Papa Francisco a los jóvenes: «¡no le tomen el gusto a esa azúcar que se llama corrupción!»

Papa Francisco a los jóvenes: «¡no le tomen el gusto a esa azúcar que se llama corrupción!»

Transcripción de las palabras que el Pontífice pronunció en el encuentro con la juventud de Kenya en el Estadio Kasarani de Nairobi

PAPA FRANCISCO

NAIROBI

«Muchas gracias por el rosario que rezaron por mí, gracias, muchas gracias. Gracias for sus regalos, sus regalos de entusiasmo. 

Existe una pregunta en la base de todas las preguntas que me hicieron Linet y Manuel. ¿Por qué suceden las divisiones, las peleas, las guerras, la muerte, los fanatismos, las destrucciones entre los jóvenes? ¿Por qué existe ese deseo de destruirnos? En las primeras páginas de la Biblia, después de todas esas maravillas que hizo Dios, un hermano mata a otro hermano. El espíritu del mal nos lleva a la destrucción. Y el espíritu del mal nos lleva a la desunión. Nos lleva al tribalismo, a la corrupción, a la drogadicción, nos lleva a la destrucción por los fanatismos. Manuel preguntaba: ¿cómo hacer para que un fanatismo ideológico no nos robe a un hermano, no nos robe a un amigo? Hay una palabra que pude parecer incómoda, pero yo no la quiero evitar, porque ustedes la usaron antes que yo; la usaron cuando me trajeron, contándome los rosarios que habían rezado por mí... la usó el obispo cuando presentó que se prepararon para esta visita con la oración. Y lo primero que yo respondería es que un hombre pierde lo mejor de su ser humano, una mujer pierde lo mejor de su ser humano cuando se olvida de rezar. Porque se siente omnipotente, porque no siente necesidad de pedir ayuda. Delante de tantas tragedias, la vida está llena de dificultades, pero hay dos maneras de mirar las dificultades: o lo mirás como algo que te bloquea, te destruye o te detiene, o lo mirás como una oportunidad. A vos te toca elegir. ¿Para mí una dificultad es un camino de destrucción o es una oportunidad para superar en bien mío, de mi familia, de mis amigos y de mi país?

Chicos y chicas no vivimos en el cielo, vivimos en la tierra. Y la tierra está llena de dificultades. La tierra está llena no solo de dificultades sino de invitaciones para desviarte hacia el mal. Pero hay algo que todos ustedes los jóvenes tienen, que dura un tiempo más o menos grande: la capacidad de elegir. ¿Qué camino quiero elegir? ¿Cuál de estas dos cosas quiero elegir: dejarme vencer por la dificultad o transformar esta dificultad para vencer yo? Y ahora unas dificultades que ustedes nombraron, que son desafíos. Y entonces antes, una pregunta: ¿ustedes quieren superar los desafíos o dejarse vencer por los desafíos? ¿Ustedes son como los deportistas que cuando vienen a jugar al estadio quieren ganar o son como aquellos que ya vendieron la victoria a los otros y se pusieron la plata en el bolsillo? A ustedes les toca elegir. Un desafío que mencionó Linet es el del tribalismo. El tribalismo destruye una nación.El tribalismo es tener las manos escondidas por detrás, y tener una piedra en cada mano para tirársela al otro. El tribalismo solo se vence con el oído, con el corazón y con la mano. Con el oído: ¿cuál es tu cultura, por qué sos así? ¿Por qué tu tribu tiene estas costumbres? ¿Se siente superior o inferior? Con el corazón: una vez que escuché con el oído la respuesta, entonces abro el corazón, y tiendo la mano para seguir dialogando. Si ustedes no dialogan y no se escuchan entre ustedes, siempre va a existir el tribalismo, que es como una polilla que va a roer la sociedad. Hoy, ayer, mejor dicho, pero para ustedes lo hacemos hoy, se declaró un día de oración y de reconciliación. Yo los quiero invitar ahora a ustedes jóvenes invitar a Linet y Manuel que vengan y que todos nos tomemos de la mano, de pie, como un signo contra el tribalismo. ¡Todos somos una nación! ¡Todos somos una nación! ‘We are all one nation!’. Así tienen que ser nuestros corazones, y el tribalismo no es solamente un levantar las manos hoy, este es el deseo, es la decisión. Pero el tribalismo es un trabajo de todos los días. Vencer el tribalismo es un trabajo de todos los días. Un trabajo del oído, escuchar al otro, un trabajo del corazón, abrir mi corazón al otro, y un trabajo de las manos, darse las manos uno con otro. ¡Y ahora nos damos las manos unos con otros! ‘No tribalism. Are you convinced?’ 

