Más resistencia a la voluntad de reforma

Por Elisabetta Piqué

Cuando faltan menos de dos semanas para que cumpla cuatro años en el trono de Pedro, el 13 de este mes, la renuncia de la irlandesa Marie Collins de la Pontificia Comisión para la Tutela de Menores no es seguramente una buena noticia para Francisco.

 Cuando faltan menos de dos semanas para que cumpla cuatro años en el trono de Pedro, el 13 de este mes, la renuncia de la irlandesa Marie Collins de la Pontificia Comisión para la Tutela de Menores no es seguramente una buena noticia para Francisco.

La salida de Collins -una de las ex víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes que integraba la comisión, algo que le daba credibilidad- vuelve a dejar en claro la existencia de resistencias a su voluntad de reforma y limpieza.

Más allá de la determinación de Jorge Bergoglio de desterrar para siempre de la Iglesia un crimen horrendo, que manchó como nunca su credibilidad, aún existe una "resistencia cultural" y evidentes "obstáculos" para que esto suceda. La carta de Collins habla por sí sola.

No es una novedad, tampoco, que los detractores de Francisco, un papa con altísimos índices de popularidad, que se ha convertido en una autoridad moral en el mundo, intenten atacar su pontificado alegando que ha hecho poco para ponerle punto final a este escándalo.

El flagelo de abusos sexuales de menores de parte del clero marcó a fuego el pontificado de Benedicto XVI. Si bien el escándalo estalló a fines de 2000, en Estados Unidos, durante el pontificado de Joseph Ratzinger fue destapándose también en países europeos.

Las revelaciones surgieron en especial en Irlanda y en Alemania, pero también en países como Australia, donde se elaboraron informes demoledores.

Éstos acusaban de encubrimiento a las altas jerarquías eclesiásticas. Benedicto XVI, que pidió perdón, expresó dolor y vergüenza por estos episodios, aprobó nuevas directivas y una política de "tolerancia cero" en línea con la iniciada por Juan Pablo II.

En 2006 castigó al mexicano Marcial Maciel Degollado, el fundador de la orden ultraconservadora de los Legionarios de Cristo, abusador serial de menores y caso emblemático de degeneración en el marco de la Iglesia. Además, se reunió varias veces con víctimas.

Francisco hizo lo mismo y más. Decidido a avanzar en la misma dirección, en marzo de 2014 creó la Pontificia Comisión para la Tutela de Menores, que es un órgano de carácter consultivo que la propia Collins ayer, más allá de sus críticas, elogió y dijo que creía que debe seguir trabajando.

Meses más tarde, se convirtió en el primer papa que autorizaba el arresto por este crimen de un arzobispo, el ex nuncio apostólico en la República Dominicana Jozef Wesolowski, acusado de haber abusado de menores en ese país.

En junio pasado, con una carta apostólica en forma de motu proprio, titulada Como una madre amorosa, Francisco decidió que los obispos y religiosos culpables de "negligencia" en casos de abusos sexuales, es decir, de encubrimiento, serán considerados responsables y expulsados.

Pese a esto, hay quienes siguen clamando que el Papa ha hecho poco y nada al respecto. Lo atacan porque uno de sus máximos colaboradores, el cardenal australiano George Pell, zar de las finanzas del Vaticano y miembro del G-9, el grupo de cardenales consultores, está siendo investigado en su madre patria por presuntos abusos. Aunque la justicia australiana aún no se ha expedido sobre las acusaciones.

Quienes conocen el tema, una cuestión delicada, aseguran que el Papa ha dado pasos gigantescos para dar por tierra con el escándalo, como la propia Collins también reconoce.

La noticia de la agencia AP de hace unos días, que aseguraba que el Papa redujo las sanciones de curas pedófilos, "es falsa", dijeron a LA NACION fuentes informadas.

"El tema de los abusos no es algo que se resuelve de un día para el otro, sino que hablamos de un trabajo de 30 años, de una generación", dijo en diciembre pasado a LA NACION el reverendo alemán Hans Zoellner, uno de los máximos expertos del tema, miembro de la comisión de tutela de menores.

Zoellner destacó que la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene sólo a diez personas trabajando en el tema abusos, algo insuficiente vista la mole de casos: entre 2013 y 2015 recibió 1200 denuncias.

Por eso, se espera que, para resolver esto, Francisco siga haciendo cambios.

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