En la solemnidad de la Santísima Trinidad, el arzobispo de Mendoza invitó a reflejar en la vida cotidiana la comunión divina como respuesta a la fragmentación social.
En la solemnidad de la Santísima Trinidad, el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Colombo, afirmó que el misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo constituye una invitación permanente a vivir la unidad en todos los ámbitos de la existencia y a superar las divisiones que atraviesan la sociedad actual.
Durante la celebración eucarística en la parroquia San Pedro de Godoy Cruz, el prelado señaló que la Trinidad "ilumina toda la vida cristiana porque nos permite comprender los designios de Dios para con nosotros".
Al comenzar su reflexión, explicó que muchas veces la contemplación de este misterio puede quedar reducida a especulaciones teóricas, cuando en realidad se trata de una verdad que se manifiesta en la historia de la salvación. "La Iglesia celebró, como Israel, la obra de Dios Padre creador; se reconoció continuadora de la obra de Cristo, Dios Hijo redentor; y más tarde, de la acción de Dios Espíritu Santo santificador", expresó.
Asimismo, destacó que la intervención de la Trinidad en la historia humana permite a los creyentes vivir con la certeza del amor de Dios. "Esta participación de la Santísima Trinidad en la historia humana -para generarla, rescatarla y elevarla- es lo que nos permite vivir como creyentes seguros del amor de Dios, derramado en la historia", sostuvo.
Una respuesta a la polarización
Monseñor Colombo puso el acento en la unidad perfecta que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y afirmó que esa comunión debe convertirse en modelo para la convivencia humana.
"La llamada original del Padre a la vida, traicionada por el primer hombre y rescatada al precio de la sangre de Cristo, es elevada en el Espíritu Santo para hacernos apóstoles y servidores del misterio de la Trinidad en tiempos de tanta polarización, fragmentación y división", señaló.
En ese sentido, advirtió que la cultura contemporánea suele favorecer la separación y el aislamiento. "Mientras predomina el criterio de separarse, aislarse y dejar de lado la unidad, la Santísima Trinidad nos invita a reflejar con nuestra vida nuestra pertenencia a ella", afirmó.
El arzobispo añadió que la identidad cristiana se expresa precisamente en la capacidad de construir comunión. "Los cristianos somos hombres y mujeres de la Trinidad en la medida en que podemos vivir ese misterio de unidad y sembrarlo con nuestro obrar", remarcó.
La unidad en las familias y las comunidades
Aplicando esta enseñanza a la vida cotidiana, el prelado se refirió a las dificultades que atraviesan numerosas familias. Mencionó problemas de convivencia, enfermedades, incertidumbre laboral y dificultades económicas, pero destacó que la fe ofrece una fuerza capaz de sostenerlas.
"Una familia alcanzada por el misterio de la Trinidad puede, aun con todas esas pruebas, fortalecerse y ayudarse mutuamente, animada por el misterio del amor y sostenida por la confianza de que en la unidad nos hacemos fuertes", aseguró.
También trasladó esta reflexión a las comunidades eclesiales. Según indicó, una comunidad verdaderamente inspirada por la Trinidad reconoce y valora la diversidad de dones presentes en sus miembros.
"Reconoce los dones y carismas de sus miembros, los valora y nunca busca suprimirlos, ignorarlos o cancelarlos, sino que vive de la interacción de todos los dones, de la suma de todos esos talentos", explicó.
Y agregó: "La puesta en común de los bienes de cada uno hace que una comunidad refleje la riqueza del don de Dios".
Un desafío para la sociedad
En otro tramo de su homilía, monseñor Colombo extendió el llamado a la unidad al conjunto de la vida social y política.
"Un país alcanzado por la llamada a la unidad permite que a nadie le falte lo necesario para vivir y que no haya sectores que se impongan sobre otros", afirmó.
Aunque reconoció que este ideal puede parecer lejano, insistió en que responde al proyecto de Dios para la humanidad. "Podrá sonar ingenuo, quizá una ilusión o una utopía, pero es precisamente Dios quien nos convoca desde los orígenes de la historia a vivir en unidad", expresó.
Por ello, invitó a asumir los conflictos desde una actitud constructiva. "Estamos llamados a abrazar el conflicto y a asumirlo, a fin de superarlo y enriquecernos con las diferencias", sostuvo.
Al concluir su homilía, el arzobispo mendocino recordó que el Padre entrega a su Hijo para la salvación del mundo y que ambos envían al Espíritu Santo para sostener la misión de la Iglesia. Esa acción conjunta, afirmó, ofrece a la humanidad "una vida, y vida en abundancia".
Finalmente, exhortó a los fieles a dejarse transformar por el amor de Dios y a reproducirlo en sus relaciones cotidianas. "Celebremos este misterio de nuestra fe que nos conecta con el amor infinito de Dios, que sabe sumar, integrar, incluir e invitar. Para que nadie quede afuera", concluyó.

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