La implementación de sus cambios, la "tolerancia cero" contra los abusos y el panorama internacional, puntos clave.
Por Elisabetta Piqué
El 13 de marzo, Jorge Bergoglio ingresará en el quinto año de su papado. A Francisco -que cumplió recientemente 80 años- le espera un 2017 cargado de desafíos, viajes, reformas y probables resistencias.
Los desafíos que enfrenta el ex arzobispo de Buenos Aires son tres: internos, en relación con la Iglesia; internos, en el propio Vaticano; y, finalmente, globales.
Resistencias internas
Después de que las "visitas ad limina" de los obispos fueran suspendidas por el Jubileo de la Misericordia, Francisco recibirá en 2017 muchas conferencias episcopales. ¿Cómo están respondiendo los pastores a la exhortación apostólica Amoris Laetitia ("Sobre el Amor en familia"), documento posterior al sínodo que aún no ha sido digerido por los sectores más conservadores, por su llamado a integrar a todos y su apertura a las "situaciones irregulares" (divorciados vueltos a casar)?
La resistencia a esta cuestión sensible quedó patente en una carta que le enviaron al Papa cuatro cardenales "rebeldes". Al no recibir respuesta, la dieron a conocer públicamente. El gesto, inédito, refleja la abierta oposición de algunos miembros de la Iglesia al impulso reformista de Francisco.
Otra gran pregunta -y uno de los máximos desafíos del Papa es saber hasta qué punto su anterior exhortación apostólica, Evangelii Gaudium ("La alegría del Evangelio"), el documento programático de su pontificado, fue de verdad implementada.
EvangeliiGaudium llama a una conversión del papado, pero también del episcopado, a una descentralización de las estructuras y a una Iglesia en estado de misión permanente y sinodal. Habrá que ver, en ese sentido, sus próximas designaciones de obispos a lo largo del mundo.
En el Vaticano
El Papa seguirá adelante con la reforma de la curia vaticana, "un proceso delicado" que apunta a la racionalización, simplificación y agilización de sus organismos. Como indicó en su discurso de fin de año, se trata de un proceso que necesita, ante todo, de una "conversión y un cambio de mentalidad".
También está plagado de resistencias "abiertas", "ocultas" y "maliciosas". Resistencias que, más allá de las intrigas palaciegas, Francisco consideró positivas: es "un signo de que el cuerpo está vivo".
Si ya existen desde hace tiempo dos secretarías -para la Economía y para las Comunicaciones, el desafío en 2017 será poner en funcionamiento dos dicasterios nuevos: el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, y el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral.
Otra pregunta inevitable: ¿qué cambios de colaboradores realizará Francisco al ingresar en su quinto año de pontificado?
Dado que heredó de Benedicto XVI a varios titulares de dicasterios clave, muchos esperan que arme finalmente un equipo propio. ¿Reemplazará a altos prelados como el cardenal Angelo Amato, de la Congregación para los Santos, o a monseñor Angelo Becciú, sustituto de la Secretaría de Estado, nombrados ambos por el papa emérito?
Otra incógnita es si Francisco reemplazará al cardenal australiano George Pell, de 75 años, designado por él en 2014 como el nuevo zar de las Finanzas del Vaticano. Pell quedaría mal parado si una comisión de su país, que investiga su actuación en el manejo de diversos casos de abusos sexuales de menores ocurridos hace décadas en Australia, emite un informe negativo.
Uno de los grandes retos de Francisco es, justamente, eliminar de una vez por todas los abusos sexuales por parte de sacerdotes, abusos que han manchado como nunca la credibilidad de la Iglesia.
Al Vaticano llegan por año un promedio de 500 casos. El Papa espera que esto se revierta con un trabajo más incisivo de la Comisión para la Tutela de Menores, creada por él. "Quiero que renovemos todo nuestro empeño para que estas atrocidades no vuelvan a suceder. Asumamos clara y lealmente la consigna tolerancia cero en este asunto", pidió recientemente, en una carta a los obispos de todo el mundo.
Mirada global
También serán mayúsculos para Francisco los desafíos globales en un planeta que parece hundirse cada vez más en lo que él llama "Tercera Guerra Mundial en pedazos". Pobreza, injusticias sociales, desempleo, cambio climático, refugiados, resolución de conflictos, terrorismo fundamentalista seguirán siendo temas prioritarios. A ellos se sumará otra incógnita: las consecuencias para el mundo de un futuro gobierno de Donald Trump.
Francisco está involucrado en primera persona -a través de un enviado especial en el conflicto de Venezuela, pero también en Colombia, adonde, de "blindarse" el acuerdo entre el gobierno y las FARC, podría llegar a viajar este año. También anhela que cese el derramamiento de sangre en Siria. Lo recordará hoy en su saludo de año nuevo al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.
El Papa cree que el futuro de la Iglesia está en Asia, continente que ya visitó dos veces. Al margen de que se espera un acuerdo con China para la designación de obispos, probablemente visitará en noviembre India, país de mayoría hindú, y Bangladesh, el tercer país con más musulmanes del mundo. La relación con el mundo islámico, el diálogo interreligioso -más necesario que nunca con el auge del terrorismo jihadista es otro punto urgente.
Otro viaje en carpeta, único confirmado por el momento, será en mayo: irá al santuario de Fátima, en Portugal, por el centenario de las apariciones de la Virgen. Pero Francisco también quiere volver a África. Demostrando que no teme arriesgarse, aspira a visitar dos países castigados por décadas de violencia: República Democrática del Congo, donde el 43% de la población es católica, y Sudán del Sur, donde un 37% es católico.



Comentá la nota