El Papa arropa a la minoría católica en Argelia: La fe hace crecer “una verdadera fraternidad”

El Papa arropa a la minoría católica en Argelia: La fe hace crecer “una verdadera fraternidad”

En su primer encuentro con la comunidad católica de Argelia, que suma poco más de 6.500 fieles en un país de más de 44 millones de habitantes, según estadísticas publicadas por la Santa Sede, el Papa subrayó que la fe nunca “aísla”, sino que hace crecer “una verdadera fraternidad”. 

Por Victoria Cardiel.

Son “una presencia discreta y preciosa, arraigada en esta tierra, marcada por una historia antigua y por luminosos testimonios de fe”, dijo el Papa en francés, en la Basílica de Nuestra Señora de África, que se alza sobre un acantilado de 124 metros de altura y ofrece una vista panorámica inigualable de la bahía de Argel y el Mar Mediterráneo.

El edificio resultó gravemente dañado por el terremoto de 2003, que causó cerca de 3.000 víctimas, y fue restaurado tras siete años de trabajos.

La fe acerca "sin uniformar"

“La fe no aísla, sino que abre; une, pero no confunde; acerca sin uniformar y hace crecer una verdadera fraternidad”, subrayó ante este grupo de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos católicos de Argelia.

El Papa llegó en coche hasta este templo católico de estilo bizantino, conocido por su vocación de diálogo interreligioso, que lo ha convertido en lugar de peregrinación y devoción para numerosos fieles musulmanes. De hecho,en el mosaico de la bóveda central, se puede leer la significativa inscripción: “Notre Dame d’Afrique, priez pour nous et pour les musulmans” (Nuestra Señora de África, ruega por nosotros y por los musulmanes), reflejo elocuente de la vocación de acogida y fraternidad entre culturas y religiones de Algeria.

“Muchos vienen aquí para orar en silencio, presentar y encomendar al Señor sus preocupaciones y a las personas que aman y encontrar a alguien dispuesto a escucharlos y a compartir las cargas que llevan en el corazón, y ha visto cómo tantos se van serenos y felices de haber venido”, aseguró el Papa.

Durante su segundo discurso en la capital, Argel, primera etapa de su gira africana, que continuará en Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial hasta el próximo 23 de abril, León XIV estructuró su reflexión en torno a tres pilares de la vida cristiana: la oración, la caridad y la unidad. 

Todos necesitamos la oración

Sobre la oración, afirmó que “todos la necesitamos”, y recordó las palabras de San Juan Pablo II a los jóvenes musulmanes en Casablanca en 1985, cuando subrayó que el ser humano no puede vivir sin orar del mismo modo que no puede vivir sin respirar.

La oración —dijo— “une y humaniza, refuerza y purifica el corazón”, y gracias a ella, la Iglesia en Argelia “siembra humanidad, unidad, fuerza y pureza a su alrededor, llegando a lugares y contextos que solo el Señor conoce”.

A su llegada a la basílica, el Pontífice fue recibido en la entrada principal por dos niños que le ofrecieron flores, por el Cardenal Jean‑Paul Vesco, arzobispo de Argel, y por el rector del santuario, el P. Peter Claver Kogh, quien le presentó la cruz y el agua bendita para la aspersión. León XIV recorrió la nave central hasta el altar mayor, donde se venera la imagen de la Virgen Negra, donde el Pontífice se detuvo a rezar durante unos minutos. Durante el encuentro hubo cantos en francés, saludos en árabe y recibieron al Papa entre aplausos. 

El Papa se dirigió a la basílica argelina tras realizar una breve visita privada a un centro de las Agustinas Misioneras, enclavado en el barrio de Bab El Oued. No era un lugar nuevo para él. 

Mártires, "semilla viva" que nunca deja de dar fruto

Estuvo allí en 2009, cuando era prior de los agustinos, pero ahora su visita como Papa ha sido muy especial y ha estado marcada por el recuerdo de las dos españolas que fueron asesinadas a tiros hace 32 años, cuando se dirigían a una capilla católica para asistir a la Misa del domingo. Se trata de sor Esther Paniagua Alonso y sor Caridad Álvarez Martín—, asesinadas durante la guerra civil argelina y reconocidas entre los diecinueve mártires de Argelia, entre 1994 y 1996.

