Los medios vaticanos entrevistaron a Alessandro Banfi, editor del libro "Desarmados y desarmantes. La paz es un don", publicado por la LEV. "La paz es un don, pero también una responsabilidad, y el Papa", afirma el periodista y autor, "está lejos de una concepción utópica o ideológica. La paz de Cristo se consigue mediante el sacrificio".
Hoy, martes 21 de julio, Alessandro Banfi recibe numerosas entrevistas. Es periodista, guionista de televisión, director de comunicación de la Fundación Oasis y editor del libro recientemente publicado sobre León XIV, «Desarmada y desarmante. La paz es un don». El texto incluye la introducción inédita del Papa. «Para mí», confesó inmediatamente en directo durante la emisión de Radio Vaticana, «esta antología ha sido un honor», en la que «la palabra verdad» es, de hecho, la protagonista. Finalmente, comentó la cita de Bob Dylan: «León ama la poesía».
El Papa nos recuerda que el primer regalo que Cristo resucitado ofreció a sus amigos y al mundo entero fue la paz. Un don que, sin embargo, especifica León XIV, no se puede comprar ni vender, pues no tiene precio comercial ni es un artículo de consumo ¿Debemos, Alessandro, aprender entonces a mirar la cruz para convertirnos en artífices de la paz?
Sí, esta es la gran diferencia entre la paz que propone la Iglesia y un irenicismo genérico y bienintencionado. La paz de Cristo se manifiesta a través de un sacrificio unilateral, el del siervo sufriente. La paz, en otras palabras, es un don, pero también una responsabilidad, una respuesta a ese don, como sugiere la etimología de la palabra responsabilidad y, al mismo tiempo, esta postura pacifista no oculta la violencia de la vida. No se trata de una negación irreal del mal o del odio, sino que los trasciende, y este es el punto clave del Papa en el pasaje que citaste. Está muy alejada de una concepción utópica o ideológica.
Alessandro, ¿qué te impulsó a editar este volumen? ¿Qué exigencia?
Me encantó la idea de reunir las palabras clave de este pontificado en un solo volumen, conciso y bien estructurado. Las palabras se dividieron en capítulos, donde todas las intervenciones del Papa, desde el discurso institucional al cuerpo diplomático en la Jornada Mundial de la Paz, hasta su visita a una parroquia o su diálogo con jóvenes en Tor Vergata, subrayaron la centralidad de este tema. Situaciones diferentes, énfasis distintos, pero una misma preocupación: construir diálogos, puentes e intercambios, invitando a todos a liberarse del paradigma amigo-enemigo. Pienso también en sus primeros viajes al Líbano y a Turquía, así como en el de Argelia, donde el testimonio de los mártires se combinó con referencias a San Agustín.
En el libro, el Papa León XIV subraya que la paz, ante todo, es una responsabilidad. Hay un pasaje que me impactó profundamente: «Si nuestro primer instinto ante un problema, una tensión o una ofensa es juzgar, acusar e incluso condenar a los demás, inevitablemente surgirá a nuestro alrededor la indiferencia y luego el odio». El Papa cita entonces a San Agustín, quien nos exhortó a cambiar los tiempos, a dejar de quejarnos. ¿Cómo podemos lograrlo?
Con decisiones concretas. Me impactó profundamente, en su introducción inédita a este libro, la mención del Papa León del episodio histórico, algo olvidado, en el que un funcionario soviético, en 1983, desobedeciendo órdenes, evitó una guerra nuclear con Estados Unidos. Comenta este hecho real y en un momento dado escribe: «La conciencia de un solo hombre puede valer más que el mundo entero». Esta idea, esta consciencia, da esperanza; está en la mente del ser humano; nos ofrece la perspectiva adecuada para un horizonte de paz. El fin de la guerra, el fin del odio y la violencia empieza conmigo, con mi hogar, con mis compañeros, con mis vecinos, y no hay paz sin justicia.
El periodista y escritor Alessandro Banfi
El Santo Padre nos recuerda entonces que la paz se construye, se edifica. Escribe: «Con la verdad, incluso quienes hacen la guerra afirman actuar en nombre de la paz. Nadie tiene la audacia de declarar que quiere la guerra por la guerra misma». Así pues, les pregunto: hoy, ¿acaso tememos pronunciar la palabra verdad? ¿Qué tan desarmante resulta hablar de la verdad?
¡Sin duda! Uno de los capítulos que más satisfacción me produce en esta antología, que tuve el honor, el gran honor, de escribir, es precisamente el dedicado a la información en tiempos de guerra. Y esto tiene que ver con la verdad. Y también con el trabajo que he realizado durante muchos años. Lo llamábamos propaganda e información, la guerra de palabras. El Papa insistió mucho, invitándonos a invertir la perspectiva de quienes informan sobre los conflictos. No como se podría describir un videojuego, dice, sino poniéndonos en el lugar de las víctimas, en la mirada de quienes son víctimas. Personas reales, por lo tanto. La referencia a las personas que son víctimas de la guerra, de carne y hueso, mujeres y niños. La palabra "enemigo", como siempre, en todas las guerras, esconde una abstracción. La incapacidad de ver que esa persona es un ser humano, como yo.
Alessandro, en fin, una cita de Bob Dylan. ¿Te lo esperabas?
Me sorprendió, pero quizás no debería haberme sorprendido tanto, porque no se trata solo de un Papa estadounidense, sino de un Papa que ha vivido profundamente la cultura de su país, a pesar de tener inmigrantes en su familia de origen. Este es un Pontífice que realmente sabe cómo tocar todas las teclas de la cultura contemporánea. Basta con pensar en su encuentro con el actor Banderas en su último viaje a España, o en el encuentro con los escritores, donde estuvieron presentes los nombres más importantes del mundo. Cuando leí la referencia al antinuclear Bob Dylan, me vino a la mente aquella gran época. Bob Dylan escribió este texto en 1962. En aquellos años hubo momentos de gran tensión, como la crisis de los misiles cubanos, pero también momentos en los que el deseo de desarme bilateral era muy sincero y se sentía en todo el mundo. Por último, les diré que, como hijo de Agustín, este Papa ama la poesía. Agustín fue un gran poeta, además de un gran Padre de la Iglesia.

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