El Papa destacó la vigencia de los llamamientos de la Iglesia a “comprometerse en la eliminación de las discriminaciones que perjudican a los grupos sociales más débiles y a los migrantes”.
Por Victoria Cardiel
Durante la Audiencia General de este miércoles, la última antes de su primer viaje a Sudamérica del 6 al 17 de noviembre, el Papa León XIV señaló el “peligro para la paz mundial” que representan los desequilibrios de un sistema económico injusto.
“Los padres conciliares señalan, ante todo, el peligro para la paz mundial que representan los desequilibrios derivados de un desarrollo económico que no es equitativo ni respeta la creación. Se trata de una visión profética que, lamentablemente, se confirmó en las últimas décadas del siglo pasado y que sigue siendo evidente hoy”, señaló el Pontífice, que continuó con su ciclo de catequesis sobre la constitución pastoral Gaudium et spes promulgada por el Papa Pablo VI el 7 de diciembre de 1965.
Señaló que, para afrontar estos problemas, las soluciones técnicas por sí solas no son suficientes. Citando el texto conciliar, recordó que “se requieren numerosas reformas en las estructuras de la vida económico-social” y que también es necesario “un cambio de mentalidad y de estilo de vida por parte de todos”.
El Papa destacó asimismo la vigencia de los llamamientos de la Iglesia a “comprometerse en la eliminación de las discriminaciones que perjudican a los grupos sociales más débiles y a los migrantes”.
El Pontífice subrayó que la dimensión social forma parte integrante “de nuestra fe en Cristo Jesús” y lo enmarcó en “una valiosa herencia que recibimos de la encarnación del Hijo de Dios”.
“El corazón de la economía es el trabajo”
Uno de los ejes centrales de la catequesis fue la dignidad del trabajo humano. León XIV aseguró que “el corazón de la economía es el trabajo”, el cual “nunca puede ser deformado en perjuicio de las personas, del bien común o de la creación”.
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También advirtió que la actividad laboral nunca puede convertirse en una fuente de explotación o de daño para las personas. “No son aceptables el desempleo, la explotación ni las condiciones laborales que ponen en peligro la salud o incluso la vida de los trabajadores”, enfatizó.
Asimismo, defendió el derecho de los trabajadores a participar en las decisiones relacionadas con su actividad y a resolver los conflictos mediante “el diálogo y acciones no violentas”.
Una economía al servicio de todos
En su catequesis, el Santo Padre dijo que el Concilio Vaticano II recuerda que uno de los principios fundamentales de la doctrina social de la Iglesia es el “destino universal de los bienes de la tierra”.
Un principio, aseguró el Papa, que se aplica también “al ámbito financiero”. Así, sostuvo que quienes tienen responsabilidades en las inversiones y en la organización de la economía global, “ya sean personas, grupos o autoridades públicas, deben velar para que se garanticen los bienes necesarios para una vida digna de cada persona y de toda la comunidad”.
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La economía, insistió el Papa, debe estar siempre “al servicio del ser humano y bajo su control”, retomando así la visión del desarrollo integral que San Pablo VI desarrolló posteriormente en la encíclica Populorum progressio.
La política como servicio al bien común
Al abordar la dimensión política, León XIV destacó que la misión de la comunidad política debe promover el bien común “teniendo en cuenta no solo la realidad local e histórica, sino también el bien de toda la familia humana”.
También recordó la enseñanza de Gaudium et spes sobre las relaciones entre la Iglesia y el Estado, señalando que ambas instituciones son autónomas en sus respectivos ámbitos, pero pueden colaborar para servir mejor a las personas.
“La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas cada una en su propio ámbito. Sin embargo, ambas, aunque por títulos distintos, están al servicio de la vocación personal y social de las mismas personas”, citó.
AdvertisementLa paz se construye desde la economía y la política
Recordando una frase de su predecesor, el Papa Francisco, reiteró que “la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una rendición vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal”.
Frente a ello, defendió una política capaz de sanar las heridas de los pueblos y de quienes sufren injusticias, ofreciendo “motivos de esperanza para el futuro de la humanidad”.
Finalmente, animó a los jóvenes a “seguir el ejemplo de aquellos hombres y mujeres que han dado un buen testimonio” en la vida política y renovó su llamamiento a las comunidades cristianas para que se impulse de nuevo la formación en la doctrina social de la Iglesia.
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