístico y devocional del proyecto”, asegura el escultor en entrevista con ACI Prensa.
Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia, Málaga. Madera policromada, tamaño natural. Crédito: Samuel Cabrera.
Junto a este encargo, el escultor dedica sus jornadas a ultimar un Cristo Crucificado bajo la advocación de La Clemencia para la iglesia de la Trinidad en Priego de Córdoba y en un Sagrado Corazón para Los Boliches en Málaga.
La imaginería religiosa es una parte clave de la Semana Santa en España. Como demuestra el trabajo de Ruiz Montes, además de tener un carácter religioso representa una tradición artesanal muy arraigada.
Raíces profundas con la Semana Santa
La relación de este escultor con la Semana Santa tiene raíces profundas. Desde niño, mientras otros preferían los videojuegos, él se detenía largo tiempo ante las procesiones. Pasaba las tardes recreando desfiles, hasta que aquellas figuras resultaron insuficientes para expresar lo que había empezado a intuir.
Fue su madre quien terminó de orientar esa sensibilidad precoz hacia el mundo de la imaginería religiosa: “Mi madre siempre me llevaba por las iglesias, a la Misa, o a ver las imágenes”, recuerda.
Imagen del Cristo del Perdón en madera policromada, tamaño natural, parroquia Virgen de Gracia, Puertollano, Ciudad Real. Crédito: Álvaro Lopez.
“Es algo que me atraía. Ese misterio que es diferente a lo que uno está acostumbrado a ver en el día a día. Y eso ha sido la semilla”, asegura.
Como ocurre en tantos creadores vocacionales, su talento despertó primero a través del dibujo y la pintura. “Ya de pequeñito sentía inclinación por el dibujo, por el trazo. Y desde que tengo uso de razón pasaba el rato dibujando…”, relata.
En esos tiempos muertos con el lapicero en la mano, también recuerda la imagen constante de su madre modelando barro en casa y la influencia decisiva de la fe en su formación personal y artística.
Entre la obra de este imaginero malagueño destacan tallas como el Cristo de la Misericordia para culto interno, el Cristo de la Flagelación, el trono de la Redención o la Dolorosa de Gamarra. Piezas que revelan un lenguaje propio, reconocible por su equilibrio entre serenidad formal e intensidad contenida.
imagen del Santísimo Cristo De la Vera Cruz, Almogía, madera policromada, natural. Crédito: Luis Manuel Gómez Pozo
Ruiz Montes distingue con claridad entre la escultura civil y la imaginería devocional. Esta última, subraya, no puede limitarse a la belleza formal, sino que debe mover al recogimiento y a la oración. “El arte sacro tiene ese mensaje esa profundidad que comunica la transcendencia y que cuanto más te sumerges en ella más lo sientes. Eso no lo tiene otro tipo de temática”, explica.
El privilegio de llegar al fondo del misterio
Para él, la fe del creador no es un elemento accesorio, sino una condición casi necesaria para que la obra adquiera verdadera hondura espiritual. “Si no crees lo que estás haciendo, creo que no tienes ese privilegio de llegar hasta el fondo del misterio”, afirma con convicción.
La labor del imaginero exige, además, un conocimiento riguroso de los Evangelios, los santorales y la Historia del Arte, disciplinas que, en su opinión, están íntimamente ligadas.
José María Ruiz Montes en su taller. Crédito: Cortesía José María Ruiz Montes
“La historia del arte va pegada directamente a la Sagrada Escritura. Cuando la estudias te das cuenta de la profundidad espiritual que tiene cada mensaje, cada simbología”, señala.
A partir de ese estudio, el escultor interpreta la escena según su propio lenguaje, sin descartar que, en ocasiones, incluso el desconocimiento pueda dar lugar “a cosas muy frescas” y de inesperada fuerza expresiva.
Su particular proceso creativo arranca precisamente en los libros: “Lo primero que hago es leer, investigar y luego tratar de plasmar en distintos blogs de dibujo que tengo, hojas sueltas el tema que estoy preparando: va cogiendo forma con distintas plasmaciones en bosquejos…”. De esos apuntes surgen esquemas más definidos que se traducen después en estudios tridimensionales: maquetas o modelos a escala, previos a la ejecución definitiva.
Ruiz Montes se define, ante todo, como un artesano al servicio de la belleza y del espíritu. De sus manos nacen cristos de anatomías serenas y vírgenes de ternura infinita, figuras aparentemente inmóviles que encierran una intensa vida interior.
"Le pido que mis manos puedan plasmarle"
Relieve en bronce del Hijo pródigo, conjunto para el Santísimo. Cristo del Perdón, Málaga. Crédito: José María Ruiz Montes
“Me siento como un instrumento de Dios cuando creo con mis manos. Antes de empezar le pido que mis manos puedan plasmarle a través de la madera, del barro, del lápiz o la pintura”, confiesa, describiendo su trabajo como una forma cotidiana de oración y despojamiento personal, en la que el artista intenta desaparecer para que la obra trascienda y perdure más allá de él mismo.
El escultor fue entrevistado en Roma, donde participó en el acto de toma de posesión como protocanónico del rey Felipe VI en la Basílica de Santa María la Mayor. En la Embajada de España ante la Santa Sede se conserva un busto del monarca, realizado por Ruiz Montes en bronce en 2021.
Busto de Felipe IV en la Embajada de España ante la Santa Sede. Crédito: Cortesía de José María Ruiz Montes
En 2015, con motivo de la bendición de su matrimonio, conoció al Papa Francisco, coincidiendo con el Año de la Misericordia, en el que realizó el Cristo de la Misericordia, hoy venerado en San Miguel de Miramar, en Málaga.
El escultor con su mujer y el Papa Francisco. Crédito: José María Ruiz Montes en su taller
La semana pasada pudo saludar al Papa León XIV, quien bendijo una fotografía de una de sus obras: el Cristo del Perdón, que se encuentra en la parroquia de la Virgen de Gracia de Puertollano (Ciudad Real). “Para mí es algo muy importante, como una bendición a mi trabajo”, concluye.


Comentá la nota