Testimonios para conocer al “otro Francisco”

Testimonios para conocer al “otro Francisco”

Llega a las librerías italianas la antología de entrevistas, editada por Deborah Castellano Lubov (editorial Cantagalli): colaboradores y personas que le conocen cuentan quién es el Papa Bergoglio. Publicamos el prefacio firmado por el cardenal Secretario de Estado

por PIETRO PAROLIN*

La familiaridad con la que el Papa Francisco se ha presentado al mundo entero cuando comenzó su Pontificado no es solamente un hecho nuevo, por lo menos en parte, sino también algo que está plasmando desde dentro la Iglesia. Esta amistad que el Pontífice tiene por el pueblo cristiano —que, en definitiva, es deseo de caminar juntos— es la misma que manifiesta por quienes han elegido seguir a Cristo en la misión del sacerdocio y que necesitan, cotidianamente, volver a ser dirigidos al origen de su servicio. No sorprenderá, por lo tanto, escuchar en las entrevistas que siguen la voz de quien, incluso en altos cargos de responsabilidad en la organización eclesial, cuenta el gran estupor con el que ha vivido y vive su personal encuentro con el Papa, sintiéndose acogido por una mirada —la de Francisco— llena de afecto y de misericordia, sentimientos que fundan y constituyen la experiencia que vive el hombre de su dignidad. 

Francisco está cumpliendo este gran servicio: en la era del máximo triunfo de la técnica y del dinero, está indicando al hombre de hoy herido por la crisis —mucho más espiritual que económica— la única vía para volver a adquirir el propio valor de ser humano: la vía es Jesús, como Él mismo nos dice en el Evangelio de Juan: «Yo soy la vía, la verdad y la vida» (14, 6). Todos los días, el Papa —con su humildad, pero también con su infatigable perseverancia— nos vuelve a llevar al Evangelio también a nosotros que hemos elegido servir a Dios en el ministerio sacerdotal, tanto con sus palabras y sus gestos, como con la atención que demuestra por los pobres, por los últimos. Porque es cierto que no solo de pan vive el hombre, pero también es cierto lo contrario: el hombre también vive de pan. Y, hoy, dentro de esta gran crisis, hay muchos que han sido privados de él. Por lo demás, su sensibilidad por la pobreza ha caracterizado todo su camino de pastor de la Iglesia y de testimonio de Cristo. 

Creo que una de las imágenes más representativas de este Pontificado es cuando en Florencia —en la mesa de San Francisco el Pobrecillo— el Papa sirve agua en el vaso de plástico de una señora anciana levantando una jarra también de plástico. Sin embargo, la atención de Francisco por los pobres no debe ser confundida con el pauperismo o con un buenismo finalizado en sí mismo: en la atención por los últimos, el hombre experimenta la «caritas». Y entonces, por Cristo. Así es, efectivamente en el Evangelio de Mateo: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (25, 40). Y en Juan es todavía más claro, cuando Jesús advierte: «A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre» (12, 8).  

  

Por ello, el Papa Francisco nos invita constantemente a entender al pobre y a considerarlo a él en cuanto hombre: no su condición de mendigo, sino más bien su corazón de mendigo. Y su corazón de mendigo es nuestro corazón necesitado de Cristo. El gran y palpable apego de Francisco al Hijo de Dios ha herido incluso a quien no cree. Son muchísimos, efectivamente, los no creyentes que han expresado su sorpresa y su curiosidad hacia el Papa y, de alguna manera, hacia la Palabra de Dios. Este es el signo de que el Espíritu Santo está más vivo que nunca en su Iglesia. 

  

* Cardenal Secretario de Estado vaticano 

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