Lo escribió en un reciente artículo «La Civiltà Cattolica», en vista de la próxima Congregación general, el 2 de octubre, convocada para elegir al sucesor del español Adolfo Nicolás, que los guía desde 2008.
REDACCIÓN - ROMA
La XXXVI Congregación general de los jesuitas, que comienza el próximo 2 de octubre, «verificará, en la relación sobre el estatuto de la Compañía, si se ha dado respuesta adecuada» al discurso de Benedicto XVI a la XXXV Congregación, que «abría una época nueva para la Compañía, sobre sus relaciones con la Santa Sede». Además, verificarán todo lo que Papa Francisco ha dicho y pedido a los jesuitas desde su elección hasta la fecha, pues, si bien si es cierto que todos los Papas se han dirigido a los jesuitas, también lo es que se trata del primer Papa jesuita en la bimillenario historia de la Iglesia que se dirige a los hermanos «conociendo desde dentro nuestra condición de jesuitas»: «Con una cierta frecuencia, él se reconoce explícitamente jesuita, expone con sencillez, casi en voz baja, pero sin giros de palabras, los rasgos grandes y fuertes de nuestra espiritualidad e identidad».
En estos términos, «La Civiltà Cattolica» explica la novedad de la próxima Congregación general, convocada para elegir al sucesor del español Adolfo Nicolás, que la guía desde 2008, y que está preparando los trabajos de la Congregación concentrándose en el perfil que Francisco ha trazado en estos años para los jesuitas, ha reconocido sus agradecimientos. La revista romana de los jesuitas, cuyos borradores revisa la Secretaría de Estado vaticana, publica un reciente artículo del padre Elías Royon que ofrece muy buen terreno para los trabajos de la Congregación general, además de la entrevista que le hizo al general, el padre Nicolás, Antonio Spadaro, director de la revista.
Recordando algunos de los discursos del Papa a los jesuitas, el artículo subraya tres elementos: en el centro de la vida de los jesuitas, como individuos y como Compañía, no puede no existir el “Dios de las sorpresas”, y la identidad de la Compañía de Jesús no puede construirse sino todos juntos, «no solos». La Compañía, resume el padre Royon, «estará “segura” y se sentirá “suficiente” no cuando no se vea a sí misma, sino cuando sepa vivir con el deseo de conformarse al Cristo pobre y humilde de los Ejercicios, al Dios encarnado en Jesús de Nazaret, el máximo modelo de “descentralización” en la historia». La Compañía no podrá seguir «caminos paralelos», sino que tendrá que servir dentro de la Iglesia, incluso cuando tuviera que «afrontar incomprensibles» cuando se convirtiera en «objeto de equívocos y de calumnias». El discernimiento es el instrumento ignaciano por excelencia, que el Papa indica a sus hermanos para «comprender la voluntad de Dios» y realizar sus «proyectos apostólicos».
Para concluir, los jesuitas son hombres de «diálogo» y de «frontera», y no deben ceder a la «tentación de domesticar las fronteras», de «llevarse a casa las fronteras». Por el contrario, deben vivir «en frontera», y también deben ser «audaces».


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