Otra pregunta que hizo Linet es la de la corrupción. Y en el fondo me preguntaba: ¿se puede justificar la corrupción, el pecado por el solo hecho de que todos están pecando y están siendo corruptos? ¿Cómo podemos ser cristianos y combatir el mal de la corrupción? Yo me acuerdo que en mi patria un joven de 20, 22 años quería dedicarse a la politica. Estudiaba entusiasmado, iba de un lado para otro. Y consiguió un trabajo en un ministerio. Un día tuvo que decidir sobre qué cosa había que comprar. Y entonces pidió tres presupuestos. Los estudió y eligió el más barato. El más conveniente. Y fue a la oficina de su jefe para que lo firmara. ‘Y ¿por qué elegiste este?’ ‘Porque hay que elegir el más conveniente para las finanzas del país'. ‘No, hay que elegir aquel que te dé más para ponerte en el bolsillo’. Y el joven le contesta a su jefe: ‘Yo vine a hacer politica para hacer grande a la patria'. Y el jefe le contesta yo hago politica para robar’. Un ejemplo nomás, pero no solo en la politica, en todas las instituciones. Incluso en el Vaticano hay casos de corrupción, la corrupción es algo que se nos mete adentro, es como el azúcar, es dulce, nos gusta, es fácil, y después terminamos mal. Y en vez de tanta azúcar fácil terminamos diabéticos o nuestro país termina diabético. Cada vez que aceptamos una coima, cada vez que aceptamos una coima y la metemos en el bolsillo, destruimos nuestro corazón, destruimos nuestra personalidad y destruimos nuestra patria. Por favor ¡no le tomen el gusto a esa azúcar que se llama corrupción! ‘Padre, pero yo veo que todos corrompen. Yo veo tanta gente que se vende por un poco de plata, sin preocuparse de la vida de los demás. Como en todas las cosas, hay que empezar. Si no querés corrupción en tu corazón en tu vida en tu patria, empezás vos. Si no empezás vos, tampoco va a empezar el vecino. La corrupción, además, nos roba la alegría. Nos roba la paz; la persona corrupta no vive en paz. Una vez, esto es histórico lo que les voy a contar, en mi ciudad murió un hombre que todos sabemos que era un gran corrupto. Y pregunté unos días después cómo fue el funeral. Y una señora con mucho buen humor me contestó: ‘Padre, no podían cerrar la bara, el cajón, porque se quería llevar toda la plata que había robado’. Lo que vos robás con la corrupción va a quedar acá, y lo va a usar otro. Pero también va a quedar, y esto grabémoslo en el corazón, en el corazón de tantos hombres y mujeres que quedaron heridos por tu ejemplo de corrupción. Va a quedar en la falta de bien que pudiste hacer y no hiciste. Va a quedar en los chicos enfermos, con hambre, porque el dinero que era para ellos, por tú corrupción, te lo guardaste para vos. Chicos y chicas, la corrupción no es un camino de vida, es un camino de muerte. 

Y había una pregunta de cómo usar los medios de comunicación para divulgar el mensaje de esperanza de Cristo y promover iniciativas justas para que se vea la diferencia. El primer medio de comunicación es la palabra, es el gesto, es la sonrisa. El primer gesto de comunicación es la cercanía, el primer gesto de comunicación es buscar la amistad. Si ustedes hablan bien entre ustedes, se sonríen, se acercan como hermanos, si ustedes están cerca unos de otros, aunque sean de diversas tribus, y si ustedes se acercan a los que necesitan, al que está pobre, al que está enfermo, al abandonado, al anciano al que nadie visita, esos gestos de comunicación son más contagiosos que cualquier red de televisión. Las tres preguntas creo que algo dije que les puede ayudar. Pero pídanle mucho a Jesús, recen al Señor, para que les dé la fuerza de destruir el tribalismo, que sean todos hermanos, para que les de el coraje de no dejarse corromper, para que les dé el encanto de poder comunicarse como hermanos con una sonrisa, con una buena palabra, con un gesto de ayuda, con cercanía.

