Venezuela: la Iglesia se organiza para abrazar a los damnificados por los terremotos

Venezuela: la Iglesia se organiza para abrazar a los damnificados por los terremotos

Parroquias y comunidades se han convertido en centros de acopio y lugares de refugio. Cáritas Venezuela activó el llamado Plan 24x24, para la entrega de ayuda en las zonas afectadas y foco en la recepción, clasificación y preparación de nuevos insumos.

El pasado 24 de junio, dos fuertes terremotos sacudieron el norte de Venezuela con apenas unos segundos de diferencia, provocando una emergencia humanitaria que sigue creciendo con el paso de los días. Las zonas más afectadas se concentran en La Guaira, Caracas y otros estados del centro y norte venezolano, donde miles de familias han perdido seres queridos, vivienda, templos, escuelas y hospitales.

Aunque en han trascendido testimonios de milagros y encuentros, las autoridades venezolanas reportaron más de 3,300 fallecidos, más de 16 mil heridos y miles de personas sin hogar. Las cifras, sin embargo, permanecen abiertas pues continúan las labores de búsqueda, identificación de víctimas, atención médica y evaluación de daños.

Lamentablemente, la tragedia golpea a un país que ya venía cargando una larga crisis social, económica y humanitaria. Por eso, el terremoto no solo derrumbó edificios, también dejó al descubierto la fragilidad de tantas familias que ya vivían con acceso limitado a servicios básicos, medicinas, alimentos, agua potable y atención sanitaria.

En medio de este escenario, la Iglesia católica ha comenzado a organizar una respuesta de emergencia a través de sus diócesis, parroquias, comunidades religiosas y, de manera especial, Cáritas Venezuela.

El impacto del doble sismo ha sido devastador. La Guaira, una de las zonas más afectadas, se ha convertido en un símbolo del dolor nacional. Allí se han registrado derrumbes, daños severos en la infraestructura de edificios, personas desaparecidas, hospitales saturados y familias enteras desplazadas.

La situación sanitaria preocupa especialmente. Diversos reportes advierten que algunos centros de salud resultaron dañados y que otros siguen funcionando bajo fuerte presión, con sobrecupo, falta de insumos y personal médico afectado por la misma emergencia.

También la Iglesia ha sufrido por la situación. Según testimonios recogidos de medios vaticanos, numerosas iglesias resultaron dañadas y algunas deberán ser demolidas. En Caracas se calcula que, al menos 25 templos presentan afectaciones, mientras que, en la Guaira algunas comunidades parroquiales quedaron prácticamente desarticuladas por la pérdida de viviendas y desplazamiento de los fieles.

Aun así, la respuesta eclesial no se ha detenido. Desde las primeras horas, parroquias y comunidades se han convertido en centros de acopio, espacios de oración, lugares de refugio y puntos de acompañamiento para quienes no saben aún dónde dormir, cómo encontrar a sus familiares o cómo empezar de nuevo.

Cáritas Venezuela ha insistido en una idea clave: en una emergencia de esta magnitud no basta con que exista la ayuda. La hay, de dentro y fuera del país; debe llegar con orden, transparencia y rapidez a quienes más la necesitan.

Por eso, este organismo de caridad activó el llamado Plan 24x24, una estrategia de respuesta organizada en ciclos alternos: 24 horas dedicadas a la entrega de ayuda en las zonas afectadas y 24 horas enfocadas en la recepción, clasificación y preparación de nuevos insumos. El objetivo es evitar que los donativos se acumulen en almacenes y garantizar un flujo constante hacia las comunidades golpeadas.

La ayuda prioritaria incluye alimentos, agua potable, medicamentos, kits de higiene, artículos de abrigo, enseres básicos y acompañamiento humano. Porque quienes han perdido todo no necesitan únicamente cosas. Necesitan también ser escuchados, contenidos y sostenidos en medio del shock.

Cáritas ha expresado que su misión en este momento es clara: permanecer al lado del que sufre, especialmente los más vulnerables. Y ha agradecido la reacción de miles de venezolanos quienes, aún teniendo poco, han compartido lo que tienen: vecinos rescatando a sus vecinos familias abriendo sus casas, voluntarios entregando tiempo y fuera, comunidades parroquiales organizando ayuda.

La respuesta sin embargo no se ha limitado al territorio venezolano. El Papa León XIV envió ayuda económica inicial a través de la Limosnería Apostólica, como gesto de cercanía concreta con las víctimas.

