“Los más pobres son los que sufren más el peso de la adicción”, alertó monseñor Dus

“Los más pobres son los que sufren más el peso de la adicción”, alertó monseñor Dus

En una entrevista con el diario chaqueño Primera Línea, el arzobispo de Resistencia, monseñor Ramón Dus, destacó la tarea que realiza la Iglesia para combatir los flagelos de la drogadicción y la pobreza, y alertó que “los pobres son los que sufren más el peso de la adicción”.

“La Iglesia pega fuerte con la línea que nos va marcando Francisco. Animarse a un compromiso de transformación social. Que las situaciones de pobreza nos interpelen a hacer algo. El momento actual no nos ayuda a hacer cosas, es cierto, pero nos falta el riesgo de soñar de encarar un desafío, subrayó. 

Monseñor Dus habló también sobre el presente de la Iglesia y su papel en la vida de las sociedades, destacó la prédica y la labor del papa Francisco, y habló sobre los medios de comunicación y de la posición sobre los nuevos conceptos de familia. 

- ¿Cuál es su lectura sobre lo debatido en esa conferencia? 

- Es cierto que estos temas tuvieron mucho eco adentro pero no fue el tema central. Hicimos hincapié en eso. Animarse a declarar la emergencia nacional para atender la problemática de la drogadicción, de las adicciones que no son atendidas, sobre todo a nivel estatal. Pedimos una intervención más directa y más comprometida, evaluando lo que se destina económicamente a la lucha contra el narcotráfico, que es mucho, es desproporcionado tal vez con lo que se ofrece para atender a los chicos y jóvenes afectados desde lo público, desde lo social; a las ongs y a las iglesias que los acompañan y les hacen una propuesta para ayudarlos a salir de ese ámbito. Es una llamada de atención para que el Estado se haga cargo de una política pública más incisiva desde la educación como también de una mejor atención a los jóvenes. 

- ¿Cómo trabaja acá la Iglesia en ese sentido? 

- Nosotros tenemos mucho eco de distintas maneras. Trabajamos con el refugio San José que lleva adelante el padre Juan José Cripa, en Tirol. Tiene un equipo. Funciona como una fundación y tiene una comunidad de internos por un año para recuperación. Tiene la relación con la familia y una relación permanente con el joven y su entorno luego que salen. Hay otro grupo en la parroquia Santa Cruz, "Pescador de Hombres”. En realidad brinda una atención ambulatoria que deriva hacia otros centros, más importantes. Trabajando con ayuda de la comunidad y la familia. Desde el punto de vista eclesial estamos trabajando con el apoyo de la comunidad y del Gobierno en General San Martín, donde hay una casa de recuperación y que está comenzando a funcionar bien. 

- ¿Tienen número concretos sobre la cantidad de jóvenes que se drogan en esta zona del país? 

- No tenemos números concretos. Apoyamos al Foro del Hombre Libre que está conformado por padres y de familias. Sale de la iglesia (esta fuera), pero convergemos en apoyar esta urgencia de enfrentar el flagelo y de prevenir. Como iglesia acompañamos y apoyamos. No conozco que en estas ONG tengan números concretos. Faltan datos concreto s y especialmente, seguros. 

- ¿Cómo es la relación Iglesia y pobreza? 

- El crecimiento de la pobreza es en todos los estratos, pero los más pobres, ciertamente, son los que sufren más el peso de la adicción; y además la falta de medios para salir de esa situación debido a que son más desvalidos. Los más pobres son los que más sufren el peso de la adición y la falta de medios para salir de ese ambiente. 

- ¿Cuál es la idea que tiene usted, como pastor, del modo para sacar a tanta gente de la pobreza? 

