Fue al recibir a los participantes en la Conferencia "Inteligencia artificial y cuidado de la Casa Común". “Será crucial permitir que aprendan a usarla con inteligencia propia, abiertos a la búsqueda de la verdad, a una vida espiritual y fraterna", dijo.
“Será crucial permitir que los jóvenes aprendan a usar estas herramientas con inteligencia propia, abiertos a la búsqueda de la verdad, a una vida espiritual y fraterna, ampliando sus sueños y los horizontes de sus decisiones maduras”, afirmó el Papa León XIV a los participantes en la Conferencia titulada "Inteligencia artificial y cuidado de la Casa Común", organizada por la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice y la Alianza Estratégica de Universidades Católicas de Investigación (Strategic Alliance of Catholic Research Universities – SACRU), a quienes recibió en audiencia este viernes, 5 de diciembre, en la Sala del Consistorio del Vaticano.
En su discurso a los participantes en esta Conferencia, el Santo Padre destacó la importancia del tema tratado: la inteligencia artificial, que viene acompañada de cambios rápidos y profundos en la sociedad, que afectan características esenciales de la persona humana, como el pensamiento crítico, la capacidad de discernimiento, el aprendizaje y las relaciones interpersonales. Ante ello se preguntó: ¿Cómo podemos garantizar que el desarrollo de la inteligencia artificial sirva realmente al bien común, y no simplemente a la concentración de la riqueza y el poder en manos de unos pocos?
El Papa enfatizó que, en tal situación, la tarea urgente es asegurar que el desarrollo de la inteligencia artificial sirva al bien común, y no solo a la acumulación de riqueza y poder en manos de unos pocos. “Esta es una pregunta urgente, ya que esta tecnología ya tiene un impacto concreto en la vida de millones de personas, todos los días y en todo el mundo. Como nos recuerda la Doctrina Social de la Iglesia, y como se desprende claramente del trabajo interdisciplinario que realizan, abordar este desafío requiere plantearse una pregunta aún más radical: ¿qué significa ser humano en nuestra época?”.
Ante esta interrogante, el Pontífice recordó que, los seres humanos están llamados a colaborar en la obra de la creación, y no a ser simplemente consumidores pasivos de contenidos producidos por la tecnología artificial. Además, indicó que, nuestra dignidad reside en la capacidad de reflexionar, de elegir libremente, de amar libremente, de entablar relaciones auténticas con los demás.
En este sentido señaló: “La inteligencia artificial ha abierto, sin duda, nuevos horizontes a la creatividad, pero también plantea inquietantes preguntas sobre sus posibles repercusiones en la apertura de la humanidad a la verdad y la belleza, en nuestra capacidad de asombro y contemplación. Reconocer y respetar lo que caracteriza a la persona humana y asegura su crecimiento armonioso es esencial para establecer un marco adecuado para gestionar las implicaciones de la inteligencia artificial”.
Por ello, afirmó el Papa, es importante reflexionar sobre una preocupación que debe ser prioridad: la libertad y la espiritualidad de los jóvenes, con las posibles consecuencias de la tecnología en su desarrollo intelectual y neurológico. El bienestar de la sociedad depende de brindarles la capacidad de desarrollar sus talentos y responder a las exigencias de los tiempos y a las necesidades de los demás con un espíritu libre y generoso. La capacidad de acceder a grandes cantidades de datos y conocimientos no debe confundirse con la capacidad de extraer significado y valor de ellos.
Asimismo, enfatizó que el acceso a grandes cantidades de datos e información no debe confundirse con la capacidad de evaluarlos y extraer conclusiones de ellos. “Por lo tanto, será crucial permitir que los jóvenes aprendan a usar estas herramientas con inteligencia propia, abiertos a la búsqueda de la verdad, a una vida espiritual y fraterna, ampliando sus sueños y los horizontes de sus decisiones maduras. Apoyamos su deseo de ser diferentes y mejores, porque ahora más que nunca es evidente que se necesita un cambio profundo en nuestra visión del crecimiento”, afirmó.
En este sentido, afirmó la necesidad de cuidar a los jóvenes, guiándolos en el proceso para fomentar su libertad y vida interior, su madurez y responsabilidad, sin olvidar el impacto de la tecnología en su desarrollo intelectual y neurológico: “Las nuevas generaciones deben ser apoyadas, no obstaculizadas, en su camino hacia la madurez y la responsabilidad”, puntualizó.
Para construir un futuro junto a los jóvenes que, también a través del potencial de la inteligencia artificial, alcance el bien común, subrayó el Santo Padre, es necesario restaurar y fortalecer su fe en la capacidad humana para determinar la evolución de estas tecnologías: una fe que hoy se ve cada vez más erosionada por la idea paralizante de que su desarrollo sigue un camino ineludible.
En orden de cumplir este objetivo, señaló la importancia del trabajo conjunto en todo el mundo: “Para ello, se necesita una acción coordinada y concertada que involucre a la política, las instituciones, las empresas, las finanzas, la educación, las comunicaciones, la ciudadanía y las comunidades religiosas. Todos estos actores están llamados a cumplir un compromiso común asumiendo esta responsabilidad compartida. Un compromiso que antepone cualquier lucro e intereses creados, cada vez más concentrados en manos de unos pocos”.
Solo mediante una amplia participación, permitiendo que todas las voces, incluso las más humildes, sean escuchadas con respeto, afirmó el Pontífice, será posible alcanzar estos ambiciosos objetivos. En este contexto, la investigación de Centesimus-SACRU representa una contribución verdaderamente valiosa.

Comentá la nota