El Papa: Dios es como la mamá, “no se olvida de nosotros”

El Papa: Dios es como la mamá, “no se olvida de nosotros”

Francisco en Santa Marta: el Señor tiene un «amor visceral» como el de la madre y del «padre». Su abrazo se recibe en la confesión.

El Señor tiene un amor «visceral», como el de la madre. Dios también es figura materna, además de «Padre». Y su abrazo lo recibimos en la confesión. El Papa Francisco lo explicó durante la homilía de la misa matutina de hoy, 22 de marzo, en la capilla de la Casa Santa Marta, en donde recordó que en Argentina, a las mamás en su día se les regala esa flor tan particular que se llama «no me olvides». 

  

En su predicación de hoy, según refirió Vatican News, el Pontífice subrayó la fidelidad de Dios, que nunca se olvida de las personas, de todas las personas. Y esta es la principal fuente de la alegre esperanza cristiana. 

  

El Señor tiene un «amor visceral» que no deja olvidar. Para explicarse mejor, el obispo de Roma recordó que en su Argentina con ocasión del día de la madre, se suele regalar a la propia mamá una flor llamada “no me olvides”, que tiene dos colores: un azul suave, para las mamás vivas, y el violeta, para las madres difuntas. 

  

«Así es el amor de Dios –explicó Bergoglio–, como el de la mamá. Dios no se olvida de nosotros. Jamás. No puede, es fiel a su alianza. Esto nos da seguridad. De nosotros podemos decir: ‘Pero, mi vida es tan mala… Me encuentro en esta dificultad, soy un pecador, una pecadora…’. Él no se olvida de ti, porque tiene este amor visceral, y es padre y madre». 

  

Por ello, destacó el Papa Francisco, se trata de una fidelidad que lleva a la alegría. Y añadió que al igual que para Abraham, nuestra alegría es exultar en la esperanza porque «cada uno de nosotros sabe que no es fiel», pero Dios sí lo es, reafirmó el Santo Padre. E invitó a pensar en la experiencia del Buen Ladrón: «Dios fiel no puede renegar de sí mismo, no puede renegar de nosotros, no puede renegar su amor, no puede renegar a su pueblo, no puede renegar porque nos ama. Ésta es la fidelidad de Dios. Cuando nosotros nos acercamos al Sacramento de la Penitencia, pero por favor: no pensemos que vamos a la tintorería a quitar la suciedad. No. Vamos a recibir el abrazo de amor de este Dios fiel, que nos espera siempre. Siempre». 

  

Francisco se refirió al Evangelio del día en el que el Juan nos dice que los Doctores de la Ley habían recogido piedras para tirarlas contra Jesús. Se habla de piedras para matar – recordó el Papa – para «oscurecer la verdad de la Resurrección». Y, en conclusión, Francisco volvió a referirse a la exhortación central de su homilía: 

«Él –concluyó– es fiel, él me conoce, él me ama. Jamás me dejará solo. Me lleva de la mano. ¿Qué más puedo querer? ¿Qué más? ¿Qué debo hacer? Exulta en la esperanza. Exulta en la esperanza, porque el Señor te ama como padre y como madre». 

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