El Papa Francisco aclara las dubias planteadas por cinco cardenales

El Papa Francisco aclara las dubias planteadas por cinco cardenales

Las respuestas teológicas del pontífice, relativas a la interpretación de la Revelación, las uniones entre personas del mismo sexo, la sinodalidad, la ordenación de mujeres y el arrepentimiento, fueron publicadas por del Dicasterio de la Doctrina de la Fe

El Papa Francisco respondió a cinco dubia que le enviaron el pasado mes de julio los cardenales Walter Brandmüller (Alemania), Raymond Leo Burke (Estados Unidos) Juan Sandoval Íñiguez (México), Robert Sarah (Guinea) y Joseph Zen Ze-kiun (China).

Las preguntas de los purpurados y las respuestas del pontífice fueron publicadas este lunes 2 de octubre en el sitio web del Dicasterio para la Doctrina de la Fe.

En la misiva enviada en julio, los cardenales, provenientes de distintos continentes, pusieron de manifiesto su preocupación por esclarecer lo que consideran una “gran confusión” causada por “diversas declaraciones de prelados de alto rango, relativas a la celebración del próximo Sínodo de los Obispos, que son abiertamente contrarias a la constante doctrina y disciplina de la Iglesia”.

Los firmantes explican, en una declaración enviada al periódico National Catholic Register, que ante “la caída en error entre fieles y demás personas de buena voluntad, hemos manifestado nuestra más profunda preocupación al romano pontífice”.

Las cinco dubia abordan temas teológicos cuestionados por algunos obispos, sacerdotes y teólogos durante el primer proceso de “escucha sinodal”, cuyas conclusiones se debatirán a partir de este miércoles 4 de octubre en el Vaticano.

Antes de iniciar sus respuestas, el sucesor de Pedro dirigió estas palabras a los cardenales: “Queridos hermanos, si bien no siempre me parece prudente responder las preguntas dirigidas directamente a mi persona, y sería imposible responderlas a todas, en este caso me pareció adecuado hacerlo debido a la cercanía del Sínodo”.

A raíz de las declaraciones de algunos obispos, que no han sido corregidas ni retractadas, se plantea la cuestión de si la Revelación Divina en la Iglesia debe ser reinterpretada según los cambios culturales de nuestro tiempo y según la nueva visión antropológica que estos cambios promueven; o si la Revelación Divina no puede ser contradicha, según el dictado del Concilio Vaticano II, de que a Dios que revela se le debe "la obediencia de la fe" (Dei Verbum 5); que lo revelado para la salvación de todos debe permanecer "para siempre íntegro" y ser "transmitido a todas las generaciones" y que el progreso de la comprensión no implica ningún cambio en la verdad de las cosas, porque la fe ha sido "transmitida de una vez para siempre", y el Magisterio no es superior a la Palabra de Dios, sino que enseña sólo lo que ha sido transmitido.

A lo que el obispo de Roma responde que "si bien es cierto que la divina Revelación es inmutable y siempre vinculante, la Iglesia debe ser humilde y reconocer que ella nunca agota su insondable riqueza y necesita crecer en su comprensión y lo que ella ha afirmado en su Magisterio".

"Los cambios culturales y los nuevos desafíos de la historia no modifican la Revelación, pero sí pueden estimularnos a explicitar mejor algunos aspectos de su desbordante riqueza que siempre ofrece más", sostiene Francisco, destacando que no puede cambiar lo que ha sido revelado "para la salvación de todos" (Conc. Ecum. Vat. ll, Const. dogm. Dei Verbum, 7). 

La segunda "dubium" se refiere a la práctica generalizada de bendecir las uniones entre personas del mismo sexo, dado "que el Apóstol Pablo enseña que negar la diferencia sexual es consecuencia de negar al Creador" (Rm 1, 24-32).

Ante esto, Francisco especifica que "la Iglesia tiene una concepción muy clara sobre el matrimonio: una unión exclusiva, estable e indisoluble entre un varón y una mujer, naturalmente abierta a engendrar hijos".

"No es conveniente que una diócesis, una conferencia episcopal o cualquier otra estructura eclesial habiliten constantemente y de modo oficial procedimientos o ritos para todo tipo de asuntos", indica. "No obstante, en el trato con las personas no hay que perder la caridad pastoral, que debe atravesar todas nuestras decisiones y actitudes. Por consiguiente, no podemos constituirnos en jueces que sólo niegan, rechazan, excluyen", alerta.

Otra cuestión que se plantea es si la sinodalidad puede ser el criterio normativo supremo para el gobierno permanente de la Iglesia. Sobre esto, Francisco expresa: "Sacralizar o imponer una determinada metodología sinodal que agrada a un grupo y convertirla en norma y cauce obligatorio para todos, sólo llevaría a 'congelar' el camino sinodal ignorando las diversas características de las distintas Iglesias particulares y la variada riqueza de la Iglesia universal".

La cuarta "dubia" aborda el apoyo de pastores y teólogos a la teoría de que "la teología de la Iglesia ha cambiado" y, por tanto, la ordenación sacerdotal puede conferirse a las mujeres.

"El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial difieren esencialmente", afirma Francisco, dejando claro que el sacerdocio está reservado sólo a los varones. Sin embargo, instó a "reconocer los derechos de las mujeres o la necesidad de que participen, de diversas maneras, en la conducción de la Iglesia".

Por último, los cardenales se refieren a la insistencia del Santo Padre en el deber de absolver a todos y siempre, de modo que el arrepentimiento no sería una condición necesaria para la absolución sacramental.

En este punto, Francisco asegura que "el arrepentimiento es necesario para la validez de la absolución sacramental, e implica el propósito de no pecar". 

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