En una histórica visita a la ciudad de Nápoles este 8 de mayo, coincidiendo con el primer aniversario de su pontificado, el Papa León XIV mostró a los fieles reunidos en la catedral la ampolla con la sangre licuada de San Genaro, patrono de la ciudad italiana.
Por Almudena Martínez-Bordiú
Tras celebrar una Misa y encontrarse con personas enfermas en Pompeya, el Santo Padre se desplazó a la ciudad de Nápoles para mantener un encuentro con el clero en el Duomo y, posteriormente, con la ciudadanía en la céntrica plaza del Plebiscito.
Durante su visita a la catedral, el Pontífice besó la reliquia de San Genaro y la elevó ante los presentes para impartirles la bendición. Según informó la Diócesis de Nápoles, la sangre de San Genaro ya se había licuado el pasado 2 de mayo, cuando volvió a repetirse el tradicional milagro asociado al santo patrono.
Tradicionalmente, la sangre de San Genaro —conservada en dos ampollas en la catedral napolitana—, se licúa tres veces al año.
Suele ocurrir el 19 de septiembre, aniversario de su martirio; el 16 de diciembre, con motivo de la fiesta de su patronazgo; y el sábado anterior al primer domingo de mayo, en memoria de la traslación de sus reliquias a Nápoles.
Para los napolitanos, este fenómeno es considerado desde hace siglos un signo de protección y buen augurio para la ciudad. Por el contrario, cuando la licuefacción no se produce —como ocurrió el 16 de diciembre de 2020— muchos habitantes lo interpretan como una señal preocupante.
Ante estas situaciones, la Iglesia ha insistido en evitar interpretaciones supersticiosas y en centrar la atención en el valor espiritual de la devoción al santo.
En su saludo al Papa León XIV este viernes, el Cardenal Domenico Battaglia, Arzobispo de Nápoles, subrayó que San Genaro “recuerda a esta Iglesia que la fe no es costumbre, sino elección. No es protección, sino don. No es refugio, sino valentía dentro de la historia”.
El milagro de mayo se produjo el pasado sábado a las 17:03, cuando el Cardenal Battaglia agitó el tradicional pañuelo blanco desde el atrio de la catedral y mostró la ampolla a los fieles, confirmando que la sangre del santo se había licuado.
Posteriormente, tuvo lugar la solemne procesión con el busto dorado de San Genaro hasta la Basílica de Santa Clara, donde se celebró una Misa en honor al patrón de Nápoles.

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