Papa Francisco: "La salud no es un lujo, es para todos"

Papa Francisco:

El pontífice alentó a relacionarse con los pacientes con "humanidad y empatía", haciendo propia la fragilidad de los demás, para evitar que se construya una sociedad de exclusión.

El papa Francisco recibió este lunes a los miembros de la Confederación Nacional del Orden de Técnicos Sanitarios de Radiología Médica y de las Profesiones sanitarias técnicas de rehabilitación y prevención de Italia. En su discurso en la Sala Clementina del Vaticano, el pontífice los exhortó a “considerar siempre los valores éticos como una referencia indispensable para sus profesiones".

"Bien asimilados y combinados con los conocimientos científicos y las competencias necesarias, les permiten acompañar de la mejor manera posible a las personas que les son confiadas”, añadió.

Al saludar a los técnicos sanitarios presentes en la audiencia, les agradeció su compromiso y dedicación diarios en el trabajo que desarrollan de forma silenciosa: “Sin su compromiso y su trabajo, muchos enfermos no se habrían curado. El sentido del deber animado por la fuerza del amor les ha permitido servir al prójimo, incluso poniendo en peligro su propia salud. Y con ustedes, doy las gracias a todos los demás trabajadores sanitarios”.

Francisco les recordó que el 11 de febrero se celebrará la Jornada Mundial del Enfermo, que siempre es una invitación a reflexionar sobre la experiencia de la enfermedad. “Esto es aún más apropiado hoy en día, de hecho, necesario, porque a menudo la cultura de la eficiencia y del descarte ‘nos empuja a negarlo’. No hay lugar para la fragilidad. Y así el mal, cuando irrumpe y nos asalta, nos deja atónitos. Puede ocurrir, entonces, que los demás nos abandonen, o que nos parezca que debemos abandonarlos, para no sentir una carga hacia ellos. Así empieza la soledad”.

En este sentido, el papa aludió a la cultura del cuidado personificada por el Buen Samaritano, que actúa de forma opuesta: no aparta la mirada, se acerca a la persona herida con compasión y cuida de ella, a quien otros habían ignorado. “Esta parábola indica un curso de acción preciso", señaló el pontífice, indicando que "se puede reconstruir una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen suya la fragilidad de los demás, que no permiten que se construya una sociedad de exclusión, sino que se hacen prójimos y levantan y rehabilitan al hombre caído, para que el bien sea común”.

El Obispo de Roma también señaló que esta profesión nace de una elección de valores. Con su servicio, contribuyen a "levantar y rehabilitar" a sus pacientes, recordando que ante todo son personas. “En el centro debe estar siempre la persona, en todos sus componentes, incluido el espiritual", una totalidad unificada, en la que todas las dimensiones del ser humano se armonizan en el curso de la vida.

Este principio, que fundamenta la constitución ética de la Federación, "guía el camino y permite no ceder a un eficientismo estéril ni a una fría aplicación de protocolos. Los enfermos son personas que piden ser curadas y sentirse cuidadas, y por eso es importante relacionarse con ellos con humanidad y empatía”, expresó el Papa.

Finalmente, el Santo Padre abogó para que el derecho a la salud sea reconocido para todos, incluidos los profesionales de la salud. “Corresponde a cada país buscar ‘estrategias y recursos para que todo ser humano tenga garantizado el acceso a los cuidados y el derecho fundamental a la salud’. La salud no es un lujo. Un mundo que descarta a los enfermos, que no ayuda a quienes no pueden permitirse cuidados, es cínico y no tiene futuro. Recordemos esto siempre: la salud no es un lujo, es para todos”, concluyó.

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