El Pontífice continuó su reflexión sobre los documentos del Concilio Vaticano II, centrándose en la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia. En este contexto, valoró la reforma litúrgica impulsada por los Padres conciliares, en particular la elaboración del Leccionario, el libro que recoge las lecturas bíblicas para las celebraciones litúrgicas.
Por Victoria Cardiel
El Papa León XIV afirmó que la Eucaristía es un “poderoso antídoto” frente a la división que amenaza al mundo y llamó a los católicos a acudir “con fe a esta fuente de vida divina” y a dejarse “transformar por el misterio”.
“Incorporándonos a Cristo, la Eucaristía nos enseña a adoptar el estilo de vida del mismo Señor Jesús, marcado por el don gratuito de sí mismo. Este don nos hace entrar, por esto, en la dinámica de la unidad, que ofrece un poderoso antídoto a los fermentos de división que amenazan nuestro mundo, nuestras comunidades, nuestras familias, nuestro corazón”, explicó durante la catequesis de la Audiencia General de este miércoles.
A su juicio, esta reforma supone una “amplitud” extraída de la fuente más pura de la Tradición viva, en la que se conjugan la “sana tradición” y el camino hacia un progreso legítimo.
Al referirse a la Constitución sobre la liturgia, subrayó que en la misa los fieles están invitados a “escuchar la Palabra de Dios y a nutrirse en la mesa del Señor, donde Él mismo se ofrece al Padre”. Se trata de dos partes —la Liturgia de la Palabra y la Liturgia eucarística— que, como recordó, “están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto”.
“La Eucaristía nos ayuda a entender la Sagrada Escritura, así como la Sagrada Escritura, a su vez, ilumina y explica el misterio eucarístico”, aseveró, citando la exhortación apostólica de Benedicto XVI Verbum Domini.


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