Mons. García Cuerva: reconocer los 'cansancios del corazón' en el camino cuaresmal

Mons. García Cuerva: reconocer los 'cansancios del corazón' en el camino cuaresmal

El arzobispo porteño reflexionó sobre las distintas formas de agotamiento humano a la luz del Evangelio de la samaritana e invitó a descubrir en Cristo el "agua viva" que calma la sed más profunda.

El arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, invitó a los fieles a reconocer los distintos "cansancios" que experimenta el corazón humano y a descubrir en Dios la respuesta a las búsquedas más profundas de la vida.

Para iniciar su reflexión, el arzobispo evocó la obra Los cansados de la vida, del pintor suizo Ferdinand Hodler. En ese cuadro, explicó, aparecen cinco hombres sentados que parecen compartir el mismo agotamiento, aunque en realidad cada uno expresa un cansancio diferente.

A partir de esa imagen, propuso preguntarse cuál es el cansancio que cada persona lleva en su interior.

"Así como esos hombres de la pintura tienen cansancios distintos, también nosotros podemos tratar de descubrir cuál es el nuestro", señaló.

El cansancio del hartazgo y la frustración

El primer cansancio aparece reflejado en la primera lectura del libro del Éxodo, cuando el pueblo de Israel atraviesa el desierto y reclama agua a Moises.

Según explicó el arzobispo, ese reclamo revela más que una necesidad física: expresa el hartazgo de un pueblo cuyas expectativas parecen haberse frustrado.

"Sus esperanzas de llegar a la tierra prometida parecen esfumarse y aparece el enojo", señaló. Algo que también ocurre en la vida cotidiana cuando las frustraciones se acumulan.

Muchas veces, añadió, las personas dicen estar cansadas, cuando en realidad ese cansancio está cargado de enojo, reproches o decepción.

Por eso invitó a preguntarse: "¿Por qué reacciono mal? ¿Qué es lo que me harta? ¿De qué tengo sed en realidad?".

El cansancio físico y la vida acelerada

El segundo tipo de cansancio aparece en el Evangelio, cuando Jesucristo llega fatigado al pozo de Sicar y se sienta a descansar al mediodía.

Ese cansancio, explicó el arzobispo, puede ser simplemente físico, fruto del esfuerzo cotidiano y del ritmo acelerado de la vida.

En ese sentido, advirtió sobre el riesgo del activismo permanente, que lleva a muchas personas a vivir siempre ocupadas e incluso a sentirse culpables cuando no tienen algo que hacer.

Citando a san Agustín, recordó además que el cansancio de Cristo también puede interpretarse como una imagen de su cercanía con las fatigas humanas: "Jesús está descansando nuestros cansancios".

La sed más profunda: el encuentro con Dios

El tercer cansancio aparece en la figura de la mujer samaritana, que acude al pozo en soledad y entabla un diálogo con Jesús.

Según explicó el arzobispo, detrás de su rutina cotidiana se esconde una historia marcada por heridas, culpas y rechazos.

La mujer, recordó, había tenido cinco maridos y probablemente cargaba con el peso del juicio social. Por eso iba al pozo a una hora en la que nadie más se encontraba.

Ese cansancio revela una sed mucho más profunda: la sed de Dios.

"Dios tiene sed de nosotros", afirmó el arzobispo al comentar las palabras de Jesús: "Dame de beber". Con esa expresión, explicó, el Señor pide el corazón, la historia y las heridas de cada persona.

Medir la sequía del corazón

En otro momento de la homilía, monseñor García Cuerva utilizó una comparación curiosa: el llamado "índice de Palmer", un indicador que mide la intensidad de las sequías.

A partir de esa imagen, invitó a preguntarse también por la "sequía del corazón".

"¿De qué tenemos sed? ¿Por qué nuestro corazón a veces está seco?", planteó.

La Cuaresma, explicó, puede ser un tiempo propicio para identificar esos cansancios y reconocer que detrás de ellos se esconde una búsqueda profunda de sentido.

Cristo, el agua viva

El arzobispo concluyó su reflexión recordando que en el Evangelio muchos samaritanos terminan reconociendo a Jesús como "el Salvador del mundo".

Por eso invitó a los fieles a acercarse a Cristo, "agua viva", capaz de dar sentido a la vida y de calmar la sed más profunda del corazón.

Finalmente, recomendó como lectura espiritual para la Cuaresma el libro Elogio de la sed, del cardenal portugués José Tolentino de Mendonça.

"Jesús nos dice también a nosotros: 'Dame de beber'. En realidad nos está diciendo: dame tu vida, tus heridas, todo lo que te pasa. Jesús tiene sed de nosotros. ¿Tendremos nosotros también sed de Él?", concluyó.+

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