: El arzobispo coadjutor de San Juan de Cuyo, monseñor Jorge Lozano consideró que “es clave no pretender sacarnos un problema de encima con ‘palabras de ocasión’ que suenan a hueco”. “Para consolar en la aflicción es necesario hacer camino codo a codo con los hermanos. Animarnos a abrir el corazón y dejar entrar la vida como venga”, subrayó en su columna semanal, e instó a “todos” a ser instrumentos de esperanza y de paz para los demás.
Monseñor Jorge Eduardo Lozano, arzobispo coadjutor de San Juan de Cuyo, reflexionó sobre esos momentos en que la angustia embarga a las personas y llevan a decir que “se nos hace de noche”.
“Momentos en que pareciera que el sufrimiento se apodera de nuestras jornadas (o años), y nos cuesta tener una mirada positiva de la vida”, indicó en su columna semanal.
El prelado aseguró que “el rostro de la angustia que nos visita puede tener diversos nombres: enfermedad, muerte de un hijo, desocupación, traición de quienes menos esperábamos…O sufrimientos que vienen de uno mismo por no poder superar una adicción, un pecado, o alcanzar un logro que nos proponemos”.
“En estas circunstancias no debe aflojar la certeza del amor de Dios hacia cada uno de nosotros. No negociemos con el aislamiento y la soledad. Busquemos a quienes puedan escuchar y alentar”, agregó.
El arzobispo instó a “todos” a ser instrumentos de esperanza y de paz para los demás.
En este sentido, recordó que el papa Francisco en su carta apostólica “Misericordia et misera” dice que la Misericordia de Dios “se expresa también en la cercanía, en el afecto y en el apoyo que muchos hermanos y hermanas nos ofrecen cuando sobrevienen los días de tristeza y aflicción. Enjugar las lágrimas es una acción concreta que rompe el círculo de la soledad en el que con frecuencia terminamos encerrados”.
“Varias veces me ha sucedido no encontrar palabras adecuadas para el drama de quien sufre, y expresar la cercanía más con bien gestos como un abrazo, una mano en el hombro, o la sola presencia”, reconoció.
“El Papa sabe de esos momentos y por eso escribe: ‘A veces también el silencio es de gran ayuda; porque en algunos momentos no existen palabras para responder a los interrogantes del que sufre. La falta de palabras, sin embargo, se puede suplir por la compasión del que está presente y cercano, del que ama y tiende la mano’”, añadió.
Monseñor Lozano consideró que “es clave no pretender sacarnos un problema de encima con ‘palabras de ocasión’ que suenan a hueco”.
“Para consolar en la aflicción es necesario hacer camino codo a codo con los hermanos. Animarnos a abrir el corazón y dejar entrar la vida como venga”, concluyó.


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