- Es un tema de fondo sobre lo que hay que reflexionar. En la pastoral hablamos no hace mucho dentro de este contexto internacional nacional y provincial sobre qué vías de progreso y de salida de la pobreza tenemos. Chaco esta en un contexto donde las infraestructura sociales y las que pueden promover un progreso abierto para todos son escasas todavía. No tenemos industrias, ni la infraestructura economía que pueda facilitar que las industrias vengan a instalarse. No tenemos caminos, servicios, agua, energía. Dependemos de la dádiva, del apoyo nacional y este es un rasgo que el Gobierno provincial no puede evitar. 

- ¿Estamos condenados entonces? 

-No, hay que ir desarrollando de a poco todo esto. Pero hay otro aspecto importante: Desde el punto de vista social es bueno darnos cuenta, abrirnos un horizonte y descubrir adonde apuntar. Hay que apuntar a la educación sobre todo y a la conciencia de lo que necesitamos; y por eso una de las prioridades del Documento del Bicentenario es la educación, es lo único que nos salva. También se impone un compromiso de los profesionales; muchos sólo piensan en trabajar en el estado. Necesitamos que sientan otra cosa, que tengan ganas de seguir creciendo, de trabajar en lo privado; empujar entre todos para abrir caminos, de lo contrario seguimos fortaleciendo la dependencia. Como un ejemplo, acá tenemos nuestro interior chaqueño que sufre muchos problemas en materia de salud, educación, futuro para los jóvenes y creo que en este aspecto debemos comprometernos, sobre todo los que podemos, para dar más. Vemos que muchos de esos jóvenes se van de sus ciudades, llegan a un cierto nivel profesional y no vuelven a sus lugares, se queda en algún puesto público y seguro en el Estado. 

- ¿El común de la gente nuestra está interesada en revertir esta situación? ¿Somos cómodos? 

- La Iglesia pega fuerte con la línea que nos va marcando Francisco. Animarse a un compromiso de transformación social. Que las situaciones de pobreza nos interpelen a hacer algo. El momento actual no nos ayuda a hacer cosas, es cierto, pero nos falta el riesgo de soñar de encarar un desafío. 

- ¿Está de acuerdo con que se sigan implementando planes sociales? 

- Me parece que es un sentimiento común que no se puede vivir infinitamente de planes sociales u ordenar la vida de una generación o dos, simplemente por dependencia de planes sociales que vienen del Estado y que no comprometen al Estado ni a una contraprestación. Ese camino que lo hicimos por distintos motivos hasta ahora es difícil de revertir automáticamente. Se hace necesario un apoyo en determinados momentos, un incentivo, pero debe estar orientado a que se dignifique con el trabajo y con el crecimiento propio y el desarrollo personal. 

- Hay que hacer hincapié en los oficios… 

- La cultura del trabajo dignifica y salva. No se pueden evitar los planes ni la ayuda inmediatamente pero hay que impulsar cosas a partir de allí. Hay que hacer hincapié en la creatividad. La Iglesia tiene la idea de que hay que incentivar a través de la educación y de la familia. 

- ¿Cuál es su opinión sobre el rol actual de los medios de comunicación? 

- Me encuentro en esta opción de voces que se pueden escuchar. Es un punto de vista positivo que llama a la madurez del oyente. Esperar de la madurez y la fidelidad a la verdad de las cosas e incentivar este espíritu de dignidad de la gente, de rescate y de redención de las personas. Con las situaciones de violencia que se dan que es necesario comunicarlas, pero hay que analizar cómo se las trata. A veces vamos contra la misma víctima. A veces por el rating, los medios se equivocan y pone a la víctima en un lugar indeseado, las convierten en más víctimas aún, sobre eso se debe trabajar. 

- Esas son las noticias que más llaman la atención de la gente. 

- Se exacerba lo mas primario de la gente, es cierto. 

- Es duro remar contra eso, la gente no quiere leer las noticias serias, esta desinteresada 

- Yo digo: es todo un contexto que no nos ayuda. El círculo se cierra para abajo. Pero aún así, con el menor rating, es necesario insistir porque hace a la cultura. 

- ¿Cómo ve el mundo… …el triunfo de Trump en EE.UU. Hay mucho fundamentalismo?