En México, la Conferencia del Episcopado Mexicano y Cáritas Mexicana, llamaron a las diócesis, parroquias, congregaciones religiosas, movimientos y fieles a unirse en oración y solidaridad efectiva. La Iglesia mexicana expresó su cercanía con los obispos y el pueblo de Venezuela, invitando a canalizar la ayuda a través de Cáritas.

Incluso los obispos de Estados Unidos se pronunciaron. Mons. A. Elias Zaidan, presidente del Comité de Justicia Internacional y Paz de la Conferencia Episcopal Estadounidense, pidió a la comunidad internacional movilizarse en apoyo al pueblo venezolano y enviar asistencia humanitaria. Catholic Relief Services, organismos de ayuda internacional de la Iglesia de Estados Unidos, trabaja junto con Cáritas Venezuela para responder a las necesidades más urgentes.

Esta red eclesial permite algo fundamental en situaciones de desastre: llegar a comunidades donde otras estructuras tardan más en entrar, especialmente en zonas vulnerables, barrios populares, sectores aislados y familias que han quedado fuera de los circuitos de ayuda.

Los venezolanos necesitan alimentos, agua, medicinas, refugio y atención médica. Pero también necesitan algo que no siempre aparece en los balances oficiales: consuelo.

Detrás de cada cifra hay un nombre, una familia, una historia interrumpida. Hay personas que buscan a sus seres queridos. Hay niños que no entienden por qué su casa ya no existe. Hay ancianos que han perdido el lugar donde pensaban pasar sus últimos años. Hay comunidades enteras que tendrán que aprender a vivir después del miedo.

La caridad y el servicio que, como Iglesia podamos prestar, no borra la tragedia, pero impide que el sufrimiento quede abandonado. Y en momentos como este, cada donativo, cada oración, cada gesto de apoyo a cada comunidad que se organiza se convierte en una forma concreta de decirle al pueblo venezolano: la Iglesia camina con ustedes.

La caridad cristiana no borra la tragedia, pero impide que el sufrimiento quede abandonado. Y en momentos como este, cada donativo, cada oración, cada gesto de apoyo y cada comunidad que se organiza se convierte en una forma concreta de decirle al pueblo venezolano: la Iglesia camina con ustedes.

¿Cómo ayudar a Venezuela?

Cáritas Venezuela mantiene abierta una campaña de solidaridad para recibir donativos y sostener la ayuda de emergencia en las zonas afectadas.

Las donaciones podrás realizarse a través de Cáritas Argentina como de manera directa a Cáritas Venezuela.

La institución caritativa nacional informó que, ante las consultas recibidas, "por el momento no se están recibiendo donaciones en especie".

"En este tipo de emergencias -aclaró- el aporte económico es la forma más eficaz de ayudar, ya que permite adquirir los insumos necesarios en el territorio, responder con mayor rapidez a las necesidades específicas de las comunidades afectadas y fortalecer la asistencia local".

¿Cómo donar?

Banco ICBCN° de Cuenta: 0546-02100573/61CBU: 0150546702000100573615Alias: CARITAS.ICBC2A nombre de: Cáritas Argentina

Donación directamente a Cáritas Venezuela

Beneficiario: A.C. Cáritas de VenezuelaRIF: J-30485697-0Correo electrónico: [email protected]

Cuenta en Dólares (u$s)

Nombre del Banco: Pacific National BankDirección del Banco: 1390 Brickell Ave, Miami, FL 33131Número de Ruta / ABA: 066011350Swift del Banco: PACIUS3MNombre de la Cuenta: ASOC. C. CARITAS DE VENEZUELADirección de la Cuenta: AV PAEZ DEL PARAISO EDIF CONFERENCIA EPI VEN PISO PB LOCAL S/N URB MONTALBAN II CARACAS 1020 VENEZUELANúmero de Cuenta: 1437054

Más información, en www.caritas.org.ar y redes sociales.

También se puede apoyar desde Estados Unidos mediante Catholic Relief Services.

La recomendación principal es no organizar envíos de víveres, ropa o medicinas sin coordinación previa. En una emergencia, la solidaridad debe llegar de manera ordenada. Lo más prudente es apoyar a través de Cáritas, parroquias, diócesis u organizaciones humanitarias verificadas.

 

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