Mons. Cannavó invitó a señalar a Cristo con una vida guiada por el Espíritu

Mons. Cannavó invitó a señalar a Cristo con una vida guiada por el Espíritu

El obispo auxiliar porteño propuso a Juan el Bautista como modelo de humildad, testimonio y servicio, y animó a ser "otros Cristos" en el mundo.

En la homilía pronunciada durante la misa dominical, monseñor Pedro Cannavó, obispo auxiliar de Buenos Aires, centró su reflexión en la figura de san Juan Bautista, presentado como precursor, profeta y testigo fiel que prepara el camino para el encuentro con Dios.

Al meditar el Evangelio del día, el prelado destacó la vida austera y entregada de Juan, un hombre humilde y sencillo que eligió el desierto para hacerse "voz que grita", llamando a la conversión y a dejar el pecado para volver la mirada hacia Dios y su Reino. Subrayó que, a pesar de su vida sacrificada y de estar lejos de los centros urbanos, multitudes acudían a él desde pueblos y ciudades para recibir el bautismo.

Sin embargo, señaló monseñor Cannavó, Juan tenía una claridad fundamental: él no era el centro. Aun siendo buscado y seguido por muchos, supo señalar al verdaderamente importante cuando proclamó: "Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo".

El obispo porteño recordó que esta expresión, repetida por los fieles antes de comulgar, atraviesa generaciones y remite a Cristo Jesús, el Mesías, el Hijo de Dios que dio la vida por la humanidad. Destacó que Jesús cargó sobre sí las faltas y culpas de todos, revelando un Dios que ama hasta el extremo y es capaz de entregarse por cada persona.

En ese marco, advirtió sobre las imágenes distorsionadas de Dios que a veces predominan: un Dios duro, acusador o distante. Frente a ello, afirmó que el Evangelio revela un Dios de mirada amorosa, que fortalece, anima y abre caminos nuevos, invitando a una vida distinta.

Muestra el camino

Juan el Bautista, continuó, no sólo señala a Cristo, sino que muestra el camino que deben recorrer los creyentes: ser otros Cristos en medio del mundo. Recordó que Jesús pasó haciendo el bien, anunciando la Buena Noticia y presentando una forma nueva de vivir la fe, basada en la cercanía, la misericordia y el amor de un Dios Padre que acompaña en todas las circunstancias de la vida.

Monseñor Cannavó destacó también el testimonio de Juan cuando afirma que sobre Jesús reposa el Espíritu Santo. A partir de allí, recordó que ese mismo Espíritu permanece en cada bautizado, habita en lo profundo del corazón y sigue señalando el camino hacia Cristo.

Desde esa experiencia, animó a los fieles a ser personas del bien, del amor, del perdón y de la solidaridad, capaces de cargar con los dolores de los demás y de hacer más llevadera la vida de quienes sufren. Invitó además a vencer el egocentrismo y a no buscar ser el centro, sino a señalar a Dios, a la familia, a los más necesitados y a quienes han quedado al borde del camino.

En el tramo final de su homilía, el obispo reflexionó sobre el valor de las manos: manos que no acusen ni señalen pecados, sino que ayuden a levantar, acaricien, perdonen y se unan para rezar. Manos humildes que reconozcan la propia fragilidad y la necesidad de Dios.

Finalmente, monseñor Cannavó invitó a pedir la gracia de ser verdaderos testigos de Cristo en medio del mundo, dejando que el Espíritu Santo gobierne la vida personal y transforme también la realidad social, para anunciar auténticamente al Dios que libera.

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