El Papa León XIV afirma que reforma litúrgica del Vaticano II sigue la tradición viva de la Iglesia

El Papa León XIV afirma que reforma litúrgica del Vaticano II sigue la tradición viva de la Iglesia

En su audiencia general de este miércoles, el Papa León XIV explicó las razones que motivaron la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, la misma que, aseguró, se sitúa "en la línea de la tradición viva de la Iglesia".

 

 

Por Eduardo Berdejo

 

Desde el interior de la Basílica de San Pedro, el Pontífice llevó adelante su última catequesis sobre la constitución Sacrosanctum Concilium, el documento del Concilio Vaticano II que aborda la sagrada liturgia.

En su discurso, el Pontífice dijo que en este texto los padres conciliares explicaron la necesidad de una reforma que llevara a los fieles a una participación más consciente y activa del misterio de la fe, y no que asistieran "como extraños y mudos espectadores".

De esta convicción, afirmó, "nació la exigencia de hacer más accesible a todos los fieles la riqueza de los textos bíblicos y de las oraciones, y de hacer más lineal el ordenamiento celebrativo respecto al previsto en los libros litúrgicos entonces vigentes".

León XIV recordó que la liturgia es "una realidad viva" que a lo largo de los siglos ha estado sujeta a desarrollos y cambios según "las exigencias de las diversas épocas".

"La Liturgia consta de una parte que es inmutable por ser la institución divina, y de otras partes sujetas a cambio, que en el decurso del tiempo pueden o incluso deben variar, si en ellas se han introducido elementos que no responden bien a la naturaleza íntima de la misma Liturgia o han llegado a ser menos apropiados", indicó el Papa, citando el numeral 21 de la constitución conciliar.

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El Santo Padre señaló que esta distinción "entre elementos divinos, inmutables, y elementos humanos", que "pueden sufrir diversas modificaciones, aprobadas por la sagrada Jerarquía asistida por el Espíritu Santo", había sido ya abordada por Pío XII en su encíclica Mediator Dei.

En ese sentido, indicó que "el deseo de una 'reforma general' no nacía de improviso, sino que se había manifestado en la acción de los papas que se sucedieron desde el inicio del siglo XX, en sintonía con las demandas del Movimiento litúrgico".

Como ejemplos, mencionó la constitución apostólica Divini Cultus de Pío XI y las intervenciones de Pío XII, quien reubicó los ritos de la Semana Santa de acuerdo con "las horas correspondientes a los acontecimientos pascuales, después de que durante siglos se hubieran anticipado a las horas de la mañana".

También recordó que "San Juan XIII consideró necesaria una simplificación de las rúbricas del Breviario y del Misal, aprobándola con el Motu proprio Rubricarum instructum, del 25 julio de 1960, en el cual remitía al anunciado Concilio Ecuménico la propuesta de los principios fundamentales para una reforma de la liturgia".

"La reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II se sitúa, por lo tanto, en la línea de la tradición viva de la Iglesia", afirmó León XIV. "Su correcta comprensión permite también rechazar los abusos que se han verificado en algunos sectores de la Iglesia en la etapa postconciliar, y que lamentablemente a veces todavía hoy se verifican, absolutizando o comprendiendo mal algunos de los principios que estaban en la base de la misma reforma", añadió.

Por ello, recordó a los obispos y sacerdotes la responsabilidad de "custodiar y promover una liturgia que, en el respeto de las normas litúrgicas, resplandezca por su noble sencillez y manifieste así a la Iglesia una, santa, católica y apostólica".

"Una liturgia de este tipo será también un vehículo fundamental de evangelización, el instrumento de gracia a través del cual, como enseña el Concilio, podremos aprender a ofrecernos a nosotros mismos y, por la mediación de Cristo, seremos perfeccionados en la unidad con Dios y entre nosotros", afirmó.

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