Monseñor Gänswein, secretario pesonal de Benedicto, contó lo que dijo el papa emérito en la noche pocas horas antes de su muerte.
“Benedicto XVI -relató conmovido su secretario el obispo Georg Gänswein- con un hilo de voz, pero de modo muy claro, dijo en italiano: ‘¡Signore, ti amo!’ (¡Señor, te amo!)”, escribió Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio para la Comunicación.
“En ese momento yo no estaba, pero el enfermero me lo contó luego”, dijo el secretario de Benedicto XVI.
“Fueron sus últimas palabras comprensibles, porque luego ya no estuvo en capacidad de poder expresarse”, agregó monseñor Gänswein.
"¡Señor, te amo!", casi un resumen de la vida de Joseph Ratzinger, escribe Tornielli, que desde hacía años se preparaba para el encuentro definitivo, cara a cara, con el Creador”.
El 28 de junio de 2016, en el 65 aniversario de la ordenación sacerdotal del predecesor ahora emérito, el papa Francisco había querido subrayar la "nota de fondo" que había recorrido la larga trayectoria sacerdotal de Ratzinger y había dicho: "En una de las muchas y hermosas páginas que dedica al sacerdocio, subraya cómo, en la hora de la llamada definitiva de Simón, Jesús, mirándole, le pregunta una cosa: ¿Me amas? ¡Qué hermoso y cierto es esto! Porque es aquí, nos dice, en ese '¿me amas?' donde el Señor funda el pastoreo, porque sólo si hay amor al Señor puede Él pastorear a través de nosotros...: 'Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo'".
"Esta es la nota -continuó Francisco- que domina toda una vida gastada en el servicio sacerdotal y en la teología, que ella no por casualidad definió como 'la búsqueda del amado'; esto es lo que ella siempre testimonió y todavía testimonia hoy: que lo decisivo en nuestros días -de sol o de lluvia-, lo único que une todo lo demás, es que el Señor esté verdaderamente presente, que lo deseemos, que interiormente estemos cerca de Él, que lo amemos, que creamos de verdad profundamente en Él y creyendo amarlo de verdad. Es este amar lo que verdaderamente llena nuestro corazón, este creer es lo que nos hace caminar seguros y tranquilos sobre las aguas, incluso en medio de la tempestad, como le ocurrió a Pedro".


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