El Obispo de Mar del Plata manifestó su dolor y preocupación ante los recientes hechos que conmocionaron a la sociedad.
El obispo de Mar del Plata, Monseñor Antonio Marino, expresó a través de un comunicado su pesar y preocupación ante los hechos sucedidos y que tanto han dolido en la sociedad marplatense.
El representante de la Iglesia de Mar del Plata, manifestó que “en medio de estos días de una inusitada violencia, crueldad y dolor quiero desde mi humilde lugar acompañar de corazón a las familias que están siendo víctimas del flagelo de las drogas y de la violencia”.
Monseñor Marino remarcó que “hay adolescentes que son víctimas de la maldad indiscriminada del crimen organizado, del tráfico de estupefacientes y de la trata de personas”.
Ante ese contexto, el prelado consideró que “como sociedad tenemos que comprometernos a luchar por el bienestar de nuestros hijos dejando de lado sectarismos partidarios e intereses mezquinos”.
“Hoy nuestra juventud está siendo severamente amenazada por estas plagas que sólo serán vencidas si estamos unidos por vínculos fuertes entre todos los argentinos, si fortalecemos la familia y sus valores, si nos comprometemos con la misericordia y el amor, y si llenamos la vida de sentido”, consignó en otro tramo del comunicado.
Para el Obispo “no podemos dejar abandonados a nuestros niños y adolescentes, no podemos dejar solas a las personas que más sufren en tantas ‘periferias existenciales’, debemos reforzar el camino de la prevención”.
Ante lo expuesto, Monseñor Marino pidió “no sólo acompañar verbalmente a tantas víctimas que viven en la vulnerabilidad, pido sobre todo, como lo ha hecho el Papa Francisco recientemente, el comprometernos decididamente a luchar contra el flagelo de la droga y el crimen en cualquiera de sus formas. Hay proyectos, hay acciones, pero es evidente que no alcanza con la simple ‘buena voluntad’. Lo vemos diariamente en los rostros de tantas personas que sufren como víctimas de la barbarie”.
“Debemos empeñarnos en cambiar la realidad que nos golpea la puerta de un corazón que no puede seguir indiferente y endurecido. El mal se propaga y no podemos ser testigos silenciosos de la muerte de los hijos de nuestra sociedad. Si no se nos hace carne su dolor, envueltos en el egoísmo y la indiferencia, poco esperanzador se hace el futuro”, destacó.
Finalmente, “rezo por cada uno de los hijos y padres que son violentados por este doloroso tormento y los exhorto, como vecinos, a asumir con valor el compromiso que la historia nos presenta”.


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