- En la visión política que uno puede tener, me parece, hay como un desfasaje entre lo que la gente siente y después concreta en una decisión; respecto de lo que los medios publicitan y después no ocurre. Por ejemplo, todos estamos a favor de la paz en Colombia, pero el pueblo voto no a este plan de paz del Gobierno. Creo que es consecuencia también de una expresión de necesidad de protagonismo que muestra que las realidades no son tan simples. Otro ejemplo es que todos congeniábamos más con el perfil de la posición de Hillary Clinton con la línea más democrática, más abierta, menos xenófoga y sin embargo la sociedad norteamericana fue a contrapelo de eso que se comunicaba. Situación parecida se dio también en la época de Berlusconi en Italia. Triunfó como un sentimiento mas neonacionalista y de descreimiento de la política. 

- ¿El mundo es mejor ahora que el de hace 20 años? 

Las dificultades estuvieron siempre. La comunicación hoy nos hace vivir más conectados y más sobresaltados con lo que sucede. Amenazas y diferentes sensaciones de guerras y de situaciones terribles tuvimos siempre. Hay signos que nos van educando hacia una convivencia mundial. El desafío es aceptar al otro. La fe y la religión pueden ayudarnos, acercar y descubrir la idea de que la riqueza del otro, de los otros pueblos, no es un amenaza para los demás. Lo importante es ir viendo como se integra. 

- ¿Cuál es el desafío de la iglesia hacia adentro y hacia afuera? 

- Francisco habló el domingo pasado de las dos riquezas en la iglesia: Dios, que nos inspira el compromiso y los pobres. La mirada va por ahí. Son dos aspectos de una misma realidad. La fe, si es verdadera, si es evangélica, te abre y te suscita un encuentro con el otro. Y te ayuda a aceptar las diferencias que nos enriquecen. (por eso estamos hoy aca) 

- ¿Aprendimos de Francisco o de otras religiones esto de tener una Iglesia de puertas abiertas? 

- Es cierto que la realidad de la Iglesia se ha visto revitalizada y paralelamente han crecido muchas comunidades evangélicas. Pero ya en el documento de Aparecida los planteábamos- Nuestra reacción no es porque la gente se vaya. La mayoría hace una experiencia de fe y de evangelio en esas iglesias que también es importante. Pero Francisco nos ha dicho que si nuestra salida no es convencida, si no somos lo que decimos, nos somos auténticos. Y terminamos traicionando lo que queremos ser. 

- Se cierre del Año de la Misericordia, ¿Qué significó? 

- El Año de la Misericordia, en sentido práctico, significa que a partir de Francisco hemos reflexionado sobre la misericordia a la luz del Evangelio. Marca el rostro con el que la Iglesia quiere presentarse. No juzgar, marcar línea, sino ir con un amor que se acerca al excluido. Escuchar acompañar y descubrir juntos el camino, nosotros hacia adentro y con la gente que nos acompaña. 

- ¿Creció en número de fieles la Iglesia en la región? 

- No tenemos datos, pero nos mantenemos con el ingreso a la fe: el bautismo. La otra parte que se ha fortalecido es la parte de familia con esta apertura de Francisco. Atender mejor el ingreso al matrimonio. Acompañar. Ofrecer la simpatía que atrae a la gente a la confianza. No juzgar. 

-¿Provocó muchos roces con los conservadores esta postura dentro de la iglesia? 

- La apertura de Francisco en algunos ambientes ha producido rechazos. Mas en Europa y en Estados Unidos que en el resto. Para nosotros es claro: Francisco es el que marca la unidad, el camino. El que conduce la iglesia es el Papa, el va interpretando la situaciones. Teológicamente se puede discutir, pero como camino es una puerta que nos ha indicado Francisco. 

- ¿Se refiere a las nuevas relaciones, a los nuevos conceptos de familia? 

- Nuestra actitud de misericordia no debería ser de juicio sino de acompañar en el camino de fe que hacen las personas.

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