El Papa León XIV explicó que el ministerio sacerdotal en la Iglesia Católica, confiado a sólo a hombres, se entiende a la luz de la sucesión apostólica al tiempo que pidió presbíteros “ardientes en la caridad evangélica” y “misioneros valientes”.
Por Victoria Cardiel.
Durante su catequesis dedicada a la constitución dogmática Lumen gentium del Concilio Vaticano II, el Pontífice explicó que la Iglesia “encuentra su fundamento en los apóstoles, que Cristo quiso como columnas vivas de su Cuerpo místico”.
En este sentido, subrayó que la Iglesia posee una “dimensión jerárquica que obra al servicio de la unidad, de la misión y de la santificación de todos sus miembros”, y que no responde a una construcción meramente organizativa, sino a una institución de origen divino.
El Papa recordó que los apóstoles, como “testigos autorizados” de la resurrección, recibieron de Cristo la misión de enseñar, santificar y guiar, y que este encargo “se transmite a hombres que, hasta el retorno de Cristo, siguen santificando, guiando e instruyendo la Iglesia”.
Esta transmisión, explicó, constituye la base de la sucesión apostólica y del sacramento del Orden, que se articula en tres grados: episcopado, presbiterado y diaconado.
El capítulo III de Lumen gentium, dedicado a la constitución jerárquica de la Iglesia, profundiza precisamente en esta realidad, señalando que dicha estructura “no es una construcción humana”, sino el modo querido por Cristo para perpetuar su misión en la historia.
En su intervención, el Pontífice destacó que el Concilio enseña que el sacerdocio ministerial o jerárquico “difiere esencialmente y no sólo en grado” del sacerdocio común de los fieles, aunque dejó claro que también los laicos participan del único sacerdocio de Cristo.
De este modo, el ministerio ordenado se confiere a quienes reciben la sacra potestas para el servicio del Pueblo de Dios, en continuidad con la misión apostólica confiada originalmente a los doce.
Este vínculo con los apóstoles —elegidos por Cristo entre varones— es el fundamento teológico que explica por qué la Iglesia considera que el sacerdocio ministerial está reservado a hombres, en fidelidad a la Tradición y al mandato recibido.
Un servicio nacido de la caridad
El Papa insistió en que esta estructura jerárquica debe entenderse siempre como servicio. Citando la enseñanza conciliar, recordó que el encargo confiado a los pastores “es un verdadero servicio”, que la Sagrada Escritura denomina diaconía.
Asimismo, evocó a San Pablo VI, quien definió la jerarquía como una realidad “nacida de la caridad de Cristo para realizar, difundir y garantizar la transmisión intacta y fecunda del tesoro de la fe”.
Llamado a nuevos sacerdotes
En la parte final de su catequesis, el Pontífice dirigió una invitación a los fieles a rezar por las vocaciones sacerdotales.
“Pidamos al Señor que mande a su Iglesia ministros que sean ardientes en la caridad evangélica, estén entregados al bien de todos los bautizados y sean misioneros valientes en todos los lugares del mundo”, exhortó.

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