Fuera de agenda, Francisco salió del Vaticano para continuar con sus "viernes de misericordia"
Por Elisabetta Piqué
Fuera de agenda, esta tarde el Papa salió sorpresivamente del Vaticano para ir a un hogar para no videntes de Roma. Su objetivo: seguir adelante con esa costumbre que había comenzado durante el Año de la Misericordia de ir a visitar, un viernes de cada mes, en forma privada, a quienes lo necesitan: hospitales, centros que acogen indigentes, inmigrantes, ancianos, mujeres solas, etc.
"El Papa quiere darle continuidad a los llamados 'Viernes de la Misericordia', visitas privadas realizadas durante el Jubileo de la Misericordia, una vez al mes, volviendo a recorrer las obras de misericordia espirituales y corporales junto a los que vivien situaciones de exclusión física y social", explicó una nota de la Sala de Prensa del Vaticano.
Durante la visita de hoy, Francisco se reunió con los huéspedes del Centro Regional S. Alessio Margherita di Savoia para ciegos, de esta capital, que también realiza actividades para su inclusión social. Le llevó consuelo, así, a personas con una discapacidad sensorial relacionada con el uso de la vista, no videntes desde el nacimiento o después de graves patologías y a algunas con diversas discapacidades. También estaban 50 chicos que frecuentan el centro para recibir una formación especial que los ayude en los pequeños gestos cotidianos y 37 ancianos y adultos, que residen en forma permanente en el instituto.
Durante el Jubileo de la Misericordia -un evento espiritual extraordinario que convocó Francisco, que comenzó a fines de 2015 y concluyó el 20 de noviembre del año pasado-, los "viernes de la misericordia" nunca fueron informados con anticipación, sino en el momento en el que estaban ocurriendo, para que fueran encuentros íntimos, reservados, sin demasiada prensa y alboroto.
El último "viernes de la Misericordia" en el marco del Jubileo había sido el 11 de noviembre: ese viernes el Papa sorprendió visitando a siete familias formadas por sacerdotes de la diócesis de Roma que dejaron sus hábitos, en el barrio de Ponte Nona, en la periferia este de Roma.
Con la sorpresiva visita de hoy a un centro de no videntes, el Papa vuelve a demostrar, no con las palabras, sino con el ejemplo la centralidad de la misericordia en la vida de la Iglesia católica. "La misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia, todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre", escribió Francisco, de hecho, en la Carta apostólica Misericordia et Misera, con la que cerró el Jubileo Extraordinario de la Misericordia.

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