Manuel hizo preguntas incisivas también. Me preocupa la primera que hizo él: ¿qué podemos hacer para impedir el reclutamiento de nuestros seres queridos? ¿Qué podemos hacer para hacerlos volver? Para responder esto tenemos que saber por qué un joven, lleno de ilusiones, se deja reclutar o va a buscar ser reclutado, y se aparta de su familia, de sus amigos, de su tribu, de su patria. Se aparta de la vida porque aprende a matar. Y esta es una pregunta que ustedes tienen que hacer a todas las autoridades: si un joven o una joven no tiene trabajo, no puede estudiar, ¿qué puede hacer? O delinquir o caer en las dependencias o suicidarse. En Europa las estadísticas de suicidio no se publican. O enrolarse en una actividad que le muestre un fin en la vida, engañado, seducido. Lo primero que tenemos que hacer para evitar que un joven sea reclutado o quiera ser reclutado es educarían y trabajo. Si un joven no tiene trabajo, ¿qué futuro le espera? Y ahí entra la idea de dejarse reclutar. Si un joven no tiene posibilidades de educación, incluso de educación de emergencia, de pequeños oficios, ¿qué puede hacer? Ahí está el peligro. Es un peligro social que está más allá de nosotros, incluso más allá del país, porque depende de un sistema internacional que es injusto, que tiene al centro de la economía no a la persona sino al dios dinero. ¿Qué puedo hacer para ayudarlo o hacerlo volver? Primero: rezar por él. Pero fuerte. Dios es más fuerte que todo reclutamiento. Y después, hablarle con cariño, con simpatía, con amor. Y con paciencia. Invitarlo a ver un partido de fútbol, invitarlo a pasear, invitarlo a estar juntos en el grupo, no dejarlo solo. Eso es lo que se me ocurre ahora. Evidentemente que hay, tu segunda pregunta, hay comportamientos que dañan. Comportamientos que se busca felicidad pasajera y terminan dañándote, la pregunta que vos me hiciste, Manuel, es una pregunta de un profesor de teología: ¿cómo podemos entender que Dios es nuestro Padre, cómo podemos ver la mano de Dios en las tragedias de la vida, cómo podemos encontrar la paz de Dios? Mirá, esta pregunta se las hacen los hombres y las mujeres de todo el mundo de una u otra manera, y no encuentran explicación. Mas aún, hay preguntas que por más que te rompas la cabeza pensando, no vas a encontrar la explicación. ¿Cómo puedo ver la mano de Dios en una tragedia? Hay una sola, iba a decir una sola respuesta, no. No, no es respuesta. Hay un solo camino: mirar al Hijo de Dios. Dios lo entregó para salvarnos a todos, Dios mismo se hizo tragedia, Dios mismo se dejó destruir en la Cruz. Y cuando estés que no entendía algo, cuando estés desesperado, cuando se te viene el mundo encima, mira a la Cruz. Ahí está el fracaso de Dios. Ahí está la destrucción de Dios. Pero también ahí está un desafío a nuestra fe. La esperanza, porque la historia no terminó en ese fracaso. Sino en la resurrección que nos renovó a todos. Les voy a contar una confidencia. Son las doce, ¿tienen hambre? ¿No? Les voy a contar una confidencia. Yo en el bolsillo llevo siempre dos cosas: un rosario para rezar y una cosa que parece extraña, que es esto. Y esto es la historia del fracaso de Dios. Es un Vía Crucis, pequeño Vía Crucis. Es cómo Jesús fue sufriendo desde que lo condenaron a muerte hasta que fue sepultado. Con estas dos cosas, me arreglo como puedo. Pero gracias a estas dos cosas no pierdo la esperanza.

Y una última pregunta, también del teólogo Manuel. ¿Qué palabras tiene para los jóvenes que no experimentan amor de sus familias? ¿Es posible salir de esta experiencia? En todas partes hay chicos abandonados, o porque los abandonaron cuando nacieron o porque la vida los abandonó, la familia, los padres, y no sienten el afecto de la familia. Por eso la familia es tan importante. Defiendan la familia. Defiéndanla siempre. En todas partes, no solo hay chicos abandonados, sino también ancianos abandonados, que están sin que nadie los visite, sin que nadie los quiera. ¿Cómo salir de esta experiencia negativa, de abandono, de lejanía de amor? Hay un solo remedio para salir de esas experiencias: hacer aquello que yo no recibí. Si vos no recibiste comprensión, sé comprensivo con los demás; si vos no recibiste amor, amá a los demás; si vos sentiste el dolor de la soledad, acercáte a aquellos que están solos. La carne se cura con la carne.Y Dios se hizo carne para curarnos a nosotros. Hagamos lo mismo nosotros con los demás. Bueno, yo creo que antes de que el árbitro suene el pito, es hora de terminar. Yo les agradezco de corazón que hayan venido, que me hayan permitido hablar en mi lengua materna, les agradezco que hayan rezado tantos rosarios por mí, y, por favor, les pido que recen por mí, porque yo también necesito y mucho. Cuento con las oraciones de ustedes. Y antes de irnos, les pediría que nos pongamos de pie, todos, y recemos juntos a nuestro Padre del Cielo, que tiene un solo defecto: no puede dejar de ser Padre».

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