Un cardenal pide más diálogo con el islam para la paz mundial

Un cardenal pide más diálogo con el islam para la paz mundial

Jean-Louis Taurán, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, instó a un mayor compromiso de los referentes religiosos en esta tarea. Reconoció que el Vaticano estudia una propuesta de “diálogo permanente” con los sunitas iraquíes.

En un mundo marcado por guerras y violencia, los responsables de las diferentes religiones deben comprometerse en el diálogo para la construcción de un mundo de paz. Es el mensaje que lanzó el cardenal Jean-Louis Tauran, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo interreligioso, intervino esta en un congreso organizado por la Comunidad de Sant’Egidio y la Imam al-Khoei Foundation, fundación internacional cercana a la mayor autoridad del Islam chiita, el Gran Ayatollah Alí Sistani, titulada «Católicos y chiitas en diálogo sobre las responsabilidades de los creyentes en un mundo plural por la paz».

El purpurado francés, que recibió en la sede del dicasterio vaticano a una delegación de esta fundación, explicó: «El Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso está estudiando la propuesta, hecha por nuestros interlocutores chiitas, de establecer un diálogo permanente entre ambas partes, y estamos reflexionando para invitar a los sunitas de Irak». El purpurado, con una sólida experiencia en la diplomacia vaticana, comenzó sus reflexiones con las «imágenes de las guerras y de la violencia» que caracterizan este periodo historico. «Pensemos en las cifras de la guerra en Siria, conflicto del que se cumplirán cinco años: más de 125 mil víctimas (una tercera parte civil), y entre ellas hay más de 10 mil niños. Cuatro millones de personas han huido de Siria, de los cuales un millón se encuentra en Líbano; siete millones de desplazados internos. El 60% de la población vive en la pobreza y dos millones de personas están expuestas a la violencia. Faltan agua y medicinas. Una situación que, con otros países afectados por la guerra (pienso por ejemplo en Irak, Yemen, Somalia, Afganistán, Nigeria), nos impulsa a preguntarnos: ¿de dónde viene la guerra?». Además de la respuesta que se encuentra en el Nuevo Testamento («¿Acaso no derivan de las pasiones que se agitan en sus miembros?»), Tauran subrayó que «entre los motivos del conflicto están la injusticia, la lucha por los recursos naturales, el comercio de armas. Para permanecer en el ámbito de los conflictos de carácter religioso, o presunto, hay que decir que uno de los episodios más tristes es cuando los líderes religiosos incitan a la violencia. Pienso en Paquistán, en donde algunas personas fueron quemadas por acusaciones de blasfemia».

Tauran también subrayó que «el papel de los responsables religiosos es el de proteger la paz. Tenemos la obligación de favorecer la paz, sobre todo en tiempos de crisis como los actuales». Por el contrario, insistió el purpurado, «cuánta pena provocan las escuelas religiosas de algunos países que se convierten en semilleros del extremismo». Tauran citó las palabras que pronunció Papa Francisco durante el Ángelus del primero de septiembre de 2013, cuando convocó a una vigilia de oración por la paz en Siria: «¡Nunca más la guerra! La paz es un don demasiado precioso, que debe ser promovido y tutelado».

Jawad Al-Khoei, Secretario general del Al Khoei Institute de Irak, indicó por su parte cinco pistas para reflexionar sobre la convivencia no solo nivel teórico, sino también para contrarrestar prácticamente el peligro del extremismo. Subrayó los «denominadores comunes» del chiismo imanita y del catolicismo, para insistir en la importancia de la «inclusión» en los encuentros de diálogo entre musulmanes y cristianos, que incluyan no solo a los intelectuales y religiosos, sino también a los artistas, a los responsables de la sociedad civil, a los obreros, con el fin de dar una «vasta base popular al diálogo». Al-Khoei insistió en la necesidad de contrarrestas el terrorismo y el extremismo, que nacen «de la ignorancia de la enseñanza religiosa y de la ignorancia del otro», por lo que es fundamental «aceptar el pluralismo como principio divino y humano». Al final subrayó además la importancia de una «comunicación constructiva», puesto que los «estereotipos y las falsas ilusiones» que pueden provocar incomprensiones entre grupos religiosos diferentes nacen justamente de la falta de una comunicación vigorosa.

«Este mundo necesita también hombres y mujeres aventureros», dijo el fundador de la Comunidad Sant’Egidio, Andrea Riccardi. Sin embargo, «hombres y mujeres desubicados sienten la atracción del fanatismo violento. En el mundo global, el hombre no soporta no tener raíces y se refugia en el fanatismo. Pero esta es una perversión de las religiones». Por ello, «es necesario preguntarse cuál es la responsabilidad de los creyentes frente a un mundo plural». Esta pregunta es muy urgente puesto que «un capitalismo global sin humanismo crea situaciones intolerables». En este momento, pues, en el que los cristianos de Paquistán, de Irak, de Nigeria, así como los musulmanes chiitas, viven «momentos de prueba», no es posible «permanecer inertes, sin vivir la responsabilidad social, y las religiones no pueden permanecer aisladas».

Participó en el congreso una decena de rignatarios religiosos chiitas de relieve, provenientes de Irán (estuvo presente Abol Hassan Navvabm, rector de la Universidad de las religiones de Qom), Irak, Líbano, Arabia Saudita, Bahrein y Kuwait. También estuvieron presentes eminentes personalidades católicas, como el cardenal alemán Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania (y que acaba de ser confirmado como presidente de los episcopados europeos, Comece), el cardenal arzobispo de Nápoles, Crescenzio Sepe, y mons. Vincenzo Paglia (presidente del Pontificio Consejo para la Familia). Por parte de la Comunidad de Sant’Egidio participaron su fundador, Riccardi, el presidente, Marco Impagliazzo, y don Vittorio Ianari.

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