Monseñor Buenanueva: "Hubo un sistema enfermo en la Iglesia que encubría los abusos"

Monseñor Buenanueva:

"Es una de las más graves que tiene la Iglesia en los últimos tiempos", dice monseñor Sergio Buenanueva sobre el problema de los abusos sexuales cometidos por religiosos y religiosas que azota a la Iglesia Católica.

Buenanueva tiene 55 años, es obispo de San Francisco, Córdoba, y coordinador del Consejo Pastoral de Protección de Menores y Adultos Vulnerables de la Conferencia Episcopal. Su tarea es tratar de controlar la crisis.

"Hoy, el gran trabajo es preventivo", dice Buenanueva. Pese a que cree que es necesario, admite que la Iglesia argentina no tiene un registro de abusadores entre sus miembros.

"Yo no sé si hay más, seguramente no hay menos", concede al ser consultado por las 63 denuncias consistentes contra religiosos acusados de abusos en los últimos 20 años que arrojó la investigación de LA NACION.

-¿Qué tan grave es la situación de abusos dentro de la Iglesia?

-A mi modo de ver es una crisis gravísima. Es una de la crisis más graves que tiene la Iglesia en los últimos tiempos. Porque cuando hablamos de crisis de los abusos hablamos de dos cosas: de los abusos, que es lo más terrible; y la otra dimensión de la crisis es lo que ha salido a la luz clarísimamente en este último tiempo, que es un sistema dentro de la Iglesia enfermo que encubría o no favorecía que los abusos salieran a la luz y se terminaba favoreciendo al victimario. Este es el punto para mí más serio: ¿cómo fue posible que perdiéramos de vista que el bien para defender no era la buena imagen de la Iglesia, sino el bien de una persona que Cristo ha puesto en el centro de nuestra misión?

-¿Y cómo fue posible?

-Hay una concatenación de causas. Creo que una es la estructura eclesiástica, el modo de ejercer el ministerio, privilegiando la dimensión del poder que tiene el sacerdocio. Después, un sistema eclesial que ha privilegiado el buen nombre de la institución tontamente, creyendo que lo salvaguardábamos ocultando, dificultando la resolución de estos casos.

-¿Cuántos casos han registrado en el país durante el tiempo que llevan trabajando en el Consejo?

-Nosotros no hemos podido hacer un registro. Lo tenemos como una de las metas, como han hecho episcopados de otros países, para tener un panorama más claro de cuántos casos hay en la Argentina. Esa es una tarea por realizar en nuestro país, una tarea bastante importante porque eso nos va a dar un panorama más certero en la medida en que tengamos cifras reales.

-¿Qué impide ese recuento?

-El Episcopado está dando sus primeros pasos y hemos instalado este tema entre los obispos argentinos. Y debemos dar un paso delicado, porque es poner en claridad una situación difícil para todos.

-¿Cómo hacen la tarea de prevención sin el diagnóstico? Es como hacer política económica sin un Indec creíble...

-Muy comprensible. Con la prevención de abusos no es que empezamos de cero. Hemos estado indexando a quienes ya tienen experiencia, más allá de tender algunas líneas con organizaciones que están trabajando en el abuso sexual infantil. Pero sin dudas en la medida en que nosotros tengamos un panorama más claro de cuál es la real situación en los ministerios católicos de la Argentina esa prevención va a ser más que efectiva.

-¿Todos sus colegas están en la misma página que usted o encuentran resistencias para hacer esa lista o encarar este cambio de política?

-No hay resistencia en el sentido moral de que alguien se oponga. Pero sí en darse cuenta de que es un cambio de mentalidad que no es fácil de hacer. En la cumbre reciente en Roma, que fue un modelo elaborado muy positivamente, aparecieron episcopados como el chileno, el americano, el alemán, que están muchísimos pasos delante de nosotros. Es un cambio de mentalidad en la gestión, que es lo más difícil de lograr. Yo tengo optimismo porque lo que realmente está pasando dentro de la Iglesia, por ejemplo, en el ámbito laico, es el enojo, la preocupación. Son los laicos, y a su modo también los sacerdotes, los que nos están diciendo: "Miren, obispos, esto lo cambian o lo cambian".