Junto a estas dos religiosas, el Papa recordó también en la basílica a los otros diecisiete mártires de Argelia, beatificados por el Papa Francisco en 2018. Entre ellos, Pierre Claverie, obispo de Orán, todos asesinados durante la guerra civil argelina de los años noventa. 

En particular, evocó el testimonio de fray Luc, nombre religioso de Paul Dochier, monje trapense y médico de la comunidad de Notre‑Dame de l’Atlas en Tibhirine, quien, ante la posibilidad de ponerse a salvo abandonando a sus pacientes musulmanes, respondió: “Yo quiero quedarme con ellos”.

El Papa valoró su entrega suprema, subrayando que “decidieron estar junto a este pueblo compartiendo sus alegrías y sus dolores”, y afirmó: “Su sangre es una semilla viva que nunca deja de dar fruto”. 

Ser "signos creíbles de comunión, de diálogo y de paz"

Señaló, además, que son herederos de una tradición cristiana más antigua aún, que se remonta a los primeros siglos del cristianismo, citando a San Agustín de Hipona y a su madre, Santa Mónica, y llamó a los católicos a ser “signos creíbles de comunión, de diálogo y de paz”.

“A todos ustedes, queridos hermanos, y a aquellos que, no pudiendo estar presentes, siguen este encuentro a la distancia, expreso mi gratitud por el compromiso cotidiano con el que hacen visible el rostro materno de la Iglesia”, aseguró el Papa.

El Pontífice señaló también que en un mundo donde “las divisiones y las guerras siembran dolor y muerte entre las naciones, en las comunidades e incluso en las familias”, la forma de vivir juntos de Argelia “unidos y en paz es un gran signo”. 

Así, animó a los fieles a difundir la fraternidad “inspirando en quienes los rodean deseos y sentimientos de comunión y de reconciliación, con un mensaje tanto más fuerte y claro cuanto testimoniado en la sencillez y en la humildad”.

Aludiendo al contexto del país, recordó que gran parte del territorio argelino está ocupado por el desierto, y que “en el desierto no se sobrevive en soledad”. La aspereza de la naturaleza, explicó, redimensiona toda presunción de autosuficiencia y recuerda a todos la necesidad mutua y la “necesidad de Dios”, explicó.

"Sacramento universal de salvación"

Por ello, animó a la comunidad católica a continuar su labor como presencia de una Iglesia “sacramento universal de salvación”,  agradeciéndoles su oración, su caridad y su testimonio de unidad.

Recordó que la paz y la armonía han sido características fundamentales de la comunidad cristiana desde sus orígenes conforme al deseo de Jesús, que oró para que todos fueran uno y afirmó: “En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”.

En esa misma línea, citó a San Agustín, quien afirmaba que la Iglesia “engendra a los pueblos, pero todos son miembros de uno solo”.

Al hablar de la unidad, el Papa destacó que la propia basílica es signo de esa comunión, “una Iglesia de piedras vivas” donde, bajo el manto de Nuestra Señora de África, se construyen vínculos entre cristianos y musulmanes. 

Distintos testimonios

El encuentro incluyó momentos de adoración eucarística, cantos marianos e interreligiosos y diversos testimonios, entre ellos el de Sor Bernadette, religiosa de la congregación de las Sœurs de Notre‑Dame du Lac Bam, un instituto indígena fundado en Burkina Faso y actualmente presente en Timimoun, Argelia, donde las hermanas asisten a niños con discapacidad y a sus familias.

Su testimonio le sirvió al Pontífice para hablar de la caridad cristiana: “En lo que ha dicho, percibimos el valor de la misericordia y del servicio no sólo como ayuda a los más frágiles, sino sobre todo como lugar de gracia, en el que cualquiera que se deje involucrar crece y se enriquece”.

Asimismo, en el encuentro también intervino Emmanuel‑Ali, guía de la basílica, y Monia Zergane, una mujer musulmana, reflejo del espíritu de diálogo que caracteriza al santuario.

Tras la bendición final, el Papa encendió una vela en la capilla de Santa Mónica, dedicada también a los diecinueve mártires de Argelia. Finalmente, se recogió en oración ante el monumento conmemorativo de las víctimas de los naufragios en el Mediterráneo y saludó a los fieles en el patio de la basílica antes de dirigirse a pie a la Nunciatura Apostólica, donde mantendrá un encuentro privado con los obispos del país.

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