Mons. Ojea: 'La Iglesia nunca va a renunciar a estar en el lugar de los débiles'

Mons. Ojea: 'La Iglesia nunca va a renunciar a estar en el lugar de los débiles'

El obispo emérito de San Isidro destacó que todos los bautizados están llamados a ser apóstoles y afirmó que el anuncio del Evangelio se transmite con testimonio, cercanía e inspiración en Jesús.

Monseñor Oscar Ojea, obispo emérito de San Isidro, entregó su reflexión para el XI domingo del Tiempo Ordinario, centrada en el llamado de Jesús a los apóstoles y en la misión evangelizadora de todos los bautizados. A partir del Evangelio de san Lucas, recordó que Cristo pasó toda una noche en oración antes de elegir a los doce, subrayando así la importancia de la confianza en Dios y en la acción del Espíritu Santo para la tarea evangelizadora. 

"Todos nosotros somos apóstoles por el bautismo. Estamos llamados a predicar el Evangelio y tenemos que tener una confianza absoluta en aquel que va a saber conducir esta tarea que es el Espíritu Santo", señaló. 

El Evangelio se transmite por atracción

Durante su mensaje, el prelado retomó una enseñanza del papa Benedicto XVI para explicar que la fe no se comunica mediante el proselitismo, sino a través del atractivo que genera una vida auténticamente cristiana.

En este sentido, citó palabras del papa León XIV dirigidas a los jóvenes durante una reciente visita a Madrid: "Sean humanos, sean hombres y mujeres de carne y hueso, no apariencias, sino rostros confiables". A partir de esta afirmación, señaló que la Iglesia está llamada hoy a defender la dignidad de la persona humana frente a distintas formas de deshumanización presentes en la sociedad. "La Iglesia necesita defender a ultranza la misma humanidad que se está destruyendo, la dignidad de la persona", afirmó. 

Mirar a Jesús y acompañar a los más frágiles

El obispo emérito explicó que el camino para vivir plenamente la humanidad consiste en mirar a Jesús, quien supo reconocer el sufrimiento de las personas, y acercarse especialmente a los más vulnerables.

En el cierre de su reflexión, animó a los fieles a ser "verdaderos apóstoles" capaces de transmitir la Palabra de Dios mediante el testimonio y una vida marcada por la empatía, la cercanía y el compromiso con los hermanos más necesitados.

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