-¿Se juega la supervivencia de la Iglesia en este tema?

-Totalmente. La caída en la credibilidad hoy es el gran tema trabajado en la cumbre del Vaticano y quienes están aconsejando al Papa más de cerca lo plantean con crudeza. Obviamente nosotros somos creyentes y creemos que Jesucristo está con nosotros. Aunque sea un resto de su Iglesia permanecerá. Pero esto mina la credibilidad de la Iglesia muy profundamente.

-La investigación de LA NACION encontró 63 casos de religiosos con denuncias de abuso sexual. ¿Le parece una cifra creíble?

-Sí. Para que la Iglesia afronte estas crisis ha habido tres factores decisivos: la valentía de las víctimas; el trabajo de investigación de hormiga de los periodistas, y la Justicia del Estado. No ha sido fácil reconocer la dimensión del delito que tiene el abuso sexual. Para un obispo es muy difícil sancionar a un sacerdote, eso ha sido también una causa, pero también el reconocer que es un delito a nivel de la Justicia secular. La Iglesia en el modo de abordar internamente esta problemática en algún punto claramente se tiene que subordinar a la Justicia secular. Por aquí vienen las críticas legítimas al proceso canónico. Los estándares de transparencia del proceso canónico se tienen que adecuar a los estándares de transparencia del ejercicio de la Justicia secular. En cuanto al número, yo no sé si hay más, seguramente no hay menos. Eso seguro.

-Aparte de la cuestión de los abusos había una praxis pastoral que tiene que ver con los traslados. Cuando un cura era señalado en una situación de abuso, en muchos casos, lo que hacía el obispo era mandárselo a otro obispo. ¿Reconoce le existencia de esta práctica? ¿Son conscientes de que, más allá del abuso, también generó mucho daño el silencio con el cual se trató este tema?

-La práctica ha sido la habitual, no solamente aquí sino en todos lados. Eso está reconocido donde se han hecho las investigaciones más profundas, como en Estados Unidos o Alemania. Esa ha sido la práctica y ya la Iglesia ha cambiado el rumbo, lo cual no significa que alguno se descuelgue todavía haciéndolo. Eso yo no lo puedo asegurar, pero sí puedo decir que hoy la Iglesia tiene otra mirada y los obispos afrontamos esta problemática sin trasladar al sacerdote.

  

-Sobre los traslados, ¿cuál era la razón?

-Es dramático: no había conciencia del daño que esto significa en la persona. Hay que pensar que muchas víctimas se han suicidado, eso es terrible. No tener conciencia de esa gravedad ha llevado a decir: "Bueno, lo cambiamos de lugar, que tenga otro aire, a lo mejor en otro contexto.", y en otro contexto el problema se multiplicaba. Ha sido muy duro, pero saludablemente duro, escuchar que las víctimas nos digan: "Ustedes nos han hecho más daño".

-¿Por qué tantos sacerdotes o incluso religiosas incurren en este tipo de delito?

-Creo que una buena proporción, no digo la mayoría, son personas que tal vez nunca tendrían que haber sido admitidas al sacerdocio. Se las admitió sin haber hecho esta verificación que ahora se hace.

-¿Considera que hay alguna relación entre los compromisos en materia de celibato y sexualidad que asumen los sacerdotes y esta situación?

-Sí, un vínculo hay. El celibato en sí mismo no es causa de que un adulto se convierta en un depredador sexual, pero sí es un importante factor de riesgo, especialmente para personas que por alguna situación de inmadurez personal no debieran abrazar la vida célibe. La vivencia de la sexualidad en el celibato tiene su complejidad que no tiene la vida de una persona que vive normalmente las relaciones sexuales. La relación sexual no es solamente sexualidad. Cuando está bien vivida es afecto, es vínculo, es saberte parte de alguien, compartir la vida, los hijos. a eso renunciamos los célibes y eso complica nuestra vida y también la vivencia de nuestra propia sexualidad. En algunos casos, eso es un factor de riesgo que puede desembocar en comportamientos como el abuso. Los obispos de Alemania ahora han puesto sobre el tapete la discusión sobre el celibato. Son cosas que ocurren y no sé cómo se va a resolver, pero creo que hablarlo claramente es una cosa muy buena.

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