Doctrina Social de la Iglesia y Justicialismo

Doctrina Social de la Iglesia y Justicialismo

Por Jorge Gustavo H. Perera

El General Juan Domingo Perón en "El Peronismo y la Doctrina Social Cristiana", expone la identificación de su concepción política con la Doctrina Social de la Iglesia Católica. En el discurso pronunciado el 10 de abril de 1948 ante el Episcopado argentino, en oportunidad de entregar un pectoral a Monseñor Nicolás de Carlo, Obispo de Resistencia, en reconocimiento por su cristiana obra social, trató sobre las relaciones entre el Estado y la Iglesia; la esencia cristiana del Justicialismo y la estructura moral del pueblo argentino.

Haciendo clara referencia a la diáfana distinción entre las jurisdicciones civil y espiritual, cita, tal como expresa, las palabras del Divino Maestro, recogidas en el versículo 21 del capítulo 22 del Evangelio de San Mateo: “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”

Expresa que nuestras normas morales {dignidad de la mujer, carácter sacramental del matrimonio, defensa de la familia y de la infancia, respeto a la libertad individual, responsabilidad social de la propiedad privada, dignidad del trabajo humano, etc.}, tienen su origen y fundamento en los mandamientos y preceptos de la confesión cristiana. “Creerá cada cual que su moral es la mejor, pero nadie dirá que, en muchos aspectos, sea la misma.”

Expresa que siempre ha deseado inspirarse en las enseñanzas de Cristo y acota “Conviene destacar que no todos los que se llaman demócratas lo son en efecto, comono todos los que se llaman católicos se inspiran en la doctrina cristiana.” “Nuestra religión es una religión de humildad, de renunciamiento, de exaltación de los valores espirituales por encima de los materiales. Es la religión de los pobres, de los que sienten hambre y sed de justicia, de los esheredados.” Haciendo referencia a la epístola del Apóstol Santiago, manifiesta su emoción ante la prescripción de “no queráis conciliar la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo con la acepción de personas. … Pues “Dios eligió a los pobres en este mundo para hacerlos ricos en la fe y herederos del Reino…” Hace referencia seguidamente, al trato conferido por el Justicialismo, a quienes visten humildemente; a los que sobrellevan las asperezas de la vida y a quienes se ha hecho escarnio con aviesa intención política.

Transcribe un fragmento de la Primera Epístola de San Pablo a Timoteo: “6:17 A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. 6:18 Que hagan bien, que sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; 6:19 atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano de la vida eterna.” y observa su acción en favor de la equidad distributiva, reclamando en ese sentido, el acompañamiento del Episcopado argentino. Recuerda la admonición del Apóstol Santiago: “Sabed que el jornal que no pagasteis a los trabajadores que segaran vuestras mieses, está clamando contra vosotros y el clamor de ellos ha penetrado en los oídos del Señor de los Ejércitos.” “Es preciso que los ricos sean menos ricos, para que los pobres sean menos pobres.” San Juan Crisóstomo o Juan de Antioquia (Antioquia, Siria; 347 - 14 de septiembre de 407), religioso cristiano, patriarca de Constantinopla, afirmaba que “en el origen de todas las fortunas, existe la injusticia, la violencia y el robo” y San  Ambrosio de Milán (Tréveris, ca. 340 - Milán, 397), arzobispo de Milán, teólogo y orador; uno de los cuatro Padres de la Iglesia Latina, que “de los hambrientos es el pan que tu tienes detenido; de los desnudos, las ropas que tienes encerradas; de la redención y absolución de los desgraciados, es el dinero que tienes enterrado.”

El heroísmo en la generosidad, se patentiza en: “En verdad os digo que esta pobre viuda ha echado más en el arca que todos vosotros, por cuanto los demás han echado algo de lo que les sobraba, pero ésta ha dado de su misma pobreza todo lo que tenía, todo su sustento.” “A la Iglesia, le ha de ser más fácil el retorno a la pureza inicial de su doctrina, porque es única” y por consiguiente, constantemente la misma. Siempre su contenido social, ha repudiado la riqueza y exaltado el valor del trabajo. Dice el Señor: “No os proveáis de oro, ni plata, ni cobre en vuestros cintos; ni de alforja para el camino, ni de dos túnicas, ni de calzado, ni de bordón; porque el obrero es digno de su alimento (sustento)”. Sólo el trabajo, es fuente de subsistencia; así lo expresa San Pablo en el capítulo tercero, versículo 10 de su Segunda Carta a los Tesalonicenses: “El que no trabaja, que no coma.” Recuerda asimismo el General Perón: “Reunid más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben, porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

El 29 de octubre de 1950, Año del Libertador General José de San Martín, participó de los actos de clausura del V Congreso Eucarístico Nacional en la Ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe, expresando que cumplir con las formas que el Cristianismo prescribe, no implica ver en Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida, ni cumplir con el precepto del amor al prójimo. Reconoce a la persuasión como estrategia para alcanzar el cristianismo práctico justicialista; descarta por contradictorio, el empleo del poder, la fuerza o la violencia y redobla su sanción a la codicia y avaricia de los hipócritas.

En la oración que pronunció en oportunidad de la clausura del referido V Congreso Eucarístico Nacional, manifiesta ante Dios, su solidaridad con el pueblo y su acompañamiento esperanzado y ferviente, durante las variadas experiencias de la vida. Agradece al Señor Providente, la paz y la fortaleza que han acompañado al cambio social, justo y fraterno y ruega a favor de las luchas por la dignidad del hombre libre, en una nación bendecida en su soberanía y en sus recursos. Ruega por que la fecundidad de la tierra que provee las especies eucarísticas, anide también en el corazón de todos los seres humanos, en virtud del amor que se guarda a Cristo, el Buen Pastor. Como el Rey Salomón, pide la luz inspiradora para que todos los gobernantes, sirvan lealmente al pueblo. Finalmente hace, consciente y responsablemente, la ofrenda de su propia vida, en beneficio de la grandeza y felicidad de la patria y del pueblo, cuyos destinos encomienda al Divino Corazón de Dios.

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