Parolin felicita a Trump: que trabaje por la paz en el mundo

Parolin felicita a Trump: que trabaje por la paz en el mundo

El cardenal Secretario de Estado y la polémica con el Papa sobre los migrantes: se dice que una cosa es ser candidato y otra es ser presidente.

IACOPO SCARAMUZZICIUDAD DEL VATICANO

Felicitaciones a Donald Trump y respeto por el proceso democrático estadounidense. La esperanza de que el nuevo presidente trabaje al servicio de su patria pero también por el bienestar y por la paz en el mundo. Es lo que comentó el cardenal Secretario de Estado vaticano Pietro Parolin al enterarse de la noticia de los resultados electorales en los Estados Unidos. A los que le preguntaron sobre la polémica en relación con los migrantes entre el entonces candidato republicano y Papa Francisco cuando este último volvía de México a Roma («Quien quiere construir muros no es cristiano»), responde: «Se dice que una cosa es ser candidato y otra cosa es ser presidente…».

«Antes que nada, constatamos con respeto la voluntad expresada por el pueblo estadounidense con este ejercicio de democracia, que, me dicen, se caracterizó por una gran afluencia a las urnas», dijo Parolin al margen de la inauguración del año académico de la Pontificia Universidad Lateranense. «Y luego, felicitamos al nuevo presidente, y esperamos que su gobierno pueda ser verdaderamente fructuoso y garantizamos también nuestra oración para que el Señor lo ilumine y lo apoye en el servicio a su patria, naturalmente, pero también en el servicio por el bienestar y por la paz en el mundo. Creo que hoy todos debemos trabajar para cambiar la situación mundial, que es una situación de grave laceración, de grave conflicto».

En cuanto a la polémica con el papa sobre los migrantes que entran desde México a los Estados Unidos, Parolin dijo: «veremos como se moverá el presidente. Normalmente dicen: una cosa es ser candidato y otra es ser presidente, tener una responsabilidad… Y me parece que en este sentido, y también según lo que he escuchado, aunque no haya profundizado demasiado, el futuro presidente ya se expresó en términos de líder… Y después, sobre temas específicos veremos cuáles serán las decisiones y con base en ellas se podrá dar un juicio. Me parece prematuro dar juicios».

En su «lectio» para la inauguración del año académico en la Lateranense, dedicada al tema de la «Diplomacia de la Santa Sede en la sociedad post-global», el cardenal Parolin subrayó que «frente a la complejidad de la vida internacional (pienso en un gobierno débil o ausente, en la fragmentación de las reglas, en las evidentes brechas socio-económicas entre países, en la reivindicación e autonomía de los pueblos con respecto a los Estados y de los Estados con respecto a las formas de integración intergubernamentales y supranacionales, en el conflicto asimétrico para combatir el terrorismo) lo post-global hace que surjan mal tiples respuestas y a menudo tan discordantes que pueden provocar inmovilidad, unilateralismo y, sobre todo, ese acostumbrarse que anestesia el ánimo e impide descubrir la novedad. Y así —aclaró el purpurado—, por ejemplo, frente a los conflictos armados, los diplomáticos negocian sin que todas las partes estén involucradas, los civiles no cuentan con protección, los hospitales se convierten en objetivos militares, los muchos grupos de combatientes evocan la vieja guerra mercenaria, faltan agua y víveres, pero circulan libremente armas de todo tipo. Testigo de estos hechos, también la diplomacia asiste a algunas transformaciones: en la negociación, el unilateralismo se convierte en exclusiva búsqueda de intereses que son diferentes del objeto de la negociación; la inmovilidad justifica la llamada “no action” de las instituciones internacionales competentes; la anestesia de las conciencias crea indiferencia y hábito, dos poderosos elementos que desde el ágora (acaso el de las redes sociales) pasan fácilmente a las Cancillerías».

«Se ha impuesto un nuevo paradigma de las relaciones internacionales —dijo Parolin— que, antes que nada, ve a cada Estado como antagonista frente a otros, sean Estados o coordinaciones superiores a los Estados. El efecto es que la posibilidad de intervención frente a la complejidad post-global se limita a menudo a la percepción de peligros y problemas, a los que no sigue la voluntad de proceder con acciones comunes y capaces de afrontarlos y resolverlos».

La diplomacia de la Santa Sede no está exenta de este nuevo marco y trata de animar «los esfuerzos, llamar a los deberes y a actuar para adecuar la acción diplomática a la dimensión post-global», además de hacer un llamado para «sostener e interpretar incluso los signos más pequeños de concordia entre los Estados en vista del bien común de la familia humana», dijo Parolin.

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