Los alcaldes palestinos visitan al Papa: ayúdanos a detener el Muro

Los alcaldes palestinos visitan al Papa: ayúdanos a detener el Muro

Los responsables de Belén, Beit Jala y Beit Sahour advirtieron a la Santa Sede: si confiscan las tierras del Valle del Cremisán, también la ciudad de Jesús perderá a los cristianos

«Venimos a ver al Papa porque él es nuestro padre. Y un padre no puede abandonar a sus hijos». Hoy, que Francisco habló en la audiencia sobre el vínculo sagrado que une a padres e hijos, el palestino Nael Salman, alcalde cristiano de Beit Jala, recurrió también al léxico de la familia para explicar la misión que lo llevó a Roma, en compañía de Vera Baboun (la resuelta alcaldesa de Belén) y del alcalde de Beit Sahour Hani al-Hayek. Tres alcaldes del que hace tiempo era considerado el «triángulo cristiano» de Cisjordania se reunieron brevemente con el Papa, al final de la Audiencia general. Después tuvieron una entrevista de una hora con el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin, durante la que lanzaron un grito de alarma: «Si la política de las expropiaciones decidida por Israel para construir el muro de segregación en el Valle del Cremisán no se detiene –dijo a Vatican Insider Vera Baboun –, dentro de pocos años toda la zona vivirá sofocada por el muro, y los primeros que se irán serán los cristianos. No estamos hablando solamente de terrenos, de piedras y árboles: estamos hablando de la Iglesia viva, en la tierra en la que nació Jesús. Hemos llegado a un punto límite, y todos, incluso en el Vaticano, deben asumir las propias responsabilidades por lo que está sucediendo en una tierra que está en el corazón de todos los cristianos del mundo. Le enseñamos al cardenal Parolin los mapas y las fotos que trajimos. Él nos escuchó con atención y con mucha preocupación». 

Lo que angustia a los alcaldes cristianos de Cisjordania es la situación que se vive en el Valle de Cremisán. Según Vera y los demás, no se trata solo de una de las tantas sacudidas locales del conflicto entre israelíes y palestinos: «si prevalece la política de lo que ya ha hecho el gobierno israelí», explicó Vera Baboun, «en nuestras ciudades ya no habrá cristianos dentro de veinte años. Nosotros solo estamos indicando una línea roja para la supervivencia de una presencia cristiana en la zona de Belén. Es una cuestión que, creo, debería interesarnos no solo a nosotros». 

El Valle del Cremisán representa el “pulmón verde” principal para la población que vive en la zona de Belén. Hay dos conventos y una escuela de salesianos, además de viñedos y campos de olivo en los terrenos que pertenecen a 58 familias cristianes de Beit Jala. El trazado del muro de separación trazado por Israel, después de haber dividido el territorio de Belén ahora amenaza con devastar toda la zona, famosa por ser uno de los parajes más hermosos de toda la Tierra Santa. Es evidente, repiten los alcaldes al unísono, que el plan del trazado «no responde a ninguna exigencia de seguridad, y pretende solamente separar a la gente de sus tierras para poderlas confiscar y extender la zona de las colonias israelíes que ya han ocupado, en ese cuadrante, la mayor parte de los territorios palestinos». 

Desde hace casi ocho años existe una disputa legal sobre el destino del Valle del Cremisán, misma que llegó a la Suprema Corte de Justicia israelí.  La Iglesia local ha tenido que desmentir en diferentes ocasiones los rumores sobre la existencia de un presunto “semáforo verde” vaticano para las excavadoras de Israel. Todo el muro de separación construido por Israel fue condenado por las resoluciones de la ONU y la Corte Internacional de Justicia de La Haya definió la construcción del muro y sus efectos en la cotidianeidad de la población local «contrarios al derecho internacional». En el trazado del muro que amenaza el Valle del Cremisán, los efectos de la construcción afectan directamente a las comunidades cristianas más consistentes entre las que viven en los territorios sometidos a la Autoridad Palestina. «El 50% de la población de Belén», explicó Vera Baboun, «tiene menos de 29 años. Encarcelar a todos los cristianos de esa zona y separarlos de su vínculo natural con Jerusalén tiene un efecto directo en su vida de fe. El muro entre Belén y Jerusalén es como una barrera que divide el Nacimiento de Jesús de su Resurrección. Y, si la zona del Cremisán es rodeada y confiscada, la densidad de población en nuestra región alcanzará niveles insostenibles, entre los más elevados del mundo, impulsado a todos los que puedan huir». 

Las razones de los campesinos cristianos del Cremisán encuentran apoyo incluso entre los israelíes: el Council for peace and security, organismo que involucra a los miembros jubilados del aparato militar israelí, propuso que se creen recorridos alternativos para el trazado del Muro y denunció al mismo tiempo la aboluta sin razón de las propuestas de “ajuste” que ha planteado hasta ahora el Ministerio israelí de la defensa. Pero se están acercando el tiempo del veredicto definitivo de las Cortes de Israel. Y los llamados al sentido común no parecen cambiar la obstinación de los aparatos gubernamentales. 

«La verdadera pregunta», repite Vera Baboun, «es preguntarnos cuál futuro queremos para Belén y para las demás ciudades cristianas de Palestina. El Papa, para nosotros, representa la última posibilidad. Hacemos un llamado a su responsabilidad de padre».

Coment� la nota