La decisión, después del encuentro en el Vaticano entre Papa Francisco y Aung San Suu Kyi. El cardenal Bo: «Un paso importante para contribuir a la paz en el país»
Por PAOLO AFFATATO
El camino fue preparándose desde hace tiempo y ahora la meta ha llegado con facilidad. La Santa Sede y la República de Myanmar (ex Birmania) entablan relaciones diplomáticas. El encuentro en el Vaticano entre Papa Francisco y la lideresa birmana Aung San Suu Kyi, Consejera y ministra de exterior, fue decisivo, como refiere una nota de la Sala de prensa de la Santa Sede.
El camino de acercamiento diplomático entre ambos estados comenzó a parecer posible desde otoño de 2015, cuando ganó las elecciones democráticas la Liga Nacional por la Democracia, el histórico partido de Aung San Suu Kyi, Premio Nobel de la Paz que estuvo durante años en la oposición durante el largo periodo del gobierno de la junta militar.
En los últimos meses, este proceso se aceleró: en febrero el Nuncio apostólico en Thailandia, Paul Tsang-in Nam, delegado para Myanmar y otros países del sureste asiático, hizo oficial la petición del gobierno birmano y, poco después, el ejecutivo anunció que Myanmar, durante 2017, habría entablado relaciones diplomáticas con siete estados, entre los cuales estaba el Vaticano.
Con el encuentro de hoy entre el Papa y Aung San Suu Kyi concluyó el proceso que contó con el sabio y discreto tejido de relaciones que llevó a cabo el cardenal birmano Charles Maung Bo (que fue creado cardenal por Papa Francisco), arzobispo de Yangon y buen amigo de la lideresa birmana.
El cardenal Bo afirmó a Vatican Insider: «Ha sido un proceso muy veloz y sin obstáculos. Estamos muy contentos y todos los birmanos lo están. Es un evento importante para toda la nación, no solo para los católicos. Estamos convencidos de que será un paso útil para dar una contribución a la paz y a la armonía religiosa en nuestro país».
«Se abren nuevas puertas para el reconocimiento de los cristianos en el país –prosiguió Bo– y es un paso hacia adelante fundamental, si pensamos en los años durante los que los que creen en Cristo fueron discriminados y marginados. Nuestra presencia pretende dar una contribución en la construcción de una nación pacífica, reconciliada, justa, que respete la dignidad y los derechos de todos».
En particular, observó el cardenal, la comunidad católica (500 mil bautizados, que representan alrededor del 1% de la población), «pretende das un aporte a la nación comprometiéndose en el campo de la instrucción, invirtiendo en escuelas privadas. Hablaremos de ello con el gobierno y podremos discutir también sobre la restitución de los institutos nacionalizados y confiscados en 1962».
El establecimiento de relaciones diplomáticas llegó en este 2017, año que la Iglesia birmana delcaró como “Año de la paz”, recordó el obispo John Hsane Hgyi, que guía la diócesis de Pathein y encargado de la Comisión para el diálogo interreligioso y el ecumenismo de la Conferencia de los obispos birmanos.
El obispo elogió los pasoa que ha dado el ejecutivo de Yangon y dijo que se trata de «una evolución positiva». También expresó su confianza por Aung San Suu Kyi: «La gente confía en ella, y a su lado hay mucha gente de buena voluntad, que está trabajando por el bien común del país», indicó Hsane Hgyi, afrontando el tema crucial de la reconciliación nacional, que será una de las pruebas que tendrá que superar el nuevo ejecutivo democrático birmano.
El obispo también defendió a Aung San Suu Kyi de las críticas que le hicieron algunas organizaciones no gubernamentales cuando la acusaron de haber negado la presunta limpieza étnica que se está verificando en contra de la minoría de los musulmanes rohinyá, en el estado de Rhakine, en el sur del país: «Creo que el gobierno birmano y Aung San Suu Kyi conocen la situación local y puede expresarse con conocimiento de causa. Claro, estamos a favor de una misión de la ONU al lugar, para averiguar lo que pasó, para ver y comprender mejor lo que está sucediendo». Sobre la delicada cuestión de los rohinyá, sobre la que Papa Francisco se ha expresado en el pasado, «la Iglesia católica expresó la máxima solidaridad por su sufrimiento y espera soluciones que respeten la dignidad de todos, según criterios de paz y justicia», indicó.

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