El Papa León XIV aseguró ante los obispos católicos de rito latino presentes en Oriente Medio y parte del Cuerno de África que su misión no consiste simplemente en conservar la presencia cristiana en países marcados por los conflictos regionales, la emigración y los desplazamientos forzados, sino en “hacer presente a Cristo”.
Por Victoria Cardiel
“Su misión no consiste simplemente en conservar una presencia cristiana, sino en hacer presente a Cristo: anunciarlo en la Palabra, celebrarlo en los sacramentos, encontrarlo en la oración y reconocerlo en los pobres, en los que sufren, en los migrantes y en toda persona puesta bajo su cuidado. No están llamados a resolver todos los problemas de sus tierras, sino a ser fieles al Evangelio y al pueblo que les ha sido confiado”, afirmó.
El Pontífice pronunció estas palabras durante la audiencia concedida en el Vaticano a los miembros de la Conferencia Episcopal Latina en las Regiones Árabes (CELRA), organismo que agrupa a las jurisdicciones latinas de 16 países y territorios, entre ellos Israel, Palestina, Jordania, Irak, Siria, Líbano, Egipto y los Estados del Golfo. La conferencia está presidida por el Patriarca Latino de Jerusalén, el Cardenal Pierbattista Pizzaballa.
“No pierdan de vista lo esencial de la misión de la Iglesia”
En su discurso, León XIV exhortó a los prelados a no perder de vista lo esencial de la misión de la Iglesia. “En medio de las emergencias, no pierdan de vista lo esencial de la misión de la Iglesia: el anuncio del Evangelio, la oración, los sacramentos y la formación cristiana. Una Iglesia capaz de servir debe ser, ante todo, una Iglesia que reza, escucha la Palabra y vive de los sacramentos”, remarcó.
La realidad pastoral a la que se enfrenta la CELRA es especialmente compleja. En los países del Golfo, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Catar, Kuwait y Omán, la mayoría de los católicos no pertenece a la población autóctona, sino que son trabajadores procedentes principalmente de India, Filipinas, Sri Lanka y otros países asiáticos. Estas comunidades mantienen una intensa vida parroquial, aunque con frecuencia viven alejadas de sus familias y en condiciones laborales precarias.
En este contexto, el Papa pidió una atención especial hacia los migrantes. “Muchos viven lejos de sus seres queridos y experimentan la soledad y la precariedad. Que sus comunidades sean hogares donde nadie se sienta extranjero. Defiendan la dignidad de toda persona y reconozcan en cada migrante a un hermano y una hermana: así la caridad se convierte en testimonio del Evangelio y en escuela de fraternidad”, señaló.
Por otro lado, en Tierra Santa, Irak, Siria y Líbano, la principal preocupación de los pastores es el continuo éxodo de las históricas comunidades cristianas, provocado por la inestabilidad política, la violencia y las dificultades económicas.
El Papa constató que muchas familias “se ven obligadas a emigrar” y pidió a los obispos ser pastores “cercanos a su pueblo, capaces de compartir sus heridas, de escuchar, sostener y consolar, para que a través de su presencia se haga visible la cercanía de Dios”.
No tener miedo de ser una minoría
León XIV también animó a estas Iglesias a no desalentarse por su reducido tamaño. “La fecundidad de la Iglesia no se mide por los números, las estructuras o los recursos, sino por la fidelidad al Evangelio. Una comunidad pequeña, si está arraigada en Cristo, puede ser una presencia preciosa: no porque busque el poder, sino porque sirve; no porque se imponga, sino porque da testimonio; no porque responda a la violencia con más violencia, sino porque opone a la fuerza la caridad”, aseguró.
Un rasgo común de estas comunidades es que constituyen una minoría dentro de sociedades de mayoría musulmana y conviven además con diversas tradiciones cristianas. Por ello, el Pontífice las exhortó a fortalecer “la comunión entre las Iglesias y los distintos ritos” y a mantener un diálogo sincero con las demás tradiciones religiosas.
“La variedad de las tradiciones cristianas es una riqueza que debe vivirse en la unidad. De esta comunión debe surgir un diálogo sincero con las demás comunidades cristianas, con los musulmanes y con las diversas tradiciones religiosas. Dialogar no significa renunciar a la propia identidad, sino vivirla sin miedo al encuentro”, manifestó.
El testimonio de los mártires
En la parte final de su intervención, León XIV recordó el testimonio de los mártires contemporáneos de la región y los presentó como ejemplo de fidelidad para las comunidades cristianas.
Recordó en esta línea a la hermana italiana Leonella Sgorbati, misionera de la Consolata, asesinada el 17 de septiembre de 2006 en Mogadiscio (Somalia) cuando salía del hospital pediátrico donde trabajaba; a las misioneras de la caridad asesinadas en Yemen mientras servían a los más vulnerables; y a “los numerosos sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles que han entregado su vida en Irak, Siria y otras tierras marcadas por la violencia”.
“Quizá sus nombres no sean conocidos por el mundo, pero son bien conocidos por Dios”, aseveró.

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