Platón, Picasso, Beethoven, Spielberg, Nelson Mandela o Marie Curie: las voces que resuenan en Magnifica humanitas

Platón, Picasso, Beethoven, Spielberg, Nelson Mandela o Marie Curie: las voces que resuenan en Magnifica humanitas

El Papa León XIV comenzó a redactar la encíclica Magnifica humanitas (Magnífica humanidad) hace casi un año, en julio de 2025, durante sus vacaciones en Castel Gandolfo.

Por Victoria Cardiel.

El documento, firmado el pasado viernes 15 de mayo —fecha elegida deliberadamente para coincidir con la de la revolucionaria encíclica Rerum novarum, con la que León XIII inauguró el magisterio social de la Iglesia—, constituye un texto magisterial de carácter solemne. Además, por tratarse de la primera encíclica del pontificado, se considera tradicionalmente como su programa doctrinal.

Uno de los aspectos más relevantes de este tipo de documentos es el conjunto de fuentes de inspiración a las que recurre el Papa más allá del ámbito estrictamente eclesial. Es decir, no solo las citas provenientes de grandes teólogos, Padres de la Iglesia o Pontífices, sino también aquellas referencias provenientes de tradiciones y disciplinas externas a la Iglesia.

En este sentido, León XIV cita, por ejemplo, a Viktor Frankl, médico y superviviente de cuatro campos de concentración nazis, entre ellos Auschwitz, entre 1942 y 1945. De aquella experiencia extrema —marcada por la destrucción total de su entorno y el exterminio de sus seres queridos— surgió su obra universal El hombre en busca de sentido, en la que sostiene que, pese al sufrimiento, la vida sigue siendo digna de ser vivida.

El Papa menciona asimismo el “valor casi profético” de diversas manifestaciones culturales: la Novena Sinfonía de Beethoven, que define como “deseo de unidad”; el Guernica de Pablo Picasso, “como denuncia de la deshumanización”; y la película La lista de Schindler, de Steven Spielberg, “como una invitación a no entregar el pasado al olvido”.

En la encíclica, el Pontífice advierte de los riesgos que afronta la vida democrática en un contexto en el que “la pregunta sobre lo que es verdadero pierde interés”, dando paso a un pragmatismo que se conforma con “lo que parece útil o eficaz”.

Para ilustrar las consecuencias de este desinterés por la verdad, que —según el Papa— “conduce lenta pero inexorablemente hacia el totalitarismo”, recurre a la filósofa y ensayista política germano-estadounidense Hannah Arendt. En Los orígenes del totalitarismo (1951), Arendt sostiene que los súbditos ideales de estos regímenes no son necesariamente los convencidos ideológicamente, sino “las personas para quienes ya no existe la distinción entre el hecho y la ficción (es decir, la realidad de la experiencia) y la distinción entre lo verdadero y lo falso (es decir, las normas del pensamiento)”, tal y como se lee en Magnifica humanitas.

El Pontífice cita también al escritor católico del siglo XX John Ronald Reuel Tolkien, en concreto El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey, la conclusión épica de su célebre trilogía. A través de uno de sus personajes, se recuerda la responsabilidad moral de cada generación. “No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza”, escribe el Papa en la encíclica.

Junto a estas referencias, el Pontífice evoca el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, vinculado al liderazgo de Martin Luther King Jr., así como el fin del apartheid en Sudáfrica tras la liberación de Nelson Mandela y su decisión de no poner el futuro “en manos del odio”, como cita León XIV.

El texto magisterial reconoce también el testimonio de mujeres “valientes y generosas”, como santa Laura Montoya, santa Teresa de Calcuta, Dorothy Day o Elisabeth Elliot (1926–2015), influyente misionera, escritora y conferencista cristiana estadounidense.

Junto a ellas, el Papa menciona a figuras destacadas en distintos ámbitos del saber y la acción social no necesariamente católicas. Entre ellas, Marie Curie (1867–1934), pionera en el estudio de la radiactividad y primera persona en recibir dos premios Nobel en distintas disciplinas (Física y Química); Maria Montessori, médica, pedagoga y filósofa italiana que revolucionó la educación al situar al niño en el centro del aprendizaje; y Wangari Maathai (1940–2011), activista keniana, fundadora del Movimiento Cinturón Verde y primera mujer africana en recibir el Premio Nobel de la Paz en 2004 por su contribución al desarrollo sostenible, la democracia y la paz.

Asimismo, se refiere a Benazir Bhutto (1953–2007), destacada líder política paquistaní y primera mujer elegida para gobernar un país de mayoría musulmana, al asumir el cargo de primera ministra en dos ocasiones (1988–1990 y 1993–1996).

Todas ellas, junto a tantas otras mujeres de distintos continentes, señala León XIV, han contribuido con su esfuerzo a “hacer más humana la historia”.

Además, en el apartado en el habla de educación, el Papa cita a Platón, en concreto su carta séptima — del año 353 a.C— donde al mismo tiempo que narra su estancia en Siracusa bajo los tiranos Dionisio el Viejo y Dionisio el Joven, expone parte de su doctrina política y ética. 

Finalmente, la encíclica pone en valor a las comunidades religiosas que optan por vivir en lugares pobres y peligrosos. El Papa los llama “mártires de la fraternidad y la justicia”, como San Maximiliano María Kolbe, San Óscar Romero y el beato Enrique Angelelli; y otros testigos que, en condiciones duras y a menudo inhumanas, han encarnado la esperanza del Evangelio y la dignidad del hombre, como el venerable François-Xavier Nguyễn Văn Thuân.

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